ganó a verdasco en segunda ronda

Rafa Nadal y la felicidad de estar en su segunda casa en el mejor momento

El tenista balear dice que en Indian Wells pasa sus dos mejores semanas de la temporada. Ha ganado tres veces y, a pesar de tener un cuadro difícil, el español parece más relajado que nunca

Foto: Nadal, en Indian Wells. (EFE)
Nadal, en Indian Wells. (EFE)

Rafa Nadal se siente muy cómodo en Indian Wells. Es uno de sus torneos favoritos, de siempre. Esta semana decía incluso que son sus dos semanas preferidas del año. No debe de estar muy distante de eso, pues aunque no sea tierra batida, el entorno natural de Nadal, en las pistas del sur de California el balear se siente como si estuviese en casa. Tres títulos de individuales y dos en dobles. No suele jugar en pareja, ni él ni ninguna de las otras estrellas del circuito, pero Rafa con Indian Wells hace una excepción. Este año ha jugado, sorprendentemente, con Bernard Tomic. Y es curioso, del mismo modo que Nadal adora este torneo, las hermanas Williams siempre se han mostrado muy contrarias a él por diversas polémicas del pasado. La próxima cita del balear será frente a su gran rival: Roger Federer.

Lo hace, pero tampoco necesita verbalizar su alegría. En el último partido de dobles ocurrió algo que se encuadra muy difícilmente con el comportamiento habitual de Nadal, siempre tan profesional, siempre tan serio. En medio de un punto la bola del rival terminó en un 'smash'. Imposible para Rafa, la bala amarilla viajaba varios metros por encima de su cabeza. Él, en lugar de aceptar sin más lo que había, lanzó la raqueta al aire a ver si podía darle. Sin ninguna intención de hacer punto, era absolutamente imposible, tampoco de molestar a nadie. Lo hizo solo por el hecho de jugar un rato, de hacer una broma. Eso es muy poco propio de Nadal.

Es el aire de Coachella, festivo, se siente cómodo. Además, esta temporada todo parece ir de cara. Y eso que no ha ganado ningún torneo en todo el año. No es esto grave, cualquier aficionado al tenis, mucho más un profesional, sabe que en este deporte lo normal es convivir con la derrota. Son muchos los torneos y escasísimas las victorias totales, incluso para los que, como Nadal, tienen un historial sensacional.

El duro cuadro, lo único negativo

La cara de relajación que muestra en el desierto replica lo que se ha visto en las últimas semanas. Quizá un poco más por aquello de estar en un lugar en el que la vida le sonríe. Pero en todo esto hay un componente más, importante también, y es que Nadal está viendo que los cambios que le ha dado a su vida funcionan. Solo hay que ver el partido contra Fernando Verdasco, a quien ganó en la segunda ronda de Indian Wells.

Tiene la derecha dominante de su mejor versión. Manda en el punto desde el fondo de la pista y tiene las piernas ágiles como no se le habían visto en los dos últimos años. Llega al cemento después de haber probado ya en Acapulco. Y antes de eso tuvo una muy exitosa gira por Australia. Tiene aún que pulir detalles, pero la base de todo está ahí. Parece algo más delgado pero, sobre todo, está mucho más convencido de lo que ocurre a su alrededor. Y de los pasos que tiene que dar para recomponer su juego.

Todo alegría y felicidad. Todo salvo una pequeña cosa, y es que el cuadro de Indian Wells es uno de los más complicados que se recuerda en un torneo. Una piscina llena de tiburones por el lado de Rafa. "Para ser honesto, hubiese preferido el otro lado", anuncia sin pensarlo demasiado. Verdasco, que no es manco, en segunda. Y después, casi todos los grandes nombres del tenis mundial se pueden cruzar en su camino.

Será en casi todos los casos favorito. Porque está con las piernas sueltas y el tenis afilado. Porque las pistas de Indian Wells, que están sin duda entre las más bonitas del circuito, le suenan como en casa. También las gradas, siempre tan solícitas. Hay canchas más dadas a Federer, por la elegancia natural y otras que recompensan la fuerza personal y el aspecto -que no el espíritu- rebelde del que goza Rafa Nadal. En California son más del español, una sintonía de carácter que no encuentra, por ejemplo en París. Por más que en París haya ganado más veces, si algún día tiene que jubilarse lejos de Mallorca es probable que Indian Wells sea el destino.

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