le arrasó por 6-1 y 6-1

Nadal empuja a los rivales como Zverev a terminar reventando su raqueta

El joven alemán, uno de los más prometedores jugadores del circuito, pagó su frustración con su arma de trabajo. Jugar contra el español al tenis es una experiencia difícil de digerir

Foto: Rafa Nadal, en su partido contra Zverev. (EFE)
Rafa Nadal, en su partido contra Zverev. (EFE)

Las dudas se disipan con un solo partido en el que todo va rodado. A estas alturas de la vida ya es por todos conocido que nunca hubo uno como Nadal sobre la tierra batida. Ahí está el historial, también las sensaciones, las mejores que un tenista dejó nunca sobre esta superficie. Siempre que se juega sobre arena hay un favorito, que es español y tiene 14 grandes, y una multitud de aspirantes que puede ganarle, pero jamás jugar como él.

Alexander Zverev es la próxima gran historia del tenis. En enero, en el Abierto de Australia, puso a Nadal contra las cuerdas, un partido tremendo en el que los dos jugadores se dedicaron a dar una clase de tenis acelerada. El español se salvó -terminó en la final- por ese gen Houdini que tiene, el que le hace el escapista por antonomasia. En la memoria quedó, eso sí, que el jovencito alemán no iba a ser en el futuro un rival fácil de batir.

Claro, que en aquella ecuación no estaba incluido el concepto tierra. Cuando entró en escena, en Montecarlo, las cosas cambiaron de una manera apabullante. Entre que el chico aún no se ha hecho a las singularidades del terreno y se encontraba delante con el gran maestro del tema la diferencia fue brutal, como si de un profesional y un amateur se tratase.

No hubo color y el 6-1, 6-1 es solo un reflejo más de la distancia que se vio sobre la coqueta central del centro del tenis del principado. Tan llamativo como el resultado fue el momento en el que Zverev, desesesperado, reventó una raqueta a golpetazos. Quedó el mango amputado como si por la fibra de carbono hubiese pasado una radial. Es un jugador joven y aún tiene que coger bien los códigos de este deporte, en el que romper la raqueta es un delito casi inigualable según los puristas. La rabia le consumó, demasiadas preguntas sin respuestas para un jugador que tiene una facilidad tremenda para el tenis.

Nadal nunca rompió una raqueta. No tanto porque no hubiese frustración, aunque en él hubo poca, porque era un ganador adolescente. Su caso era un poco diferente, su tío Toni le educó desde su infancia sobre ese particular, que ni se le ocurriese pagar con el instrumento de trabajo su rabia. Así, a lo largo de su carrera, ha conseguido que siempre llegasen sus raquetas salas y salvas después de los partidos, buenos, malos o mediopensionistas.

En sentido contrario

Es muy complicado jugar contra Nadal en tierra, por más que se repita no deja de ser verdad. Es un problema de alturas, de la capacidad que tiene de poner a botar hasta el cielo la pelota como si en lugar de tenis fuese de ping-pong. Si alguien intenta emular la derecha de Nadal, esa tan heterodoxa que termina rematando con la raqueta por encima de la cabeza, es posible que a los pocos golpes tenga problemas en el codo y en el hombro.

Así de forzado es, y así de efectivo, porque nunca antes se pudo ver una pelota que cogiese esos efectos endiablados, nadie más que él logró que la arcilla del suelo escupiese sus envíos para hacerlos casi verticales, oscasionando así un problema brutal en los rivales ¿cómo se ataca una pelota que te acecha por encima de la cabeza aunque seas, como en el caso de Zverev, realmente alto?

Todo esto sin contar con que Nadal es zurdo. Es decir, ese balín revolucionado encima lo hace en el sentido contrario a lo habitual. Igual para jugar en una liga local no se nota tanto, pero cuando los que están en cancha son profesionales acostumbrados a tener en la cuenta decenas de millones de euros por el simple hecho de jugar al tenis, el diablo está en los detalles, en una bola altísima que circula en sentido contrario como un kamikaze en la carretera.

Las dudas del primer día se marcharon tan rápido como terminó el partido contra Zvererv. El juego de Nadal sigue siendo óptimo bajo el sol de Montecarlo. Lo ha ganado nueve veces ¿cómo no va a ser el favorito?

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