El tenis se mueve: la revolución silenciosa llamada Tiebreak Tens

Se trata de un cara a cara en el que la victoria se alcanza venciendo con un margen de al menos dos puntos de diferencia con un mínimo de 10 intercambios ganados

Foto: María Sharapova participará en el Tiebreak Tens que se celebrará en la Caja Mágica (EFE)
María Sharapova participará en el Tiebreak Tens que se celebrará en la Caja Mágica (EFE)

Combinar el espectáculo con la rapidez del producto. En una época de consumo audiovisual, de inmediatez, la carrera contra el tiempo sigue tomando cuerpo. Y el enésimo ejemplo en el tenis, un deporte de paso lento y estrategia marcada, ya tiene cara y ojos. El próximo 4 de mayo España asistirá por primera vez a la celebración de un torneo Tiebreak Tens en el Estadio Manolo Santana, pista central de la Caja Mágica que acogerá durante la segunda semana de mayo el Mutua Madrid Open, uno de los eventos punteros del ATP World Tour.

El formato, que ya se ha experimentado previamente en Viena y Londres, es simple: sin mayores cambios normativos, los partidos quedan reducidos a la disputa de un supertiebreak. Es decir, un cara a cara en el que la victoria se alcanza venciendo con un margen de al menos dos puntos de diferencia con un mínimo de 10 intercambios ganados. Esto es, celeridad, ritmo frenético y un margen de error mínimo. Se potencia la frialdad del jugador, la ejecución directa y la decisión para terminar los puntos.

En un acto donde ya han asegurado presencia figuras de la talla de María Sharapova, ex número 1 mundial y campeona de cinco grandes, Kei Nishikori, actual número 5 ATP, y Feliciano López, uno de los jugadores bandera de La Armada, un total de 16 tenistas (ocho en la modalidad masculina y ocho en la especialidad femenina) se lanzarán en la Caja Mágica a competir bajo un formato novedoso, muy alejado de las grandes batallas físicas que protagonizan semana a semana en el circuito profesional. Con la opción de ganar una cuantiosa suma en metálico (200.000$ se embolsa el ganador, similar a pisar las semifinales en un Masters 1000) y contribuir en una causa benéfica (100.000$ irán destinados a ONGs seleccionadas entre organización y jugadores), los participantes comenzarán en los cuartos de final y necesitarán ganar tres desempates para hacerse con el premio.

Imagen panorámica de la Caja Mágica (EFE)
Imagen panorámica de la Caja Mágica (EFE)

El evento, que asegura el cierre del show en un puñado de minutos, es una vuelta de tuerca experimental en una dinámica creciente en el tenis: reducir el tiempo total de acción del juego, un deporte donde los partidos a cinco sets han quedado relegados a una realidad puntual en el calendario. Tras erradicar el formato de las finales en los ahora conocidos como Masters 1000 (paso atrás en todos los torneos desde la temporada 2007), apenas los Grand Slam (ocho semanas en una temporada de 11 meses), la final masculina individual de los Juegos Olímpicos (un partido dentro un torneo que se disputa cada cuatro años) y la Copa Davis (cuyo formato anual está cada vez más cuestionado) mantienen la apuesta por las batallas de desgaste extremo.

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Es, en definitiva, un paso más allá del ya dado en tiempos recientes por el conocido como Fast4 Tennis, una especialidad planteada por el momento a modo de exhibición donde la celeridad del juego se incentiva con varias novedades normativas. Entre ellas, y como puntos más destacables, la ausencia del let (si la pelota toca la red en un servicio pero cae en el cuadro de saque, no hace falta repetir el punto) o la disputa de mangas a cuatro juegos (en lugar de los seis habituales).

En la imagen, Feliciano López (EFE)
En la imagen, Feliciano López (EFE)

Este proyecto es, en definitiva, un gesto adicional en una dirección donde cada vez se apilan más ejemplos. Hasta una competición tan tradicional y reacia a grandes cambios como la Copa Davis ha movido ficha en este sentido, introduciendo desde la temporada 2016 el tiebreak en el quinto set de sus eliminatorias (algo que han ido adaptando todos los Grand Slams a excepción de Wimbledon, el súmmum del clasicismo en el deporte blanco).

El debate que se genera es evidente: ¿los grandes partidos lo son por llevar a los jugadores al límite? ¿Serían lo mismo las rivalidades sin encuentros con grandes altibajos bajo presión y larga exposición ante el rival? ¿No son los duelos que alcanzan las cinco horas los que rompen récords de audiencia, aunque también alguna programación? ¿Terminará imponiéndose un deporte de márgenes recortados y más atractivos para las programaciones de la televisiones?

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