el español sufre en su debut en montecarlo

Edmund no gana a Nadal, pero enseña el camino para hacerlo

El británico, después de un catastrófico primer set, se mostró agresivo y con la derecha bien afinada, cortado los puntos y subiendo a la red. Todo lo posible para no dejar a Rafa hacer su juego

Foto: Nadal saluda a Edmund al final del partido. (Reuters)
Nadal saluda a Edmund al final del partido. (Reuters)

Fue un partido extraño aquel de Australia entre Zverev (el hermano mayor, el menos bueno de los dos, el joven jugará en la siguiente ronda contra Nadal) y Murray. El alemán, ya con años en sus espaldas, atacaba todos y cada uno de los golpes del número 1 del mundo, un suicidio en cada golpe, intentando buscar las cosquillas del oponente. Lo consiguió, le dio su tenis para apear del cuadro a quien era uno de los máximos favoritos. Murray salía de la pista confundido, lo que le acababa de pasar era anómalo: ya nadie juega así en el circuito. Se había encontrado una rareza, pero era una calculada, Zverev sabía que para ganar no podía jugar a lo de siempre.

Eso mismo le pasó a Kyle Edmund en Montecarlo. Al menos después de perder por 6-0 en el primer set, que es el momento en el que conectó su tenis y empezó a jugar bien, tan bien que tuvo contra las cuerdas a Nadal. El español, vestido color nazareno como su rival, se zafó, porque no existen en el mundo muchos jugadores que compitan tan bien en este deporte como él, pero por el camino mostró debilidades, algunas dudas tenísticas cuando el rival le plantea un partido al que no está acostumbrado, uno suicida, como fue durante ratos del partido el británico.

Lo primero que hay que saber es que, en un partido como este, hay un zorro y un cordero. El 90% (estimación generosa) de los jugadores del circuito entran a la pista con Nadal sabiendo que su destino es, casi inexorablemente, la derrota. Intentarán jugar lo mejor posible, hacer todo lo que tengan en su mano para evitar lo inevitable, pero la normalidad es la derrota. Algunos solo tratan de jugar en sus coordenadas lo mejor posible, otros no, van un poco más allá y piensan en los modos en los que pueden hacer daño a Nadal.

Eso es lo que buscó Edmund, un jugador irrelevante por lo demás, pero con algunos golpes certeros y duros que pueden funcionar. Él pensó, no sin razón, que su tenis no aguantaría el ritmo de Nadal, lento, trabajado, buscando que los puntos se alarguen hasta la extenuación. Al tenis se juega también con las piernas y en esos ritmos de peloteos largos el inglés no tiene la colocación suficiente para poder competir. La solución es obvia, acortar al máximo los puntos, buscar las líneas y no temer el error, porque no fallar no asegura nada en este caso.

Subir a la red, pegarle duro

A eso se puso desde el segundo set Edmund, con una muy buena derecha, el arma que le ha convertido en un profesional de este deporte y no en un jugador de club social. Además, tiene una ventaja que muchos otros no conocen, no solo tiene potencia, también sabe dirigir bien la bola y no le importa pegar cruzada o paralela. Es, por lo tanto, un golpe ganador y difícil de descifrar. A eso le sumaba un buen uso del revés, no tan duro pero sí bastante efectivo para mantenerse en la pista y no perder velocidad en el peloteo.

Hizo, incluso, excursiones casi constantes a la red tratando que los peloteos se cerrasen en ese espacio corto de la cancha. Los jugadores de hoy en día solo están cómodos en el fondo de la pista, porque es el lugar donde los reflejos cuentan menos y hay tiempo para enmendarse. El tenis ha evolucionado para dejar casi sin uso el terreno junto a la red, pero algunos jugadores recuerdan que no hay norma que lo haya prohibido y que moverse por el alambre, especialmente contra jugadores con los que nada se tiene que perder, puede ser la solución adecuada.

Todo esto en tierra batida, un entorno hostil para los pegadores como Edmund. Muchos jugadores de ese estilo son incapaces de jugar en la superficie lenta, porque los botes nunca les son propicios. La pelota pierde fuerza cuando besa el suelo y quedan a merced de los jugadores que, como Nadal, conocen mejor las artes de la defensa. Algunos, muchos, renuncian a su juego pensando que la pista tiene que dictar el ritmo de la tarde. Ese fue, precisamente, el mejor gesto de Edmund, no renunciar a lo que es e intentar presionar con cada golpe. Sale bien solo si entran, pero es que si no se intenta es casi imposible ganar a Nadal. Porque se intenta batir al mejor de siempre en ese tenis con sus mismas armas. Suerte con ello.

Edmund lo intentó sin suerte, pero por el camino le enseñó al resto cuáles son las maneras de atacar a Nadal. Logró ser el primer jugador en arrebatarle un set en la primera ronda de Montecarlo, un dato apabullante que queda más duro aún si se tiene en cuenta que el español ha ganado este torneo nueve veces. No es sencillo en todo caso, en la estrategia del inglés se necesita un acierto por encima de la media, algo que tiene que ver con el tino, pero también con la suerte, y esa no siempre aparece a favor de uno en el momento preciso. La técnica es compleja y a Edmund no le dio para ganar, pero es probablemente la única en la que se puede hacer sufrir a Nadal. Hubo ratos del partido en la que estuvo a la merced de su rival, incluso le rompió en el tercer set empujándole a lo que ya parecía una sorpresa enorme. No pasó, pero ese es el camino.

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