jugará la final de madrid contra dominic thiem

Nadal marca en la tierra el camino hacia el número 1

Ya se ha colocado esta semana en el primer puesto de la race, la clasificación mundial que solo toma en cuenta el año 2017. Las ausencias de Federer y el bajón de Djokovic y Murray le ayudan

Foto: Nadal celebra su victoria ante Djokovic. (EFE)
Nadal celebra su victoria ante Djokovic. (EFE)

Esta semana Rafael Nadal se ha encaramado a la primera posición de la 'race'. No suena a demasiado, es verdad, porque no deja de ser uno más de los muchos datos que ahora mismo bombardean al deporte mundial, tenis incluído. El caso es que el número dice poco, pero es realmente relevante, porque quiere decir que, en este 2017, está siendo el mejor jugador. Y eso es algo que, dicho hace unos meses, nadie hubiese planteado. Competitivo sí pero ¿daba también para ser regular? Pues, por lo visto, sí.

Antes de nada, un matiz. El jugador español ha rebasado en esta clasificación a Roger Federer y lo ha hecho no tanto porque su temporada sea mejor que la del suizo sino porque este ha declinado la opción de jugar en la gira de tierra. De eso se ha aprovechado Nadal que, en su ausencia, es el único jugador que está realmente respondiendo a las expectativas. Incluso por encima de ellas. A Djokovic y Murray se les espera, pero aún no están.

¿Qué es exactamente la Race? Pues la otra clasificación mundial, que no mide las 52 últimas semanas, como la lista más conocida, sino solo lo transcurrido desde el 1 de enero. A final de año, claro, ambos ránkings se igualan. Con el general se trazan los cabezas de serie de los torneos y es lo que mira la gente. Pero lo otro es el mejor síntoma del estado reciente. Y es esa la lista que ahora mismo encabeza Nadal. Lleva tres finales perdidas y dos ganadas. En Madrid jugará una más.

Lograr el título en Madrid le daría aún más ventaja en la Race y le llevaría a pensar en la posibilidad, por qué no, de volver a ser número 1. Algo que, con el 'boom' de Djokovic y Murray parecía ciertamente difícil. Le queda menos de un mes para cumplir 31 años y su perseverancia es asombrosa. Con todo lo que le ha pasado a Nadal, sus lesiones y sus muchos títulos, la mayoría ya habrían desistido de intentarlo. Total, él ya es historia, y no sería el primer deportista en marcharse cuando ve que sus aspiraciones ya no salen con la facilidad de otros tiempos.

No es el caso. Él siempre ha querido seguir trabajando su juego, pulimentando su tenis y siendo mejor. Ha habido momentos en los que ha sido imposible, el físico se resquebrajaba y lo primero que había que hacer era salvar el barco de las fugas de agua, no aspirar a ampliaciones de la cubierta. También hubo tiempos en los que había que recobrar la fuerza mental, que siempre fue designada como una de las fortalezas de Rafa Nadal. Tanto tute como tuvo le hizo ser huidizo y desconfiado, no creer en su increíble tenis. Pero eso, sin ayuda externa, también pasó a golpe de trabajo, trabajo y trabajo, que es la única doctrina que conoce el balear.

Dificultades y ventajas de Madrid

El caso es que ahora está como nunca, o como casi siempre, según se mire. La semana de Madrid es una de las más complicadas de su calendario. Llega con mucho cansancio, porque nunca renuncia a un torneo de tierra y, como suele ganar siempre, tiene una carga de trabajo brutal. La altura, que agota y le obliga cambiar el registro. También una mayor carga de presión, visitas de anunciantes, actos promocionales varios... Sí, es cierto, tiene el apoyo incondicional de la grada. Lo agradece mucho, todos los días de hecho. Pero eso también pone un poco más de carga emocional al torneo.

Es, de la gira de tierra, el campeonato que peor se le da. Aunque sea, después de Roland Garros, el que más ganas tiene. Lo ha ganado tres veces (cuatro si se le suma un título en Hamburgo, el predecesor), sonaría a risa poner un "solo", aunque en su caso tendría cierta lógica. Esa cifra es a más de lo que aspiran el resto de tenistas en un torneo de tierra, es una cifra casi imposible. Pero cuando has ganado diez veces en Barcelona, otras tantas en Montecarlo, siete en Roma y nueve en París pues bueno, parece poco.

Conseguir esta final es lograr el tercer título del año y aspirar a hacer a algo que nadie, ni siquiera el propio Nadal, ha logrado nunca: vencer todos los torneos de tierra de la primavera europea. En 2010 estuvo cerca, muy cerca. Ganó los tres masters 1.000 (Montecarlo, Roma y Madrid) además, por supuesto, de Roland Garros. Le faltó Barcelona que en aquella ocasión, extraña en él, no le tuvo presente en el cuadro. Estaba cansado y prefirió saltarse el evento de la Ciudad Condal, que es el más débil en cuanto a puntuación y economía de todos los que componen esta gira.

Es un reto más, uno menor, porque en realidad todo esto va de ganar Roland Garros. Sí, sí, los torneos previos están bien, son emocionantes, hacen felices a los que triunfan. Pero en un jugador como Nadal el foco siempre está en lo más grande. Sumar diez en París sería romper una vez más la baraja. Él no lo quiere decir, no se quiere dar como favorito aunque para todos es evidente que lo es. Djokovic, su última víctima, no pudo más que conceder eso cuando terminó el partido que les enfrentó. Si es que es tierra y está bien, la ecuación no es difícil.

Él abjura, y lo hace con una frase muy manida en su repertorio. "El único favorito es el que vaya a jugar mejor esas dos semanas. Llevo una buena línea y nada más. Lo único que importa es la final de mañana", explica el manacorí. Es mentira, una mentira piadosa. El favorito es el que llega antes del torneo visto como el más probable ganador. Lo que él cuenta no es el favorito, es el campeón. Y a estas alturas él lo sabe bien, pero no lo dice, porque siempre fue reservón en el futuro.

Tenis

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios