el castellonense fue el mejor los cuatro días

Sergio García se sacude los fantasmas al ganar su primer grande en el Masters

El español, de 37 años, había hecho 73 intentos sin éxito. Pero un domingo fantástico que terminó con un desempate contra Justin Rose consiguió que entre finalmente en la historia del golf

Sergio García es un grande. Si alguien lo dudaba, este domingo despejó todas las dudas. Las lágrimas de un señor de 37 años son la última imagen de un torneo memorable, el Masters de Augusta en el que demostró que en sus manos también había gloria. No hubo el desvanecimiento típico de la jornada final, cuando hubo fallos supo remontarlos. Venció en un desempate, porque ya no es solo conseguirlo, es hacerlo con toda la épica que se puede tener en un campeonato. La chaqueta verde es suya, una semana perfecta así lo certifica.

Durante una semana Sergio ha estado acompañado por un rótulo que decía que nunca había ganado en sus 73 participaciones en los cuatro grandes torneos. Solo tres jugadores en la historia habían tenido peor fortuna. Él ya ha escapado de la maldición, ya no le acompañará más, él es uno de esos golfistas que se ha puesto la chaqueta verde. Como Olazabal, como Severiano Ballesteros. Cuatro días para justificar toda una carrera. Ahora sabe lo que es levitar.

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Lo hizo, además, con unos nervios de acero que no se sabía siquiera que los tenía. Sergio es un jugador emocional, de esos que viven con el palo y también mueren con él. Fue capaz de estar muerto y volver, porque tenía una misión, esta vez no podía ser como todas las anteriores. Sus 22 finalizaciones previas entre los diez primeros en los grandes torneos marcaban a fuego dos cosas: que es muy bueno y que no ganaba. Ya no hay fantasmas en el vestuario, se han marchado para siempre porque él ha entrado en otra lista, en la de los hombres que culminan sus sueños de infancia.

Hoyo 11, Sergio García hace un 'bogey'. En ese momento está a dos golpes de Justin Rose, su pareja en este último partido, que parece volar camino de la gloria ¿qué puede pasar para que lo pierda? Nada, el inglés está recio, sin fallo, muy confiado de sí mismo. Siguen pasando los hoyos y la distancia sigue igual. Es un duelo de dos, una especie de recreación del oeste americano en las verdísimas praderas del Augusta National. Hay un favorito que, además, se sabe el camino. Rose ya ha ganado un grande, Sergio no sabe lo que es eso. En el 14, 'birdie'. Recorta la ventaja, pero sigue ahí.

Sergio García se sacude los fantasmas al ganar su primer grande en el Masters

Un 'eagle' para la historia

En esas llegan al hoyo 15, un lugar que, a partir de ahora, siempre estará unido a la historia del deporte español. Es un par cinco y, durante toda la semana, está siendo un lugar propicio para el disfrute de Sergio. Los dos días previos lo había hecho en cuatro. Él necesita un poquito más, porque queda cada vez menos recorrido y Rose sigue por arriba. Un buen golpe del inglés le deja con opciones de 'birdie'.

Y en ese momento aparece la rebeldía de García, una que de él, la verdad, no se esperaba. Un golpe sensacional, formidable, a hoyo. Llega incluso a tocar el palo de la bandera. Se queda con un 'putt' más o menos sencillo para hacer un 'eagle'. Con la presión de ese momento, el corazón latiendo a mil por hora y los nervios a flor de piel y él se pone a tiro de recortarle dos al campo. Rose hace el 'birdie', lo que hace aún más necesaria la machada. Y ahí está, la consigue, hace en tres golpes lo que está previsto que se haga en cinco. Y empata el partido. Tres hoyos, solo tres, para la leyenda.

Había hecho lo más difícil, sobrevivir, pero aún no había ganado. Ni siquiera habían terminado las curvas. Hoyo 16, Rose coge el palo y, desde 'tee', hace un golpazo que le deja en la mano un 'birdie'. No tiene tanta suerte Sergio, que se tiene que confiar con el par. Quedan dos hoyos y vuelve a estar abajo. Necesita que pasen cosas. Y pasan, en el 17 Rose falla, un 'bogey' inesperado que deja todo en empate. Un último esfuerzo para ser campeón.

Rose hace una aproximación magnífica. Sergio la mejora. El inglés tiene un 'putt' de diez metros, lo falla. García, desde más cerca, también yerra. Los demonios, que vuelven. Las voces que dicen que nunca lo ganará, que no está hecho de la pasta de los campeones. El murmullo tan molesto que le recuerda aquel dato, que a la vez es bueno, porque quiere decir que siempre estuvo, pero horrorosamente malo, porque grita que nunca ganó: 0 de 73.

Embocan los dos el par y eso solo significa una cosa: hay que jugar el desempate. La película vuelve a la cabeza, aquel British Open de 2007 en el que jugó un desempate y se lo terminó arrabatando Paddy Harrington. Sergio García ya no es un novato, lleva estando en la élite desde 1999, tiene todos los recuerdos posibles en la cabeza, que se amontonan en las meninges y le aterran. El único que no aparece, porque no está, es el de su victoria final. No puede recordarlo, pero si visualizarlo. Otro desempate, esta vez con Justin Rose.

El desempate perfecto

Sorteo, primero tirará el inglés. Sergio mira a su compañero y pronto comprende que ha fallado. Su bola se ha ido a la derecha, ha caído en la pinaza. Tendrá un golpe sucio para llegar al 'green' y ya solo puede, como mucho, pensar en salvar el par. Sergio tiene otra oportunidad, ha vuelto a renacer. Y no parece pensar en su fallo del dieciocho. Un golpe limpio, al centro de la calle. Perfecto para la aproximación al hoyo. Las cosas marchan.

Rose le pega bien, pero después falla el 'putt'. Cinco golpes en un hoyo 4. Sergio está cerca del agujero y en ese momento se da cuenta: lo va a hacer. Tiene una distancia correcta para intentar el 'birdie', pero la verdad es que ni siquiera necesita tanto. Con hacer dos golpes más habrá ganado la chaqueta verde. Está tranquilo, tanto que lo resuelve en el primero. Un golpe recio, calmado, perfecto. Emboca. Sergio García, has ganado.

Un poco de historia. Sergio García había sido tres veces segundo en un grande, pero nunca en el Masters. Era, sin duda, el torneo que peor se le daba y, probablemente por ello, el mejor para quitarse de una vez por todas los problemas que acarreaba. En los últimos tres años no había subido de la posición 17. No importa, la clave en el golf no es ganar semana a semana sino hacerlo a lo grande al menos una vez. Pues bien, era esta.

Cuando tenía 19 años y desafió a Tiger le dijeron que iba a ganar mucho, que con el juego que tenía era imposible que no lo lograse. Pasaron los años y las frustraciones, tantas que incluso a llego a decir que él ya no aspiraba a ganar un grande, que sabía que en su vida tendría que conformarse una y otra vez con quedar segundo, tercero o cuarto. No es la peor existencia, al fin y al cabo ¿cuántos consiguen ser el segundo mejor en algo? Pero el deporte no es eso, y Sergio lo sabe, porque lo que decía su boca contrastaba con su actitud: no dejó de intentarlo hasta que lo consiguió.

Con Seve en la memoria

En este 9 de abril del año 2017 Severiano Ballesteros hubiese cumplido 60 años. Es uno de los golfistas más importantes de todos los tiempos y el mayor referente que se puede imaginar un jugador español. Seve revolucionó su deporte, consiguió que la Ryder se abriese a Europa y enamoró a sus coetaneos. En su muerte los periódicos ingleses sacaban páginas y páginas de obituarios glosando su épica. Él ganó dos veces en Augusta.

Sergio García ha pasado una semana escuchando ese murmullo. Este año el Masters terminaba en esa fecha. Él lo conoció y lo trató, Seve, con su caracter indómito -busquen algún golfista que transmitiese más, a ver si tienen suerte y lo encuentran- era tan grande como su capacidad para apadrinar a quien veía con opciones. Sergio le recuerda con cariño. Estos días ha dicho que pensaría en él si lo conseguía, que estaba seguro que el espíritu de alguien como Ballesteros le ayudaría.

Los golpes fueron suyos, de Sergio, las emociones fueron suyas, de Sergio. La imaginación, eso sí, lleva al más grande, como si su solo nombre pudiese haber empujado la pelota al hoyo o le hubiese ayudado a recuperarse en los pocos momentos de duda que tuvo durante el torneo. Sergio ha sido el más regular, el único que ha logrado bajar del par los cuatro días que duraba el torneo. Ha sido, en definitiva, el mejor de todos. Y eso mismo es lo que cuenta su chaqueta verde.

El discurso de despedida, en un perfectísimo inglés, recordó a la familia, a los grandes momentos, a los días malos. La voz temblaba, la manos no. Por eso ganó. Sergio García, un grande.

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