un jugador de maduración tardía

Wawrinka, el tenista que nació en la época equivocada, reta ahora a Rafa Nadal

Ha coincidido con el español, Federer y Djokovic y, a pesar de eso, tiene tres grandes ganados en otras tantas finales conseguidas. Nunca ha logrado entrar entre los dos primeros del mundo

Foto: Wawrinka pega a la bola con el revés en la semifinal contra Murray. (Reuters)
Wawrinka pega a la bola con el revés en la semifinal contra Murray. (Reuters)

A veces la percepción de una carrera cambia radicalmente dependiendo de algo tan simple como la fecha de nacimiento. Andy Roddick, Lleyton Hewitt, Carlos Moyá, Juan Carlos Ferrero, Marat Safin o Yevgeny Kafelnikov fueron, todos, referentes en el deporte de su época. Llegaron a ser número 1 de la lista mundial, el equivalente más rápido del mejor jugador del planeta. Pero ninguno de ellos tiene en su historial tantos grandes como Stan Wawrinka, que ha ganado tres. El suizo, sin embargo, nunca ha visto a todos por encima del hombro. Es más, ni siquiera ha sido capaz de colarse entre los dos mejores jugadores del mundo. Si gana la final de Roland Garros no llegará al 1, pero sí al 2 por primera vez.

Es lo que pasa cuando en tu vida tienes que batallar contra Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. También, en menor medida, contra Andy Murray. No solo es que hablemos de un puñado de jugadores que han arrasado las tablas de récords del deporte mundial, que sí, es que además son hombres con una regularidad apabullante. Siempre ha habido un par de ellos brillando semana tras semana, que es la clave final para encaramarte a lo más alto de la lista mundial. Hay tiempos del tenis en los que con un poco se llegaba a lo más alto. No es, evidentemente, el que le ha tocado vivir a Wawrinka.

Claro que eso también le da más mérito. Stan Wawrinka tiene tres grandes en su carrera y, para darle más relevancia al tema, todos ellos diferentes. Solo le falta ganar Wimbledon. Lo ha hecho en un tiempo en el que había jugadores que parecían inmortales, pero no para él, que de momento tiene un historial perfecto en lo que finales de 'grand slam' se trata. Tres de tres, ganadas a Rafa Nadal (Australia 2014) y Novak Djokovic (Roland Garros 2015 y US Open 2016). Casi nada. Es cierto que la de Nadal tiene asterisco, pues el español tuvo problemas de espalda y no pudo jugar a su nivel. Pero en el deporte profesional estas cosas, simplemente, pasan. ¿Revancha de aquello? No para Nadal: "La revancha no es una buena mentalidad, ni forma de encarar nada. Cada partido es una historia diferente. La final de Australia él estaba jugando muy bien. Si no me llego a lesionar, no sé que hubiera pasado".

Podría parecer un dato más, pero cuando se pone en contexto asusta algo más. En la era open, que se remonta a 1968, solo otro jugador ha conseguido ganar sus tres primeras finales disputadas de 'grand slam'. Es Roger Federer que en su grandiosidad encadenó siete comparecencias con premio incluido. Se le rompió la racha, por supuesto, cuando un español se apuntó al circuito con ganas de ser un rebelde de la dictadura estética del suizo.

Rafa Nadal se enfrenta, por lo tanto, a un jugador enorme. La paradoja es que no siempre lo fue. Durante buena parte de su carrera, en el tiempo en el que la mayor parte de los tenistas tiene su punto más alto, Wawrinka no era más que un buen jugador. Capaz de meterse en cuartos y en semifinales de torneos importantes, presente con frecuencia entre los diez mejores del mundo, pero errático, no siempre presente en las quinielas. Su primer grande lo ganó con casi 29 años, una edad en la que muchos jugadores ya se habían retirado después de tener carreras gloriosas.

Edad avanzada para un ganador

El tenis, que ha cambiado. En los 90 hubiese sido inconcebible una final de treintañeros como la que verá este domingo París. O como la que tuvo hace unos meses el Abierto de Australia. No era posible, simplemente. Wawrinka es un año mayor de Nadal y, si gana, se convertirá en el tercer jugador de más edad en lograr vencer en París, solo superado por Andrés Gimeno y Ken Rosewall. Esto, en todo caso, es un proceso del que se ha hablado mucho. Ahora viajan mejor, se cuidan más y trabajan más. Hoy en día la palabra profesional tiene más sentido que nunca.

Pero no solo es cosa de su tiempo, también cambió Wawrinka. Hubo un momento en el que se empezó a tomar su carrera más en serio, bajó algo de peso y contrató a Magnus Norman, un exjugador —llegó a ser número 2, aunque nunca ganó un grande— clave para entender al suizo. Le metió en la cabeza que era mucho mejor de lo que pensaba. Le dijo que, si se lo creía, competiría contra los mejores y podría ganarlos. Hoy es otro jugador, uno capaz de decir antes de jugar contra Nadal una final de Roland Garros, el mayor reto del tenis, que "mentalmente" nadie le va a ganar. Desde que llegó el sueco a su vida entró por primera vez en el torneo de maestros y, desde ahí, se convirtió en una fuerza importante en los 'grand slam'. Era más una cuestión de creencia que de calidad, porque esto último no se duda en Wawrinka.

Solo hay que ver su revés a una mano, uno de los golpes de mayor estética del circuito mundial. Es, además, potentísimo, una cualidad que le suele faltar a ese golpe. Wawrinka limpia líneas y domina desde su lado débil, es capaz de mover al rival y empujarle al fondo de la pista. Es, en realidad, un golpe mejor que su derecha, aunque esta con el tiempo ha ido mejorando lo suficiente para considerarle un jugador muy completo. También es un gran sacador, aunque en tierra depende menos del servicio. La movilidad, que en otros tiempos fue un problema, ha ido mejorando con el tiempo. Sin unas piernas firmes no hubiese ganado tres torneos de 'grand slam'.

Moverle será la clave, y eso no es algo que Nadal —uno de los mejores tácticos que jamás ha cogido una raqueta— no sepa. "Es cierto, cuando le pega duro le pega realmente duro, pararle puede ser difícil. Pero no quiero jugar a su juego, tengo que hacer lo posible para ponerle en situaciones en las que no le pueda pegar tan fuerte", explica el español. Eso, obviamente, quiere decir que cuanto más le mueva y más le 'lifte', menos opciones tendrá Wawrinka de apartar a Nadal de su décimo grande.

En París, este domingo, habrá solo un favorito. Tiene que ser Nadal, el más exitoso de los jugadores en la historia de la tierra batida. Su récord en las finales parisinas es de 9-0, pero no debe olvidar que Wawrinka, que le espera al otro lado de la red, no sabe lo que se siente al perder una final. Y eso da confianza.

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