el icono del real madrid publica sus memorias

Paco Buyo: "En mi época todos los jugadores del Madrid pagábamos a Hacienda"

Venables, Benhakker, Cruyff y el Bernabéu se enamoraron de él; Clemente, el Calderón y el Camp Nou, todo lo contrario. Paco Buyo no deja indiferente a nadie

Foto: Paco Buyo saca libro: 'Mi vida en una parada'. (A. P.)
Paco Buyo saca libro: 'Mi vida en una parada'. (A. P.)

Imprevisible. Honesto. Madridista. Palomitero. Flamígero. Madridista. Excéntrico. Leal. Madridista. Fallón. Teatrero. Madridista. Altivo. Centelleante.

Hay tantos adjetivos para definir a Paco Buyo (Betanzos, 1958) como observadores disfrutaron de sus locuras sobre el pasto, pero solo uno está fuera de todo debate: madridista. El gallego articula su discurso sobre fútbol, su gran pulsión vital, en torno al Real Madrid. Por madridismo rechazó ofertas suculentas de Barcelona, Atlético y el Calcio sin pensárselo, a sabiendas de que estaba donde siempre había querido estar.

Buyo fue mucho más que un portero. Era espectáculo, incertidumbre, destellos de luz en un fútbol mucho más hosco que el actual. Cada partido del Madrid era una sesión dominical del 'show' de Paco Buyo, que se mantuvo once años en la cartelera del Bernabéu con gran éxito de crítica y público. Sobre el campo Buyo volaba, gritaba, simulaba, gesticulaba y también perdía el oremus.

Fuera del campo Buyo es un tipo sereno, familiar, orgulloso de su pasado, que no disfruta especialmente recordando lo vivido. Había rechazado varias ofertas para contar su vida hasta que se sentó con su amigo Juan Antonio Balsalobre y su hija, Ángela, que le convencieron en un solo café. Hay que saber tratarle. El resultado es ‘Mi vida en una parada’, de SND Editores, una recopilación de recuerdos sin concesiones a lo políticamente correcto.

"Si le citas con más de 20 horas de antelación, recuérdaselo, que a Paco se le olvidan estas cosas", me advierten desde la editorial. En efecto, quizá para curarse en salud, Buyo no llega a concretarme una cita, sino que me llama por teléfono dos horas antes para citarme en el Palacio de Hielo, al final de la calle Silvano en Madrid. Al ver la cara horrorizada de la fotógrafa al entrar al centro comercial, quizá el más feo de la ciudad, Buyo nos lleva al banco de un parque cercano. El termómetro marca 42 grados, pero ni se inmuta. Luce un aspecto imponente para a sus 59 años, propio de un "superdotado genético", como él dice, que le permite culebrear algunas preguntas con su característico estilo de los 80.

Pregunta. En su primer equipo, el Ural, fue Zamora y Pichichi al tiempo. ¿Esto cómo es?

Respuesta. Jugaba medio partido de portero y medio de extremo, o partidos enteros en una de las dos posiciones. Recuerdo que íbamos de blanco como el Real Madrid, a mí esto me hacía mucha ilusión. Por cierto, ¿sabes quién era el presidente del Ural por entonces?

P. No.

R. Lendoiro. Los que llevaban el Ural pertenecían al Deportivo de La Coruña, y creo que Lendoiro era incluso el fundador. No le conocí mucho porque era infantil, pero sí recuerdo verle por allí. Era una persona ya conocida en Galicia.

P. Después pasó por el Mallorca, el Huesca y el Deportivo de La Coruña.

R. El Dépor me cedió al Huesca porque hice allí el servicio militar. El club hizo lo posible porque el ministro de turno me firmase un traslado a A Coruña, pero nunca sucedió, y yo me sentí feliz por no haber recibido un trato de favor.

P. Vamos con su libro. Primera sorpresa: fue usted mismo quien se fichó por el Sevilla.

R. [Ríe] Sí, por entonces Eugenio Montes, presidente del Sevilla, era también el delegado de la selección sub-21, donde yo jugaba siempre. Teníamos una buena amistad y hablábamos mucho de fútbol. Así que un día, cuando consideré terminada mi etapa en el Deportivo, le dije: ‘Bueno Eugenio, yo creo que va siendo hora de que me fiches’’. Y la semana siguiente estaba en Sevilla.

P. Su carrera despega allí. En la portería se encontró a Súper Paco, un portero veterano que era también el ídolo de la afición.

R. Súper era un portero extraordinario, un muro difícil de derribar, pero también confiaba mucho en mis posibilidades. Ten en cuenta que por entonces yo jugaba en la selección española y tenía la confianza de Miguel Muñoz, que era el entrenador del Sevilla.

P. Tuvo un poco de suerte. A Súper Paco le sancionan por agredir a un periodista nada más empezar la temporada y usted se hace fuerte en el puesto. ¿Cómo se lo tomó Súper?

R. Quizá se aceleró por esta circunstancia, pero creo que en el destino estaba escrito que yo jugaría de titular en el Sevilla. Súper se lo tomó bien, era un hombre veterano que asumió su suplencia con gran naturalidad. Somos muy amigos.

P. La relación entre un portero y su suplente no tiene parangón en fútbol, ¿verdad?

R. Desde luego, es especialmente tensa salvo que exista una gran diferencia de nivel entre ellos. Las rotaciones no suelen funcionar, al final es un puesto para tres jugadores: uno juega y los demás nunca.

P. Segunda sorpresa del libro: Venables le quiso como sustituto de Urruti en el Barca. Le llamó tanto que incluso se hicieron amigos.

R. En el 86, a partir de que empezó la segunda vuelta, era raro el día que no me llamaba. Me decía que yo iba a ser su portero, que me iba a cuidar, que estaba convencido de que mi fichaje era perfecto para todos. Yo se lo agradezco mucho, y más entonces, porque Venables era un entrenador de mucho prestigio que había ganado de todo en Inglaterra y aquí estuvo a punto de ganar la Copa de Europa con el Barcelona, en aquella final en Sevilla contra el Steaua de Bucarest. Pero rechacé la oferta.

P. No acepta la oferta porque siempre ha sido madridista, dice en el libro.

R. Sí. El Madrid ya había intentado ficharme cuando estaba en el Deportivo, a través de Emilio Rey, presidente de La Voz de Galicia, que hacía de intermediario. En Sevilla, en ese momento, seguía en conversaciones con el Madrid. Fichar por el Madrid era mi ilusión desde que era un crío y lo veía cerca. Antes de terminar la temporada se llegó a un acuerdo y en el verano del 86 llegué al Bernabéu, que es para mí un templo.

P. García Remón, Miguel Ángel, Agustín, Ochotorena… ¿le prometieron la titularidad?

R. ¡En absoluto! Yo solo sabía que llegaba para reforzar la portería y que tenía que luchar por el puesto. Cuando llegué Miguel Ángel estaba a punto de retirarse y los demás se adaptaron a la suplencia. Todos ellos eran grandes porteros, por cierto.

P. Del Bosque le dió una clase exprés de madridismo nada más llegar.

R. Sí, Vicente ya estaba retirado, creo que era el ayudante de Luis Molowny. Me fue a buscar al aeropuerto y me llevó a comer a Araceli, a unos 30 kilómetros de Madrid. Fue una buena idea porque, si hubiéramos ido a un lugar de la ciudad, no nos habrían dejado comer. Me habló del orgullo, de la garra y de los problemas que conlleva llevar una camiseta como la del Real Madrid.

P. ¿Cree que esos valores han sobrevivido en el Real Madrid actual?

R. Sí, claro que sí. Este equipo, aunque tenga calidad para ser el mejor del mundo, también ha demostrado mucha entrega y amistad entre los miembros de la plantilla. Solo con la calidad es muy difícil ganar títulos.

P. Saltamos a su primer gran momento de blanco: 5 de noviembre de 1986. El Madrid llega a la tanda de penaltis en Copa de Europa contra la Juve de Platini, Boniek, Laudrup…

R. Fue una eliminatoria complicadísima; trajimos un 1-0 del Bernabéu y a los 5 minutos en el Comunale nos empataron con un gol de rebote. Bah. El partido se hizo muy largo, con tantas ocasiones para los dos equipos que no me creía el 1-0 cuando terminó la prórroga. Allí paré dos penaltis y estuve a punto de parar un tercero. Pasamos. Fue una de mis mejores noches en el equipo.




P. Venía de jugar, como mucho, UEFA con el Sevilla. En las imágenes de Turín, sin embargo, se le ve tranquilo, como si hubiera estado allí varias veces. ¿No le afecta mucho la presión, verdad?

R. No, no. Además para jugar en el Real Madrid tienes que saber vivir con esto, y más un portero, que siempre camina sobre el alambre. El Madrid es un equipo históricamente muy ofensivo que no protege mucho su portería, entonces el portero vive permanentemente instalado en el peligro.

P. Hablando de peligro, usted fue uno de los primeros porteros en vivir los partidos fuera del área.

R. El portero es el gran especialista del equipo, la gran ventaja que tiene es que puede coger con las manos en una determinada zona del campo. Pero eso no es suficiente ahora: si te fijas, todos los grandes equipos cuentan con el portero como el último defensa. Cuando llegué al Madrid reparé en que entre la espalda de mi defensa y yo muchas veces había 40 o 50 metros. Pensé: "Un delantero rápido se queda mano a mano conmigo varias veces por partido si no hago nada". Así que me adapté a jugar como lo hacía el equipo: si ellos estaban muy adelantados, yo me pasaba todo el partido cinco metros fuera de mi área.

P. E iba a por los pases al hueco como una bala. Era rapidísimo.

R. Sí, era muy rápido, y tenía también la ventaja de que podía jugar con los pies. Conmigo empezó a cambiar la filosofía del portero. Benhakker era el primero que me animaba, que me decía “Paco, ánimo, tú sigue saliendo, que por un fallo que tengas nos vas a salvar siete ocasiones”.

P. Boskov también se rindió al Buyo líbero.

R. Estoy muy orgulloso de esto. Fue después de un Real Madrid-Sampdoria de pretemporada en el que tuve que salir muchísimo de la portería. Ganamos 0-2, creo. En el avión de regreso coincidimos con la Sampdoria y Boskov se sentó a mi lado: “Paco, gracias, hoy me has enseñado cómo tiene que ser el portero del futuro. No es solo lo que ayudas a la defensa, cómo les ordenas, sino por la seguridad que se te ve con los pies”. ¿Uno de los mejores entrenadores del mundo diciéndome que conmigo ha aprendido algo nuevo? Guau.

P. En el Bernabéu llamaban cariñosamente a sus salidas, no solo las del área, también las de tono, “buyadas”.

R. [Frunce el ceño] Sí, pero ya te digo que las "buyadas" salvaban más partidos que los que perdían.

P. Si lo miro con perspectiva, veo a Benhakker como un paso intermedio entre Rinus Michels y Johan Cruyff.

R. Estoy de acuerdo, hay que reivindicar el fútbol holandés, cómo un país tan pequeño introdujo el concepto del “fútbol total” que todavía tiene vigencia. Lo que era Benhakker era muy bueno entrenando al equipo. Fue de los primeros que metió el balón en los entrenamientos desde el principio, cuando la mayoría de los técnicos te tenían corriendo y haciendo ejercicios media sesión. Por esa época las pretemporadas en España tenían un contenido físico tremendo, te tenían corriendo por la montaña un mes con un calor sofocante.

P. Llega al Madrid entre dos generaciones. Una más de coraje, la de Santillana, Camacho o Chendo, y los recién llegados Míchel, Butragueño y Sanchís, mucho más vistosos.

R. La Quinta del Buitre jugó un fútbol escandaloso, eran cuatro jugadores con un talento descomunal. Durante 6 o 7 años dominamos el fútbol español y conseguimos varios títulos internacionales… solo nos faltó la Copa de Europa. Camacho y Santillana eran otro tipo de jugadores, más de lucha, pero todos tenían algo en común: mucha pasión por el fútbol.

P. Butragueño mucha pasión no tenía.

R. No, pero tenía esa capacidad para pararse en el área y dejar a dos en el suelo. Al Buitre no podías pedirle que presionase a la defensa para recuperar un balón, para eso hace falta mucha fortaleza mental. Él tenía talento.

P. Reformulo la pregunta: le veo más con los de la primera oleada que con Míchel y Butragueño. Era una comidilla entre la prensa deportiva de la época que actuaban como niños de papá.

R. No, qué va. Ellos tenían talento y tenían carácter, aunque unos más que otros. Éramos un vestuario muy unido, nos íbamos a cenar todos juntos con las esposas un montón de días, no te creas que lo que se escribía de nosotros nos afectaba demasiado. Eran los mejores y despertaban envidias.

P. Pero ellos eran finos, extrovertidos y de ciudad, y usted un portero rocoso, sobrio y de un pueblo gallego. Por cierto, ¿por qué siempre parecía el más fuerte de la liga? ¿Hacía muchas pesas?

R. [Ríe] No, no, por entonces en la Ciudad Deportiva no había ni máquinas, solo teníamos una pequeña multiuso para hacer todo tipo de ejercicios. Está mal que yo lo diga, pero yo siempre he sido un superdotado físico, es pura genética, casi no pisábamos el gimnasio.

P. Pero era de cuidarse mucho.

R. Eso sí, desde luego, es que mi cuerpo era mi herramienta de trabajo, si no lo cuidas, no llegas bien a una determinada edad. Yo me cuidaba mucho, entrenaba mucho, el doble que mis compañeros y pensaba 24 horas en fútbol; esto me daba una ventaja sobre muchos de ellos…


Siempre he sido un superdotado genético, no hacíamos pesas en el Real MadridP. ¿Que no se cuidaban tanto?

R. [Duda] Más o menos todos se cuidaban, pero algunos vivían el fútbol de… forma distinta.

P. ¿Con más interés por otras cosas?

R. Con menos pasión por el fútbol, digamos.

P. Una duda rápida: ¿es cierto que Prosinecki ya fumaba dos paquetes cuando llegó al Madrid?

R. Sí, sí, Robert vino con los deberes hechos [ríe].

P. Otra sorpresa de su biografía. Cruyff también le quiso llevar al Barcelona.

R. Así es. Me llamó un día y me dijo que sabía perfectamente cómo era, con mis virtudes y mis defectos, y que quería que jugase en su equipo. Además había recibido las mejores referencias de mis anteriores técnicos. Le rechacé una vez y recuerdo exactamente sus palabras la segunda y última vez que me llamó: “Si no te vienes tú, voy a tener que poner a un jugador de portero”.

P. Y lo hizo.

R. Lo hizo.

P. Carles Busquets, padre de Sergio, mariscal de todos los campos.

R. Sí. Yo más que portero le considero un jugador de campo a Carles Busquets.

P. Era malo.

R. Jugaba muy bien con los pies.

P. Volvió a rechazar al Barcelona, y eso que le triplicaban el sueldo por irse al 'dream team'.

R. Me triplicaban el sueldo, sí. Pero irse al Barcelona era una traición muy grande y yo…

P. Usted es del Madrid, de eso no cabe duda. Por cierto, Cruyff le quería para sustituir a Zubizarreta, que a su vez era el portero titular de la Selección Española, con la que no iba convocado nunca.

R. Sí, obviamente me fichaba por Zubizarreta. De todos modos todos sabemos por qué yo no iba a la Selección, ¿no?

P. No, dígame.

R. ¿El portero titular del Real Madrid, que gana todos los torneos nacionales, es Zamora y llega a semifinales de la Copa de Europa no juega con España? Yo siempre digo que fue la cabezonería de un seleccionador que veía el tren llegar de frente y decía: “Pita, pita, que como no te apartes tú…”. Era una sinrazón.

*****

La selección española es la espina clavada de Buyo. Aunque objetivamente fue siempre uno de los porteros más destacados de su época, tan solo jugó siete partidos con la absoluta, ninguno de ellos en grandes campeonatos. Es el único punto que al portero le duele recordar, y esta desazón se percibe en sus memorias escritas. A día de hoy su ausencia sigue siendo una incógnita: domingo tras domingo Buyo era ensalzado en la prensa, coreado en el Bernabéu y silbado —una señal de respeto al fin y al cabo— en los campos de toda España, pero su nombre nunca aparecía en las convocatorias.

*****

P. Ahora vamos con Clemente, pero él no fue el único. Los seleccionadores ni siquiera le convocaban. Era obvio que, al menos, usted estaba entre los tres mejores porteros del país.

R. Quizá a Zubizarreta le ponía nervioso mi presencia en la convocatoria [levanta las cejas]. Me decían desde la federación: “Si no vas a jugar, para qué quieres ir. Un equipo no puede tener dos grandes porteros”, pero, joder, yo quería una oportunidad para demostrar y ganarme el puesto.

P. Buyo era mejor que Zubizarreta, ¿no?

R. No lo sé, ¿qué opinas tú?

P. Yo creo que sí, y en mi colegio también, pero lo importante es lo que diga usted.

R. Yo creo lo que creen todos.

P. Luis Suárez, paisano y exentrenador tuyo, tampoco le llevó al Mundial 90.

R. No me llevó después de haberle salvado el pellejo cuando estábamos en el Deportivo. Regresé de Huesca y jugué los último diez partidos con el Dépor, que estaba a punto de descender, y salvamos la categoría. Entonces… [piensa] yo creo que Luis Suárez no me llevó por aquel pequeño altercado con Futre, que se lió la marimorena en la prensa y la sociedad.

 Paco Buyo en una imagen de archivo.
Paco Buyo en una imagen de archivo.

P. Menudo espectáculo aquel, ahora lo tocamos, pero sigo interesado en el misterio de la Selección. En el 86 el seleccionador era Miguel Muñoz, que era su entrenador en Sevilla, y no fue tampoco.

R. No voy porque acababa de fichar por el Madrid, el club quería presentarme y no me dio permiso para volar a México. El viernes estaba en la lista de convocados, me lo confirmó el propio Muñoz, y el lunes ya no estaba. El Madrid movió los hilos para sacarme de ese Mundial. ¡Pero estuve en las Eurocopas del 84 y el 88!

P. En su libro, entre el autor y usted le hacen un buen traje a Clemente. Lo más lindo que le llaman es "burro".

R. Clemente no iba con la verdad por delante. Mentía. No me gustan esas personas.

P. No solo palmaba Buyo: también Míchel, Sanchís y Butragueño se quedaban fuera de las listas. A Clemente debían pitarle los oídos cuando se reunía ese vestuario.

R. Al final ya nos reíamos, era todo tan absurdo… ¿Ninguno de los jugadores que formaban la columna vertebral del mejor equipo de España tenía sitio en la Selección? Encima ellos estaban en su mejor edad, a punto de cumplir los 30. Siempre he creído que España no ganó nada porque el iluminado de su seleccionador no quiso. Clemente ponía a jugar a hombres que en sus clubes no jugaban, o salían en un par de partidos al año. Solo él veía valor en estas alineaciones. ¡Incluso convocaba a mis suplentes! Lopetegui, Cañizares… que son grandes porteros, pero eso no ha pasado nunca en la Selección. ¿Es que los entrenadores del Madrid eran tontos?

P. Cuando llegó a la Selección el titular era Arconada. ¿Qué tal con él?

R. Muy bien. Era un portero buenísimo y yo tenía claro que intentar quitarle el puesto era chocar contra una roca. Pero también estaba claro que yo le sustituiría cuando él se retirase, lo que pasa es que destituyeron a Muñoz, y luego a Vicente Miera, que también me llevaba… de no ser así hubiera hecho 100 internacionalidades con la gorra.

El Atlético me ofreció 100 millones de pesetas por acogerme al decreto 1006 y dejar el MadridP. Al final fueron solo siete. ¿Una injusticia?

R.: Claro que fue una injusticia. De todos modos, para lo poquito que fui, estuve en el 12-1 a Malta, uno de los momentos más importantes de la Selección. Al final me queda el calor de la gente del Madrid y de ayudar lo que pude a la Selección. ¡Bah!

P. Ha mencionado antes el manidísimo incidente con Futre. Lo que no saben los aficionados es que un mes antes el Atleti le vino con un ofertón.

R. Sí, querían que me acogiese al decreto 1006 por el cual un futbolista puede rescindir unilateralmente su contrato con un equipo. Yo creo que Gil le quería devolver a Mendoza la jugada de Paco Llorente, que llegó al Bernabéu del Calderón por esta vía. Como no pagaban traspaso, me ofrecían a mí el dinero para que tomase la decisión. Rubén Cano, exjugador del Atlético, se presentó en los Apartamentos Eurobuilding con un maletín lleno de billetes. Eran 100 millones de pesetas. Pero nada, cómo me iba a ir al Atleti.

P. Ojalá haberle visto compartir vestuario con Futre.

R. Por entonces nos llevábamos muy mal, ahora somos amigos. ¿Sabes qué? Cuando el Atlético le fichó, lo primero que le dijeron es que yo era el gran enemigo del club. Entonces Paulo se obsesionó conmigo: tenía una foto mía encima de su cama y en el baño que miraba todos los días. Luego en el campo nos enganchábamos, claro.

P. Recuerdo perfectamente la famosa escena, aunque tenía 6 años, como algo inexplicable según los códigos futbolísticos que manejaba. Diga la verdad, reptaba hacia Paulo para zurrarle.

R. ¡No! ¡Cómo iba a querer zurrarle! En el fútbol hay que ser listo, lo que yo estaba buscando es que le expulsasen. Los dos rodamos para obtener ventaja y quedó una escena un tanto cómica. Al final expulsaron a Orejuela, así que gané yo. A partir de ahí comenzó una presión muy fuerte de la prensa en la que me recriminaban la acción. Y yo les decía lo mismo que digo ahora: está bien, ha sido una jugada pícara, pero yo no he insultado a nadie, no he agredido a nadie, no he pegado a nadie. Que me digan lo que he hecho mal.

P. Esto es hilarante: el Comité de Competición le reunió al día siguiente para ver con usted el vídeo de la jugada y que se lo comentase personalmente.

R. Sí, pero yo les decía lo mismo: “Se rompen todos los días tabiques nasales en los córners y huesos en las patadas y ustedes me ponen a ver esto? Ustedes deberían entrar de oficio en estos casos, o cuando vamos al País Vasco y nos lanzan petardos, pero no lo hacen porque son unos calzonazos”. Hasta se lo repetí: “Sois unos auténticos calzonazos”.

P. Le sancionaron, claro.

R. Tres partidos.

P. Es cierto que lo suyo en el Sadar no tenía nombre.

R. No era lo mío, era lo del Real Madrid.

R. Y lo suyo, que bien que les calentaba.

R. No, no, la tenían tomada conmigo porque era muy bueno. Les jodía. Si vas con el Escalerilla se ríen de ti y te aplauden, pero si vas con el Madrid… Si ves mi carrera, yo nunca le he hecho un mal gesto ni he insultado a nadie. Lo que pasa es que en aquella época en el fútbol español todo valía aprovechando el clima bélico con el País Vasco, a ver quién les decía nada.

P. Reconozca que con el petardo del Sadar hizo un poco de teatro.

R. ¿Tú sabes que un petardo te puede dejar ciego?

P. Sí, supongo.

R. Pues ya está. Nos teníamos que haber ido, me arrepiento de no haber forzado al árbitro a suspender el partido, eso era lo que se merecían. En el Sadar rompían las lozas de los cuartos de baño y se las tiraban al portero. Se hacían auténticas burradas.

P. Con Futre se arregló al retirarse, pero con Stoichkov, otro de sus enemigos, la relación nunca se recuperó.

R. El que tenía enganchones más grandes con Stoichkov era Chendo. Pero yo no tolero a una persona que insulta a rivales y compañeros, incluso una vez retirado. No me parece una actitud muy inteligente. No me apetece tomar un café con él, sinceramente.

P. ¿Coincide con la Quinta en que el momento de no retorno fue Eindhoven?

R. Sí, sí. Esa Copa de Europa tuvimos que ganarla. Nos eliminó un equipo que era peor que el nuestro. Luego llegó el Milan que, aunque tenía un superequipo, le favorecían las reglas. Les pitaban 20 o 25 fueras de juego a favor todos los partidos, eso hoy sería mucho más difícil porque se controla mejor. En aquellos tiempos era realmente difícil ganar una Copa de Europa.

Podría haber sumado 100 internacionalidades con la gorra de no ser por Clemente

P. ¿Dice que la Copa de Europa entonces era más difícil de ganar que la Champions actual?

R. Porque era una competición más selecta, solo jugaban los campeones de cada país.

P. Tengo la sensación de que se ha perdido un poco el componente emboscada. Antes en Moscú o Belgrado se encontraban con campos congelados, bengalas sobre el césped y árbitros… “caseros”, me recomienda el abogado que diga.

R. Y en España también, antes cada estadio era de su padre y de su madre. A veces íbamos al norte y, haciendo un sol de justicia como el que tenemos ahora, el campo estaba completamente embarrado. Misterio.

P. Me han advertido que está cansado de que le pregunten por Tenerife. Solo una cosa que le he leído: le confesó Sanchís después del partido que estaba tan confundido por el calor y el cansancio y que lanzó el balón hacia su portería sin saber bien qué hacía.

R. El fútbol es toma de decisiones y estas pueden ser desacertadas. Sanchís obviamente tomó una decisión desacertada, dando un balonazo sin ton ni son, y yo hice lo posible por salvar ese córner… el partido estaba terminado y habíamos perdido la liga. En circunstancias normales nunca hubiera intentado salvar ese balón. Pero lo que hay que decir de ese partido es que no se nos señalaron dos penaltis y nos anularon un gol. Si hoy le hacen eso al Barcelona, tenemos comentario para un año, sería el robo del siglo. Aquello nos dejó muy jodidos.

P. Después llega la época de Toshack, Floro… y el Madrid se pone a la sombra del Barcelona después de décadas de dominio.

R. Se juntaron muchas cosas, sobre todo el declive de la Quinta y la marcha de jugadores como Martín Vázquez y Hugo Sánchez, que eran vitales. Y los que llegaron, Hagi, Prosinecki… no tenían tanto nivel. Dejamos de ser un superequipo, pero aún así competíamos con el Barcelona.

P. Usted sobrevivió a las turbulencias siendo titular… hasta que llegó Capello.

R. En España nos cansamos de los ídolos, y Capello llegó al Madrid con ganas de cambiar muchas cosas. Ahí estaba yo, que tenía 39 años y no era lo suficientemente alto para lo que el italiano buscaba en la portería. Fichó a Illgner por la espalda, haciendo lo posible para que no me enterase. Tuve mis roces con Capello, sobre todo porque él consideraba que todo lo que viniera de Italia era maravilloso, y todo lo nacional una mier… peor.

P. Su ventaja de portero-líbero se diluyó con Capello, que jugaba con los centrales en la frontal del área.

R. Era mucho más 'amarrategui' que los anteriores, sí. Jugábamos mucho a la contra a pesar de los buenos jugadores que teníamos. Bah.

P. Usted quería haber renovado un año más con el Madrid.

R. Sí, porque Capello se marchó al año, en cuanto recibió una oferta de Italia, y siempre ha existido el código no escrito en el club que cuando se gana algo se renueva a los puntales del equipo, pero en aquella época fue cuando salió Mendoza y se quedaron Lorenzo Sanz y el Pirri este, esta gente… bah, que no debían querer que renovara, porque si no hubiera renovado. Pude haber seguido, porque facultades y talento me sobraban en aquel momento.

P. ¿Le gustaría regresar al club?

R. Es muy difícil… [duda] Pero sí, te digo que ahora se habla mucho de lo grandes que son los jugadores, pero es que los de antes también lo éramos. Nosotros hemos creado lo que ahora es el Real Madrid.

P. Le he escuchado loas a Asensio. Estoy con usted en esto.

R. Es que es la gran joya de la corona, un jugador que es incluso más prometedor que Isco, que tiene un nivel descomunal. Si el Madrid cuida a Marco Asensio puede tener ahí un Balón de Oro.

P. Última duda. ¿Antes los jugadores pagaban todos sus impuestos?

R. [Ríe] Mira, es muy sencillo. Teníamos una desventaja: que cobrábamos en bruto. Si te pagaban 100, tenías que ingresarle 53 a Hacienda. Punto. En mi época todos los jugadores del Madrid tributábamos. Ahora se cobra en neto y pasan estas cosas. Por eso sigo trabajando a mi edad; si hubiera jugado en el Madrid actual, en una temporada hubiera ingresado más que en toda mi carrera.

P. No me diga que once años en el Madrid no dan para vivir el resto de su vida.

R. No, no. En el Madrid cobrabas bien pero, repito, pagabas más de la mitad a Hacienda.

P. ¿No le rechinan los escándalos tributarios con los valores que proclama el Real Madrid y usted ha interiorizado?

R. No tiene nada que ver el Real Madrid en esto. Cristiano es una persona física que tiene sus asesores y se puede equivocar. ¿Se ha equivocado? Pues a pagar, como todo hijo de vecino, que Hacienda somos todos. Yo en esto no voy a defenderle.

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