06/06/2012
(06:00h)
“Murió haciendo lo que más le gustaba”. Palabras que son comunes oírlas ante el fallecimiento de algún deportista mientras realizaba su actividad laboral. En Fórmula 1, entre la lista de pilotos perecidos estando en activo hay uno que no puede ajustarse a la mencionada frase: Gunnar Nilsson. El sueco, a sus 29 años, no se estampó contra ningún muro u otro monoplaza, sino 'frente' a un cáncer testicular. Murió en la cama, no en la pista. Este martes se cumplieron 35 años de su única victoria. Tuvo lugar a los mandos de un Lotus y en el mítico trazado de Zolder.
Más que para la Fórmula 1, supuso un golpe muy duro para Suecia. El país escandinavo perdió a sus dos mejores pilotos en apenas 39 días. Primero fue Ronnie Peterson -tras complicaciones y mala atención en un accidente en el GP de Italia de 1978- y poco después Nilsson. Aquél el héroe de este. Ambos compatriotas pero, sobre todo, unos grandes amigos que se marcharon prácticamente a la vez, tan unidos como cuando formaban parte del mundial de marcas y sus apellidos compartían espacio en un BMW a mediados de los setenta.
Peterson se fue a toda velocidad mientras que Gunnar, cuando tomó conciencia de su enfermedad, parecía ya encontrarse con su monoplaza en un callejón sin salida y sin marcha atrás. Es un caso extraño, inusual, particular, porque cuando un piloto en activo ‘cruza’ definitivamente la meta es a causa de una acción en el asfalto, como la de su amigo Peterson (poco antes, Lauda también sufrió su famoso accidente en el que casi pierde la vida).
Hoy en día, Nilsson hubiera tenido más armas para luchar
La lucha de Nilsson fue más allá de los circuitos y sólo duró seis meses (desde que se la detectaron). Es una enfermedad por la que, recientemente, han pasado otros deportistas como Lance Armstrong, José Francisco Molina, Sergio Aragoneses, Luboslav Penev, ‘Mono’ Burgos, Arjen Robben… todos la superaron y continuaron sus carreras profesionales. La atención médica en el deporte de élite ha evolucionado.
Los años setenta eran distintos. Tanto que al deportista en cuestión, en este caso Nilsson, se le podía ver apurar su cigarrillo antes de montarse a un bólido. Al contrario que hubiera ocurrido en la actualidad, el piloto sueco no disponía de un médico personal encargado de revisar con una lupa su salud. Fue su propio compañero de escudería, Mario Andretti, el que le recomendó que fuera al doctor tras reconocerle que le fallaban las fuerzas durante una prueba. Un diagnóstico que llegó demasiado tarde.
El talento de Nilsson disputó 31 carreras en Fórmula 1, la mejor de todas ocurrió hace 35. En 1976 acabó décimo del campeonato y en 1977, octavo. Además de esa victoria, el de Helsingborg se subió tres veces más al podio, todas como tercer clasificado. El último de ellos llegó en Silverstone, un mes después de su triunfo en Bélgica. A partir de entonces, su energía comenzó a diluirse y contó por retiradas las siete carreras posteriores, sus últimas participaciones.
Sin fuerzas para aupar a su amigo Ronnie
En 1978 fichó por Arrows aunque ya no disputaría ninguna carrera. Su lugar en Lotus lo ocupó su amigo Peterson, a quien iba a visitar en los grandes premios para darle ánimos y desearle suerte… hasta su fatídico accidente en Monza. El corazón de Nilsson dio un vuelco y en su retina permanecerían imágenes de afecto que rara vez se ve en dos rivales sobre la pista. El último adiós de Gunnar a Peter no fue como él hubiera querido ya que sus fuerzas no le dejaron levantar el ataúd donde reposaba su amigo. James Hunt y Emerson Fittipaldi ocuparon su lugar dando muestras de afecto a un desolado Nilsson.
Un mes más tarde, Gunnar tomaría la misma carretera que su amigo Peter. La pareja de pilotos que un día desafió la arraigada tradición de los rallyes de su país, dejaron en listón muy alto aquella tarde de 1977 en Spa. Un primer puesto, un tercero y dos banderas suecas ondeando en el podio belga… algo de otra época, de un día como el de ayer hace 35 años.
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COMENTARIOS
1mayhem 06/06/2012 | 12:13
Magnífico y emotivo artículo!
No tuve ocasión de ver competir a ninguno de estos dos grandes pilotos suecos, pero he leído grandes artículos sobre el incomparable Peterson, como su gabalgada en Montjuic el año 73, donde una caja de cambios defectuosa le apeó de una merecidísima 1ª victoria, o como cruzaba su Lotus 72 en el antiguo y rapidísimo Silverstone...
Nilsson no tuvo ocasión de protagonizar tantas gestas, pero de no haber sido por la fatídica enfermedad, también se habría convertido en uno de los grandes -el Arrows FA1 estuvo a punto de ganar en Kyalami con Patresse en el 78-.
Descansen en paz!
Un pequeño apunte: el GP de Bélgica del año 77 se corrión en Zolder, en la misma pista en la cual 5 años más tarde partiría para siempre otro grande de este deporte: Gilles Villeneuve.