ElConfidencial.com > Deportes > Esther Arroyo
OTRAS NOTICIAS
Pau y Navarro rescatan a una pobre España del primer tropiezo
Ibrahimovic: "Guardiola es un entrenador fantástico"
María Vasco, tras otra decepción española: "Se van a cagar el año que viene"
Ramos, sobre el ambiente en la Roja: "Sería un error no aprovechar el equipo que tenemos"
Nadal inicia la defensa del título con una trabajada victoria ante Golubev
Ambiente en las gradas del Ali Sami Yen de Estambul.
Esther Arroyo.- 17/01/2011 (06:00h)
Cánticos, antorchas, tambores… El estadio Ali Sami Yen de Estambul fue más que un campo de fútbol. El ‘Infierno Turco’, como se le conocía, ha sido una auténtica olla a presión desde su inauguración hasta el cierre de sus puertas esta semana. Su capacidad oficial es de poco más de 22.000 espectadores, pero eso nunca ha impedido que allí se congregaran hasta 40.000 exaltados seguidores. Quien buscara disfrutar de un partido pacífica y relajadamente pronto se daría cuenta de que no estaba en el lugar idóneo y los rivales que esperaran una animación sosegada, pronto entendían que no solo jugaban contra once jugadores.
En Turquía el fútbol se vive apasionadamente, quizá de forma desmesurada. Lo del resto de Europa son remilgos. Los hinchas del Galatasaray, apiñados en su pequeño coso, se han encargado históricamente de apabullar a cualquier equipo que pisara su césped. Son especialistas en crear una atmósfera intimidatoria y ejercer una presión psicológica sobre el rival de la que no es fácil escapar. Las bengalas, el humo de color rojo y amarillo y las banderas gigantescas que se pasean por las gradas han convertido este estadio en un hervidero. Puro espectáculo.
El 'infierno' se traslada al Türk Telekom Arena
Pero la hinchada turca está ‘de luto’. El Galatasaray se ha mudado este fin de semana y deja atrás años de intenso fútbol, y sobre todo, abandona su seña de identidad. Desde este sábado, es el Türk Telekom Arena, más alejado del centro de Estambul, el que acoja los encuentros del equipo (el primero ante el Ajax). No es lo mismo. El nuevo estadio duplica el aforo del antiguo, y un total de 52.000 aficionados dispondrán de localidad. Se acabaron las estrecheces y las inseguridades, en definitiva, la salsa del Ali Sami Yen. Lo que permanece es el espíritu y la fogosidad de los aficionados, eso simplemente se traslada porque es algo que llevan muy dentro todos y cada uno de ellos.
El pasado martes, el partido ante un tercera sirvió de despedida. Era la última cita en el ‘Infierno Turco’, por eso, y consciente de lo que representa su feudo para Galatasaray, el club ha puesto en venta los asientos del estadio con la inscripción: “Ali Sami Yen hasta el fin”. A pesar del poco atractivo del encuentro, la afición quiso dar el último adiós a su pequeño gran estadio, ése que el mismo día de la inauguración en 1964 tuvo su primer susto cuando el lateral de una grada se vino abajo por sobrepeso. El aforo fue ampliamente superado, adelantando lo que en años posteriores acabaría normalizándose.
Lejos queda la época de esplendor del Galatasaray, cuando rugía en Europa y llegó a conquistar
OPINIONES DE LOS LECTORES,
1 COMENTARIOS
1 .- Nuevo sitio, nuevo infierno de trinca. no cambiará nada, si lo sabré yo.