nunca ha ganado el torneo en cayo vizcaíno

Nadal y Miami: una historia de amor, odio y, por supuesto, Roger Federer

El español, que está de nuevo en semifinales del torneo de Florida, ganó al suizo en esa pista en la primera vez que se encontraron, cuando solo tenía 17 años

Foto: Federer y Nadal, en 2005, en su primera final en Miami. (imago)
Federer y Nadal, en 2005, en su primera final en Miami. (imago)

Cuando llega a Cayo Vizcaíno las olas del Océano Atlántico le llevan a Rafa Nadal sensaciones confusas. En Miami hay uno de los grandes torneos de la temporada. De los Masters 1.000 quizá el más grande. Dura diez días, más que el resto, y es un punto central en la primavera tenística. Allí tuvo la gloria en la mano, pero nunca lo ganó. Sabe lo que es una final, pero siempre se quedó a escuchar el discurso con el que otro jugador celebraba la victoria. Allí conoció a Roger Federer. Allí le volverá a ver este domingo.

Es una de las relaciones más longevas del deporte mundial. Está glosada tantas veces que ya parece hasta repetitiva. Hay incluso un libro que se centra en los dos, en sus duelos. Es un enfrentamiento de juventud, de plenitud y, según se vio en Australia, también de madurez. Un cruce fantástico en el que dos jugadores que son historia viva del deporte intercambiaron cientos de golpes, siempre con deportividad, con una pública admiración por el contrincante.

Los Federer y Nadal son una rivalidad de guante de terciopelo y aunque la memoria te lleve automáticamente al césped de Wimbledon o la arena de Roland Garros, lo cierto es que el escenario primigenio fue la pista central de Miami. Es el mes de marzo del año 2004, Rafael Nadal aún no ha cumplido los 18. No ha ganado ningún torneo en ATP, aunque los conocedores del circuito empiezan a decir que ahí hay madera de campeón. Nadie duda que de eso también hay en Federer. Nunca se duda de alguien que viene de ganar Wimbledon, el Abierto de Australia y la Copa de Maestros. Una semana antes también se impone en Indian Wells. Es número 1 del mundo y las cábalas empiezan a vaticinar los récords que tiene por delante para batir. Se busca rival a la altura, pero de momento no ha llegado. Federer es el tenis, Nadal un aprendiz.

El español, después de algunas victorias recientes, entra como cabeza de serie número 32. Federer, por supuesto, es el primero. El cuadro les ha colocado por el mismo lado en tercera ronda. Pista dura, territorio Roger. Nada de eso. El niño, que aún no es nadie, somete a la superestrella por un doble 6-3. No solo gana, es que gana bien, muy sobrado. Federer no ha tenido su mejor día, pero incluso en sus tardes malas está acostumbrado a ganar. Algo tiene ese Nadal de melena al viento y camiseta roja.

"Estoy muy feliz, porque jugué uno de los mejores partidos de mi vida. Él no actuó al máximo nivel y por esa razón pude vencerle, si hubiese jugado como acostumbra no hubiera tenido opción", explicaba Rafa, después de la gesta. Y los que estaban por llegar. "He oído hablar mucho de él y he visto algunos de sus partidos. Para mí no es ninguna sorpresa", contestaba Federer tras la derrota. Después de oír hablar le tocó sufrirle estoicamente durante toda una década.

Nadal, tras su última victoria. (EFE)
Nadal, tras su última victoria. (EFE)

La primera gran final de Nadal

Un grito para el mundo, aquí se empieza a fraguar algo. Federer sigue siendo el mejor, en esa misma temporada vuelve a ganar Wimbledon, también se impone en el US Open. Es imparable, una máquina de ganar y de nuevo está en Miami. Nadal ha crecido, ha ganado dos torneos recientes, ya no es solo una promesa, pero aún le queda mucho. Está jugando bien y va por el lado opuesto del cuadro de Federer.

Se encuentran de nuevo, esta vez en la final. En todo el año no se habían vuelto a cruzar y la casualidad hace que sea en el mismo lugar, solo que unas rondas más adelante. Federer sigue siendo el favorito, siempre lo es, pero en el recuerdo aún está el buen papel de Nadal en Miami. Alerta, que además es una final.

Ahí ganó la experiencia. El español logró los dos primeros sets, por aquel entonces la final era a cinco, y se puso 4-1 en el tercero. Lo tenía en la mano, podía ganar lo que en ese momento iba a ser el mayor torneo de su carrera. Pero no lo hizo, el suizo se recompuso, sacó su clase y terminó dándole la vuelta a la tortilla. "Por algo lleva 18 finales sin perder", argumentaba después el español. "Es un gran tenista", concedía el suizo que, por aquel entonces, jugaba casi en otra dimensión con respecto al resto de mortales.

Es una de esas derrotas que saben a victoria. Nadal demostraba con esa tarde en Miami que iba a ser más importante aún de lo que muchos pensaban. Había nacido una estrella que pocas semanas después se anotaría su primer grande en Roland Garros. La historia de los inicios de Nadal en Miami son fantásticos. Los años posteriores... no tanto.

Ha disputado cuatro veces el último partido, pero su aventura siempre terminó en frustración y derrota. Dos veces Djokovic, la ya comentada de Federer y una más contra Davydenko. Ahora, contra Fognini en semifinales, busca su enésima revancha con el torneo. Son solo dos partidos más para quitarse esa pequeña mácula del historial. Claro que el último puede que sea, como no, contra Roger Federer. Porque la vida es un bucle

El historial de Nadal es uno de los más lujosos de la historia del deporte. Tiene temporadas de dominación absoluta, ha ganado los cuatro grandes, el oro olímpico, la Davis, pero el idilio con Miami se cortó después de aquellos escarceos contra Federer. De todos los Masters 1.000 solo hay dos en los que no haya logrado la victoria, este y París, que por ser el último suele ser el que menos atención suscita en todo el calendario. Esta puede ser la última vuelta de tuerca.

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