LA MUERTE DE VIDAL, UN AVISO A NAVEGANTES

El peligro del triatlón: "Gastar 3.000€ en una bici pero no 90 en una prueba de esfuerzo"

Omar González, entrenador de triatletas como Javi Gómez Noya, espera que la muerte del francés Laurent Vidal ayude a prevenir otras pérdidas ante el 'boom' de atletas populares
Foto: Laurent Vidal, triatleta fallecido este martes.
Laurent Vidal, triatleta fallecido este martes.

Tenía 31 años, era un tipo “limpio, con hábitos buenos y saludables. Tal vez, si no llega a ser por el deporte, su problema de corazón le hubiera dado el susto antes”. Omar González, entrenador de triatletas como Javi Gómez Noya, no encuentra una explicación a la muerte -a principios de noviembre de 2015- por un paro cardíaco del internacional francés Laurent Vidal, aunque espera que este suceso ayude a prevenir otras y no precisamente de atletas de élite, sino entre la población que se apunta “a carreras en las que pone al límite su cuerpo durante una, dos o más horas… se compran bicicletas de 3.000 euros y no se gastan 90 en una prueba de esfuerzo”.

[Gómez Noya no acudirá a los Juegos de Río]

Lamentablemente, la advertencia de Omar viene no sólo tras el fallecimiento del que finalizara quinto en los últimos Juegos Olímpicos, si no por la pérdida de un atleta popular en la Behobia-San Sebastián, donde terminaron otros cuatro participantes en la UCI. “Precisamente entre los atletas de élite es donde hay más probabilidades de que no ocurran accidentes como el de Vidal porque, mínimo una vez al año, hay controles médicos, análisis clínicos y pruebas de esfuerzo para saber que todos los parámetros son los correctos. El riesgo existe en la moda de los triatlones, iron man, trails, maratones en el desierto, el Polo Norte... donde el cuerpo se somete a 160-180 pulsaciones sin saber con seguridad si se está preparado para ello”. Ahí es donde el peligro puede aparecer.

Omar González estuvo junto a Gómez Noya durante el ciclo olímpico de Londres 2012 y ahora entrena a Fernando Alarza (quinto del mundo), además de otros jóvenes en el Centro de Tecnificación de Pontevedra. “En cierta manera nos sentimos un poco responsables de este tipo de deportes populares porque somos su referencia. Debemos concienciar a la gente porque se fijan en las zapatillas o se compran una bicicleta de 3.000 euros y no son capaces de gastarse 90 euros en una prueba de esfuerzo. Hay que concienciar a todos los deportistas para que pasen la 'ITV' y que sepan contestar con seguridad a lo siguiente: ¿estoy preparado para esto?”.

Un problema controlado, no es un problema

Omar, al contrario de lo que ocurre en España, vería con buenos ojos que para participar en una prueba tan exigente debería pedirse un reconocimiento médico o similar, algo parecido a lo que sucede en Francia. “De esta manera se pueden ver anomalías” y trabajar para controlar las posibles irregularidades. “Lo importante es que cualquier tipo de problema esté diagnosticado y estabilizado. Lo malo es cuando tal problema no se ve ni identifica”. La tecnología de hoy en día permite al corredor popular medir sus esfuerzos para no superar ningún límite.

Gómez Noya, por ejemplo, sabe desde 2005 que sufre una valvulopatía aórtica congénita y el CSD le llegó a considerar "no apto para la competición de máximo nivel" en un primer momento, aunque en 2006 le volvió a otorgar la licencia de la que fue desposeído. Desde entonces, su control médico es exhaustivo y antes de cada prueba -pese a su corazón- compite con la seguridad de que no le ocurrirá nada. En cambio, Pilar Hidalgo, quien fue campeona del mundo sub 23 en 2002, abandonó el triatlón en 2009 al terminar una prueba con 280 pulsaciones.

En el día a día de González el control médico es algo que ni si quiera se plantea ya que incluso con “los jóvenes a los que se les concede una beca para entrar en el Centro de Tecnificación, entre 14 y 18 años, deben recibir lo primero de todo la aprobación del doctor”. A partir de ahí, estudios y deporte, pero con la seguridad que da una revisión (mínimo) anual de que su cuerpo aguantará tal ritmo.

Renovar zapatillas, revisión de ruedas o pastillas de freno y una 'ITV' corporal. Omar desearía que entre la lista de tareas anuales de un atleta popular esté la de controlar el propio organismo para tener la certeza de que si se pone el motor a 5.000 revoluciones durante más de una hora, todo el sistema va a responder sin problema.

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