La ciudad se calentó a medida que se fue acercando la hora del partido. Valencia entera creyó en el milagro, en una remontada épica e histórica. El 3-0 encajado en tierras suizas ante el Basilea parecía definitivo, pero el equipo de Pizzi diseñó una noche perfecta. Y el líder fue el atacante que ha conseguido que la sufrida afición valenciana vuelva a creer en los suyos. Paco Alcácer fue el gran impulsor de una gesta con tres goles de artillero de primera categoría. Una noche que seguro ya soñó cuando dormía en una cuna llena de balones.

El fútbol entró en su vida cuando apenas levantaba unos palmos del suelo. El balón suele ser compañero de cualquier pequeño, pero en el caso de Alcácer se convirtió en una obsesión. Prácticamente ha vivido pegado al balón desde que se puso en pie. No había otra cosa que le llenará más en aquellos tiempos. Sus problemas a la hora de conciliar el sueño también tuvieron una incidencia fundamental en su amor por el fútbol.

Los padres del atacante del Valencia tuvieron muchos problemas cuando el pequeño Paco tenía que irse a la cuna a dormir. Los chupetes, herramienta básica para que cualquier pequeño cierre los ojos, no eran del gusto del entonces aprendiz de futbolista. Sus progenitores no tuvieron que esperar mucho para encontrar algo que evitara que las madrugadas en vela se alargaran demasiado.

Incontables fueron las noches que Paco se quedó dormido a las tantas. Como los chupetes no valían, en un pasillo de su casa paterna daba patadas a un balón con unos padres sorprendidos por la pasión que despertaba el fútbol en su hijo. Al final caía reventado por agotamiento. Pero antes de cerrar los ojos, ya en la cuna, quería ver a su alrededor sus inseparables pelotas para poder descansar. Los chupetes no despertaban en él el más mínimo interés.

Más de algún objeto se rompió en mil pedazos en aquellas largas noches de la familia Alcácer. El balón iba de un lado hacia otro, muchas veces a varios centímetros del suelo. Y pasaba que el silencio de la noche quedaba quebrado cuando algún objeto de vidrio pasaba a mejor vida. No pasaba nada. Los padres miraban a otra parte al ver la felicidad de su hijo. Y sabían que al día siguiente tocaba una nueva sesión nocturna de fútbol.

Paco eleva la mirada al cielo para dedicarle todos sus goles. Lleva 14 esta temporada y todos ellos, especialmente los tres marcados al Basilea, son para el padre que la vida le arrebató en el verano de 2011. El 12 de agosto marcaba su primer gol con la camiseta del Valencia en una edición del Trofeo Naranja. El momento soñado durante largas noches en su Torrent natal ya era una realidad. El cruel destino quiso que su progenitor falleciera de manera repentina. Por eso todos sus goles tienen la misma dedicatoria. Todos son para la persona que le dio sus primeras lecciones de fútbol en interminables madrugadas.

La temporada pasada estuvo cedido en el Getafe. Una experiencia que le sirvió para endurecerse, para saber de verdad que en el fútbol no todo son alegrías. Luis García no le dio muchas oportunidades, pero su esfuerzo diario quedó grabado en todos los que le conocieron en aquella etapa. No entendía cómo era posible que trabajando a conciencia un día tras otro, cuando llegaba la hora del partido no estaba en el once inicial. Paco comprendió durante esos meses como jugador azulón lo que es el fútbol de elite. Un año que le endureció y le sirvió para regresar a Valencia con otra mentalidad. La que le ha convertido en referencia de su equipo.