26 grandes en la central del torneo de madrid

El mejor Nadal quiere romper su dinámica contra el decadente Djokovic

El español ha perdido once de los últimos doce partidos contra el serbio, pero esta temporada las tornas parecen haber cambiado. El serbio llega más descansado tras no jugar en cuartos

Foto: Nadal celebra su victoria en cuartos de final. (Reuters)
Nadal celebra su victoria en cuartos de final. (Reuters)

"A todos nos llegan momentos mejores y peores". Rafael Nadal da una importancia relativa al reciente bajón de forma de Novak Djokovic. Él también sabe lo que es que no te salgan las cosas siendo una estrella del tenis mundial. Él ha caído y, después, se ha levantado. De aquello no hace tanto tiempo, sin ir más lejos este principio de temporada supone un subidón importante con respecto a las últimas semanas de 2016. El serbio no carbura, ha perdido la magia que sin duda tenía cuando comenzó el año pasado.

Pero tampoco hay engaño posible, sigue siendo el número 2 del mundo y está en semifinales de este torneo, un Masters 1.000. Es decir, Novak Djokovic, en una mala racha, ha llegado al nivel que el 95% de los jugadores de la historias querrían conseguir al menos una vez en su vida. El abismo está ahí, entre los que hacen historia en el tenis y los que solo pueden vivir de este deporte. Estos últimos, por cierto, ya son unos elegidos, pues el común de los mortales no podría hacer lo mismo. ​

Pero la lógica invita a pensar que no se puede poner el mismo patrón a todos los seres humanos. No es la misma exigencia la que tienen Nadal o Djokovic, dos de los jugadores más completos y fluidos de la historia, que el resto del circuito, gente con algunas cualidades pero que no pueden compararse con la élite. Cuando los dos tenistas citados juegan bien hacen que este deporte sea mejor. Mucho mejor incluso. Y ahora se ven en las semifinales del torneo de Madrid.

Se juntarán 26 torneos de Grand Slam en la pista Manolo Santana de la Caja Mágica. Dos de los más grandes tenistas de siempre frente a frente. Una vez más. Este es el partido más repetido de la historia. Llevan una década enfrentándose con una frecuencia inusitada. Nunca, ni siquiera el mítico Nadal-Federer, un partido se repitió tanto. La cifra total, 49 enfrentamientos.

La ventaja es del serbio, que se ha aprovechado de dos años un poco más bajos de Nadal para no solo dar la vuelta al cruce, sino ponerse cómodamente por encima. 26 victorias, tres más de las que ha sumado Rafa. La racha es durísima para Nadal, que ha perdido los siete partidos más recientes y 11 de los 12 duelos. En este periplo Nadal ha tenido problemas físicos, pero también anímicos. En momentos en los que no ha jugado mal se ha visto en problema para derrotar a las 10 mejores raquetas del mundo, ni que decir tiene que el problema se acuciaba aún más cuando Djokovic estaba delante.

De todas esas derrotas hay una que destaca especialmente. Año 2015, Roland Garros, cuartos de final. El serbio trenza uno de los mejores partidos de su vida. Hasta el punto de dejar a Nadal sin ganar un solo set en el partido. ¿Cuántas veces más le ha sucedido eso al español? Ninguna, por supuesto. Si se tiene en cuenta que solo ha perdido dos partidos en su carrera en las pistas de tierra parisinas... y sola esa vez se fue sin conseguir un parcial. El último, además, concluyó con un contundente 6-1.

La mala racha

En su momento, y porque el mundo funciona así, parecía el cambio de guardia definitivo. El ocaso de la carrera de Nadal y el camino imparable al estrellato de quien, hasta ese instante, no dejaba de ser un aspirante al trono. Ciertamente, los siguientes 18 meses parecieron casar con esa idea. Muchas victorias del serbio, escasísimas del español. Moral por las nubes de Djokovic, lesiones y desconfianza de Nadal. Y así durante un periodo que los aficionados del balear vivieron como un suplicio.

Hoy las tornas parecen haber cambiado. Nadal se encuentra comodísimo con su juego, dirigiendo las pelotas donde quiere y con una confianza en la pista que en los últimos años le era esquiva. Su movimiento, que siempre fue excelente, parece más fino que nunca. Hay que ver al español corriendo hacia atrás con la misma agilidad que otros lo hace hacia adelante.

Viene de ganar en Barcelona y Montecarlo, de llegar a tres finales en la gira de cementos. Es, en todas las mediciones, el segundo mejor jugador del circuito en estos cinco primeros meses del año. Djokovic no, sus cifras no brillan y, por el momento, solo ha conseguido alcanzar -y ganar- la final de Doha, el primer torneo de la temporada en el que la competencia no era especialmente feroz.

Las carreras de Nadal y Djokovic se alejan y se acercan con frecuencia. Ahora mismo el español, que tiene un año más que el serbio aunque en la memoria colectiva parezca mucho más, está por encima. O lo parece. Y la mayor parte de los condicionantes apuntan a su favor. Es tierra y juega en casa. Aunque Madrid tiene un mal recuerdo para él en este duelo. Nadal llevaba nueve victorias consecutivas sobre la arcilla hasta que esa tendencia se rompió en el Madrid Open de 2011. La altura de la capital ayuda a los golpes del serbio, siempre más planos y ofensivos. Además, no tuvo que jugar en cuartos de final porque su rival, Nishikori, se retiró.

La tierra es lugar para Nadal, que tiene el enfrentamiento con Djokovic en esta superficie en un contundente 14-7 a favor. Los golpes del español están forjados para este terreno. En el derbi y en su momento de forma tiene la iniciativa. Pero nunca se olvide que en el otro lado de la red habrá un coloso. Y los más grandes nunca se conforman.

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