cinco goles al bayern en dos partidos

Cristiano, el Di Stéfano del Real Madrid del siglo XXI, pide que por favor no le piten

Pasarán las décadas y el Madrid aún buscará a un futbolista que sea capaz de hacer olvidar los cientos de goles de un portugués al que su público, desmemoriado, le ha abucheado alguna vez

Foto: El Real Madrid está en semifinales gracias a Cristiano. (EFE)
El Real Madrid está en semifinales gracias a Cristiano. (EFE)

Dentro de muchísimo tiempo, cuando ninguno de los que lean estas líneas siga sobre la faz de la tierra, habrá un niño jugando con una pelota que habrá elegido ser cierto futbolista que en ese momento esté sobresaliendo en un fútbol muy diverso al que conocemos. En ese mundo en el que el sistema de videoarbitraje estará obsoleto o extinto, habrá un señor muy mayor que diga que nadie de esos que juegan entonces le llega a la suela de los zapatos a Cristiano Ronaldo. ¿Ese quién es, abuelo?, preguntará el zagal. Trabándose al hablar y encorvado, el abuelo le dirá: ese era un portugués que fue el mejor jugador de la historia del Real Madrid. Qué va, ese es 'nosequién futuro', dirá el niño.

El abuelo, compungido por el recuerdo de unos vídeos que tuvo la oportunidad de ver gracias a su padre, le dirá al chico que ese jugador se fue del Madrid habiendo marcado más goles que el número de partidos que había disputado. El joven se cuestionará entonces si no va a tener razón el abuelo, aunque rápidamente virará su pensamiento. Estás chocheando, abuelo. ¿Cómo va a ser posible eso? Oí que un tal Messi era el mejor de siempre y ni siquiera él había hecho eso. Marcó muchos goles, pero no marcaba siempre. Que sí, hombre, de verdad, búscalo y verás. Se le caían los goles a ese Cristiano. Era una locura.

¿Qué fue de él?, le preguntará un niño cada vez más interesado en la figura extraña de ese portugués que le sonará tan lejano en el tiempo. Pues a ese le decían que Messi era mejor que él y eso le molestaba, porque él se consideraba insuperable. Ah, que son de la misma época. Sí, hijo, sí. Se decía que había cuatro grandes, Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona, ¿te suenan? Pues algo he oído, pero vamos, que esos son de la prehistoria, por lo menos. Son de hace muchísimo, ni mi padre había nacido, pero los conozco, los vi jugar en vídeo y eran buenísimos. Pero Cristiano Ronaldo, ese portugués, era otra cosa. Es que era un goleador despiadado, como no ha habido otro.

Cristiano desató la locura del Bernabéu con el 2-2. (Reuters)
Cristiano desató la locura del Bernabéu con el 2-2. (Reuters)

¿Solo jugó en el Madrid? No, no. Jugó en el Sporting de Portugal y en el Manchester United y durante años fue el fichaje más caro de la historia. ¿De quién? Del Madrid, hombre, de quién va a ser. Ahora parece casi regalado, pero 96 millones de euros de entonces eran una barbaridad. ¿Y ganó mucho en el Madrid? Hombre, pues pudo ganar más. Claro, es que estaba en el Madrid y, pues, condenado a ganar siempre. Y el chico acostumbró a la grada del antiguo Bernabéu a que marcara siempre y, obviamente, había días en que la pelota no entraba, e incluso que él no estaba bien, casi ni la tocaba. ¿Y qué pasaba? Que le pitaban. ¿En serio? Sí, sí, tal cual. Su propia afición le pitaba cuando no marcaba, cuando no iba a presionar o cuando parecía que ni siquiera estaba en el campo. ¡Pero si ha marcado más goles que nadie! Sí, pero así era.

Hasta que esa época llegue, el madridismo seguirá disfrutando y sufriendo a Cristiano Ronaldo por un tiempo. No son pocos los aficionados merengues que algún día habrán pensado que ya está bien, que hasta aquí la broma de Cristiano, que lo vendan. Luego se encuentran en unos cuartos de final de la Champions League contra el Bayern y celebran como posesos cada uno de los cinco goles que ese portugués le metió a un tío que era lo más parecido que había en humano al Muro de Berlín, pero en versión muniquesa. Y claro, se comerán sus palabras y sus silbidos en esos momentos en los que Cristiano no parezca Ronaldo y marque goles con la facilidad del que saca de banda.

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"Yo solo pido que no me silben aquí, es lo único que pido. Lo único que pido es que no me silben, porque yo doy siempre lo mejor y cuando no hago goles, intento trabajar y ayudar al Real Madrid". Cristiano estaba dolido, se sentía en cierta manera traicionado por el público que celebra sus goles pero que no le perdona sus desatinos, que olvida rápidamente que ha marcado 395 goles en 386 partidos. Decían algunos que no aparecía en los partidos importantes, salvo que al Bayern le ha hecho siete goles en tres partidos, a Courtois lo masacró en su día y el Barça es para él el pan nuestro de cada día. Estos detalles los recordarán esas voces críticas cuando busquen entre los mortales a un devorador de redes que haga goles casi siempre. Hasta entonces, Cristiano tiene tiempo para ampliar la leyenda y seguir el camino de ser el Di Stéfano del Real Madrid del siglo XXI. Ya habrá alguien que sea el Cristiano Ronaldo del Real Madrid del siglo XXII.

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