EL ASTURIANO LE ESTÁ GANANDO CON FIRMEZA

La pesadilla de Vandoorne, el temor de Alonso que aún ni le mete el susto

Vandoorne tiene un talento mayúsculo, pero aún ni ha pasado de la Q1 y ya le han dado un 'tirón de orejas'. De momento está lejos de inquietar a Alonso, mucho más inspirado con el MCL32

Foto: Vandoorne, dentro de su box en el GP de España. (EFE)
Vandoorne, dentro de su box en el GP de España. (EFE)

Todos los sábados tras la sesión clasificatoria, McLaren-Honda organiza una rueda de prensa que suele congregar, como mucho, a unos veinte periodistas. La que organizaron el 3 de septiembre de 2016 aunó a algo más del doble, incluyendo expilotos y personalidades del paddock. Chocaba ver un ambiente tan cargado para una simple conferencia, hasta que todo cobró sentido cuando salió Jenson Button a anunciar su adiós a la Fórmula 1 y presentó en público a su ‘sucesor’, Stoffel Vandoorne, un diamante en bruto del automovilismo. La expectación era máxima, con Alonso presente en escena.

El perfil de Vandoorne era calcado al de Lewis Hamilton en 2007: un piloto joven con talento que había ganado con autoridad la GP2 y llegaba a McLaren para inquietar a Alonso. Y la pregunta fue inevitable. “Fernando, ¿por qué crees que no va a haber otro choque con Stoffel como hubo aquel año?”, le inquirió un periodista. “Bueno, ¡porque no es inglés!”, fue la sagaz respuesta del asturiano. Pero detrás de las carcajadas se escondía cierto temor a vivir algo parecido. Y es que Vandoorne venía de arrasar en todas las categorías.

En aquel momento, Vandoorne hablaba ilusionado de su debut. Diez meses después, lo hace sumido a una frustración impropia de alguien que había batido algunos récords de Hamilton antes de llegar a la F1. Lo que antes era un sueño se ha convertido en una pesadilla que incluye un cóctel de mala suerte, problemas de fiabilidad y una superioridad abrumadora de Alonso. Hay quien se pregunta si se recuperará de este golpe psicológico.

Un debut trastocado desde febrero

La odisea de Vandoorne empezó en los test invernales, cuando los problemas de Honda le impidieron hacer algo trascendental como debutante, y más aún ante un nuevo reglamento: acumular kilómetros en pista. En Australia, tras acabar 13º, aún parecía acordarse de ello. “Con este coche, estamos corriendo en otra categoría”, dijo con la experiencia reciente de la Super Fórmula japonesa, donde corrió en 2016. Fue un mensaje duro que recordaba al “motor de GP2” que Alonso soltó años atrás. Quién iba a imaginar que aquel sería hasta ahora su mejor resultado de esta temporada.

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Si en China ya se retiró por un problema en el motor, en Baréin llegó la guinda cuando ni siquiera tomó la salida. Poco después, de nuevo al estilo Alonso con el pádel, se fue al gimnasio para no perder el tiempo. “Es muy decepcionante que te ocurra esto cuando te preparas tanto físicamente para la carrera. Al menos así pude sacar mi frustración, desveló a ‘Movistar’, sin ocultar que la situación también empezaba a trastocar la ilusión con la que había aterrizado en la Fórmula 1. Ver a otros ‘rookies’ con menos talento como Lance Stroll sin haber puntuado aún con un Williams pudo ser otra sustancia letal en el cóctel.

El golpe definitivo llegó el pasado sábado, cuando quedó último en la Q1 de España y Alonso brilló con un séptimo puesto. Lo peor fue la sensación de haber hecho una vuelta perfecta, algo que puso aún más en valor la gesta del asturiano. “No tengo ninguna explicación”, dijo aquel día. Y no sólo no ha conseguido aún pasar a una Q2, sino que su falta de comodidad con el coche le hace tener un ritmo de carrera descafeinado, a veces hasta peor que los Sauber. Con el talento en la ecuación, su caso es una mezcla de drama y esperanza que requiere todavía varias dosis de paciencia.

Primer tirón de orejas: ¿qué le pasa?

Cuando un debutante no consigue ganar a su compañero, más aún si es un campeón, a veces ocurre por obsesionarse con ganar la batalla interna y desatender otros factores. Le ocurrió a Hamilton en 2007, pero no parece el caso Vandoorne. “Sería un error centrarme sólo en Alonso. Mi objetivo es no cometer errores”, dijo en invierno. Va camino de conseguirlo y muchos le siguen elogiando por su buena interacción con los ingenieros, pero ya ha recibido algún tirón de orejas que cierne dudas sobre su desempeño personal.

“Vandoorne está acostumbrado a frenar muy tarde y entrar a la curva con los frenos, pero la F1 es diferente. Tiene que cambiar su estilo de pilotaje, estoy seguro de que lo conseguirá”, le dijo Éric Boullier tras el GP de España, donde golpeó a Felipe Massa tras entrar con demasiado optimismo a la primera curva. Que sea un incidente aislado o una muestra de cómo le está afectando su situación empezará a verse en Mónaco, donde tendrá que lidiar con Jenson Button, otro campeón del mundo. Su camino en la F1 no soporta ningún respiro.

“Que Alonso esté en Q3 demuestra que vamos en la buena dirección”, decía el sábado en un alarde de optimismo, quizá sabiendo que emular su gesta será posible cuando el motor le dé una tregua para empezar a encontrar su propio espacio. Será ahí donde tendrá que cumplir con el mínimo de pasar de la Q1 y explotar su talento en la zona media. Lo consiguió con creces cuando sustituyó a Alonso en Baréin 2016, donde se arriesgó con buenos adelantamientos y acabó en los puntos. Con tal antecedente, no habría excusas para no dar otro paso hacia adelante.

Que su éxito sea una cuestión de ‘afinar la maquinaria’ lo sugiere su talento y profesionalidad, pero confirmarlo requerirá aunar todas las piezas en un deporte siempre impredecible. La cadena holandesa 'Ziggo' preguntó a Alonso si Vandoorne había sido su mejor compañero hasta ahora, algo que negó con rotundidad. Aún lejos de emular a Hamilton, que le puso todo el año en aprietos, sus parecidos se han quedado, de momento, en la GP2.

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