El dedo en el ojo de
José Mourinho a
Tito Vilanova en la
Supercopa de 2011 es una de las imágenes más recordadas y esperpénticas de la historia del fútbol español. Sin embargo, lejos de separar, aquella acción unió un poco más a los actuales entrenadores de
Real Madrid y
Barcelona. No vamos a decir que son colegas, ni por asomo, pero hay mutuo respecto, y la prueba más evidente de ello han sido las pacíficas previas que hemos vivido en lo que llevamos de temporada entre ambos conjuntos, tanto en Supercopa como en
Liga. Desde que Mou reconociera que se equivocó en la famosa acción del
Camp Nou, la cordialidad ha reinado entre el técnico de
Setúbal y el de
Bellcaire.
Ayer, los dos entrenadores se encontraban ante retos importantes. El madridista debía evitar que la Liga muriese antes de cumplirse el primer tercio de campeonato, algo que diría muy poco de su equipo, mientras que el azulgrana buscaba establecer el mejor arranque de un técnico debutante en el banquillo culé, firmando siete victorias consecutivas. Finalmente, Mourinho arrebató ese preciado honor a su homónimo y, de paso, mantiene la emoción en el campeonato, a pesar de que ocho puntos sigan siendo una ventaja excesiva entre los dos grandes de nuestro fútbol.
Tito, que ha pasado siempre de puntillas en Can Barça, ha disipado las hipotéticas dudas que surgieron cuando fue nombrado sucesor de Pep Guardiola. Siempre a la sombra del técnico de Santpedor, Vilanova ha demostrado que puede llevar las riendas de la nave culé, al menos de momento y si nos atenemos a los números. El liderato, o mejor dicho coliderato, compartido con el Atlético de Madrid y la diferencia sobre el eterno rival otorgan una ventaja más que importante con vistas a la conquista final del título liguero. Habrá que ver si el Barça es capaz de administrarla o si el Madrid empieza a enderezar el rumbo torcido que ha tomado en los primeros compases del año futbolístico. El duelo de ayer deja todo en el alero.
Y aunque el actual técnico barcelonista no es muy llamado al protagonismo, mantiene la misma discreción que cuando era ayudante de Pep, seguro que le hubiera gustado pasar a la historia del club como ese entrenador novel con mejores números en la historia culé. Y casualmente ha tenido que ser ese hombre que le hizo saltar a la fama por una acción nada edificante quien le haya arrebatado semejante prestigio. Sea como fuere, da la sensación que nos quedan varios Tito-Mou en lo que resta de temporada. Uno seguro, en Liga, otros dependerán del devenir de la competición y el buen hacer de ambos. Por el bien de ellos y del fútbol, que continúe ese respeto con el que nos vienen deleitando en los últimos tiempos.