falleció a los 100 años sin pisar la cárcel

Se fue João Havelange, el padrino que convirtió el fútbol en una mafia universal

El que fuera presidente de la FIFA llegó a ser excluido dela gran organización por su corrupción, la cual sus sucesores siguieron ejerciendo, aunque sin la maestría del padrino

Foto: Joao Havelange, en un acto de la FIFA (EFE).
Joao Havelange, en un acto de la FIFA (EFE).

Es bastante habitual que el obituario de casi cualquier personalidad relativamente conocida sea una lluvia de elogios hasta rozar el empalague. Y de hecho, en ciertas ocasiones, se suelen obviar los hechos negativos del hombre o la mujer en cuestión, ocultándolos como si nunca se hubieran producido. Los homenajes se multiplican por doquier. Incluso pasa con Jean Marie Faustin Godefroid Havelange, conocido generalmente como João Havelange y también famoso por haber sido uno de los grandes mafiosos de la historia del fútbol mundial. Sin embargo, anoche en el Santiago Bernabéu se guardó un minuto de silencio durante el Trofeo Santiago Bernabéu para homenajear al que fuera presidente de la FIFA durante 24 años.

Sí, la corrupción en la FIFA empezó antes de Blatter. Hasta qué punto sería corrupta la gestión de Havelange durante las casi dos décadas y media en el trono de la FIFA que Joseph Blatter se vio obligado a marginarlo en 2013, después de que el propio Havelange dimitiera de su cargo de presidente honorífico antes de que lo echaran? Esta era una pregunta que se hacía Thomas Kistner, periodista alemán que publicó hace unos meses el libro FIFA Mafia, en el que destripaba todos los entresijos del máximo organismo del fútbol mundial, el cual se había convertido en su cúpula directiva en una organización al más puro estilo del Hampa. Por algo a Havelange en el mundillo se le conocía como el Padrino. Eso sí, antes de desaparecer del panorama futbolístico, se encargó de colocar a su yerno, Ricardo Teixeira, como presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, y a su nieta, Joana, como directora del Comité Organizador del Mundial de Brasil.

Sin embargo, a diferencia de la obra maestra de Mario Puzo, en la que Vito Corleone se crea a sí mismo desde la nada como el gran dueño de Nueva York, Havelange necesitó a su vez un padrino para hacerse inmortal, gigante. Al fin y al cabo, Havelange, hijo de un traficante de armas belga, como recuerda Kistner, era brasileño. Es decir, no formaba parte directamente de la élite del fútbol mundial, europea por norma. Los antecesores de Havelange apenas miraron al continente sudamericano para admirar a Brasil y Uruguay y organizar allí Mundiales, pero el traslado de poder no estaba previsto. Entonces surgió la figura de Adolf Dassler, Adi para sus amigos, fundador de Adidas (acrónimo de su mote y apellido), el hombre que encumbró a los altares del fútbol a un hombre que apenas tenía relación con este deporte.

Encontró la riqueza en el fútbol, ya que la venta de armas no le funcionó y el juego ilegal era eso, ilegal

Sí tuvo relación con el deporte, porque antes de entrar en la política futbolística y en su correspondientes hilos tétricos, Havelange fue olímpico en dos Juegos diferentes. Nadó en 1936 y jugó al waterpolo en 1952. Vamos, muy lejos del fútbol. Pero encontró el camino de la riqueza en el deporte rey, ya que la venta de armas no le funcionó demasiado bien (era accionista de varias empresas armamentísticas), y el juego ilegal era eso, ilegal. Su pasado antes de ser miembro de la FIFA era ya turbio. 

Junto a Dassler gestionaron las elecciones a la presidencia de la FIFA en 1974 para cargarse al entonces máximo dirigente, el inglés Stanley Rous (también conocido por 'organizar' el Mundial de 1966 para que la final fuera un Inglaterra-Alemania que ganaran los suyos). ¿Cómo lo hicieron? Fácil: ganándose la mayoría de los votos, que pertenecían a las federaciones minoritarias, especialmente de los países africanos. Dassler les prometió equipamiento Adidas a todos y Havelange, más presencia en el Mundial de España'82, de ahí que se ampliase el número de participantes a 24.

Havelange y Blatter, maestro y pupilo, acabaron enfrentados (Imago).
Havelange y Blatter, maestro y pupilo, acabaron enfrentados (Imago).

"Era fácil convencer a los presidentes porque ellos se llevaban su parte. Entró más dinero con la televisión, y por tanto el pellizco de cada uno era cada vez mayor. Y esto tenía que ser mediante regalos porque los presidentes de Federaciones no pueden ganar dinero con ellas", dijo Kistner en una entrevista con El Confidencial. "Vanuatu o Maldivas, que no tienen ligas de fútbol, ganan lo mismo que Francia o Argentina cada año. Por supuesto, los dirigentes de esos países están encantados, porque todo el dinero que reciben es para ellos y su único cometido es ir a Suiza cada cuatro años a votar. Y claro, ellos no tienen ningún tipo de interés en cambiar esta situación". Mucho menos Havelange, Dassler y Blatter, que fue entrando en el negocio desde bien pronto de la mano del propio Padrino.

La International Sport and Leisure

No era fácil mantener ese negocio a través de la propia FIFA, pues al ser una organización sin ánimo de lucro (que mueve miles de millones de euros, eso sí), no podía permitirse esos untes. De ahí que junto a Horst Dassler, hijo de Adi, creara la International Sport and Leisure (ISL), una empresa que tenía como objetivo gestionar los derechos de las competiciones deportivas. Fundada en 1982, la ISL se adueñó de los derechos de la FIFA, el COI y la IAAF y movió cientos de millones poco después de su inicio. Movía, según contaba Kistner, prácticamente el mismo dinero que toda la FIFA. Pero la empresa era inviable. Entraba mucho dinero, pero salía muchísimo más. "Pero es necesario que la ISL siga en el negocio a cualquier precio, pues es lo que les garantiza a los directivos de la FIFA que seguirán recibiendo sobornos", añade. Ese era el objetivo subterráneo.

"El 9 de marzo, el juez de lo criminal Marc Siegwart lanzó una bomba: solo entre 1989 y 2001 la ISL había gastado 156 millones de francos para sobornar a las federaciones deportivas", cuenta Kistner en su libro. Sin embargo, en ese año 2001, ISL quebró. Prácticamente todos sus gestores fueron judicializados, pero nadie tocó directamente a Havelange y a Blatter. Horst Dassler había muerto de cáncer en 1987. Havelange nunca ha sido judicializado por ninguno de los muchos delitos que cometió. Murió en paz, en su hogar, Río de Janeiro, a los 100 años. Blatter, sin embargo, no ha tenido tanta suerte.

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