Roger
Federer, acabará el año como número tres,
conquistó en Londres su sexta Copa de Maestros al batir en la final a Jo-Wilfried Tsonga por 6-3, 6-7 (6) y 6-3 en casi dos horas y media. El suizo se hizo con su título número 70 en la final cien de su carrera y ya es el jugador que más veces ha ganado la Copa de Maestros por delante del checo Ivan Lenld y el estadounidense Pete Sampras, ambos cinco veces campeones. Con esta final, el suizo firma una racha de diecisiete victorias consecutivas, una marca que no alcanzaba desde 2009.
Federer desaprovechó una bola de partido en el segundo set y volvió a sufrir en el tercero ante el número uno de Francia igual que en el primer partido del campeonato. A pesar de las dificultades,
el helvético mostró en algunos tramos la mejor versión de sí mismo y puso en pie a las casi 20.000 personas que llenaban las gradas del O2 Arena londinense al devolver algunos golpes que parecían inalcanzables. Al contrario que tenistas como Novak Djokovic o Rafa Nadal que han acusado en Londres el cansancio acumulado durante el año, Federer ha afrontado el tramo final de la temporada en un estado de forma notable.
El suizo saltó esta tarde a la pista azul de Londres con
la etiqueta de favorito asignada. Con su sobrada experiencia en partidos clave, el número tres se mostraba sereno sobre la pista de Londres y avasallaba a su rival con golpes certeros en los primeros compases del encuentro pero sufría al resto ante un
Tsonga que atacaba con la versión más afinada de su potente servicio. A pesar de su buen inicio, a Federer pareció sorprenderle el aplomo del francés, comenzó a mostrarse impreciso en algunos golpes y requirió más tiempo del esperado para defender sus servicios en el primer tramo del duelo.
Federer tropieza en el segundo set y se rehace en el tercero
Tsonga dejó a su rival en blanco en el cuarto juego con una serie de primeros servicios inapelables y puso en jaque la iniciativa del suizo con mucha autoridad. En el que parecía su peor momento, el suizo sacó a relucir su experiencia y su dominio del juego devolviendo varias bolas que parecían inalcanzables para romper el servicio de Tsonga y poner en pie al público del pabellón londinense. Federer acababa de anotarse la primera batalla psicológica con un golpe de autoridad que fue más letal para Tsonga que cualquier tiro ajustado a la línea.
El suizo avanzaba en este punto hacia la victoria a pesar de que Tsonga hacía lo imposible para contener sus ataques y no dio su brazo a torcer hasta el desempate del segundo parcial, una lotería en la que la fortuna no estuvo del lado de Federer que desaprovechó una bola de partido al resto. El en set definitivo reinó la prudencia: ninguno de los dos se atrevía a arriesgar ante la posibilidad de que una desventaja en el marcador fuera definitiva como, finalmente, sucedió en el penúltimo juego cuando Federer se impuso de nuevo al resto y sentenció la final a su favor.