UNA RIVALIDAD CAMINO DE SER RECORDADA

Hamilton se vuelve 'abstemio' y Vettel 'trasnochador' para ganar la batalla en pista

La batalla entre Hamilton y Vettel es como un juego de niños que cautiva a ambos. No sólo se juega en pista, sino también en la psicología, donde ambos están forjando sus respectivas leyendas

Foto: Hamilton y Vettel se funden en un abrazo tras el GP de España. (EFE)
Hamilton y Vettel se funden en un abrazo tras el GP de España. (EFE)

Avanzaron 100 metros en el GP de España y ya giraban las cabezas para mirarse. Cara a cara, rueda a rueda. Los dos ‘héroes’ del campeonato. Lewis Hamilton y Sebastian Vettel. No se quitan la vista en ningún momento. Hamilton estaba perdiendo el liderato, lo sabía, pero seguía mirándole. Lo mismo Vettel, que no respiró tranquilo hasta llegar a la primera curva. No se fían uno del otro, porque su rifirrafe engloba un cóctel de talento que intimida a cualquiera y llevaba haciendo falta desde hace años​. Al acabar la carrera, se fundieron en un abrazo que resumía esta nueva Fórmula 1: pasión, igualdad y competitividad al máximo. La magia ha vuelto.

“¿Será un año épico?”, se preguntaba el Twitter de la F1 en Australia, cuando Vettel y Hamilton libraron un primer pulso que dejaba ganas de más. A este deporte le faltaba una batalla digna de adicción como las series de Netflix. De esas que mantienen en vilo a sus seguidores, expectantes por saber qué ocurrirá en el próximo capítulo. Por una banda está Hamilton, el ‘abstemio’ que ha renunciado a beber agua en las carreras para que el coche pese lo menos posible y corra más. Por otro Vettel, el ‘loco’ que se queda a trabajar con sus mecánicos hasta la madrugada. Es una historia de sacrificios, forjada por dos héroes que quieren alcanzar la gloria con dos armas distintas, una de ingeniería alemana y otra de pasión italiana. Nunca hubo una pugna así.

Detalles que forjan el talento

Que Hamilton no beba y Vettel arrastre ojeras son simples muestras de todo lo qué están dispuestos a soportar para ganar este título, que enfrenta a dos de los mejores pilotos de esta generación. Sólo los grandes tienen gestos así, como en su día Michael Schumacher con sus horas ingentes de gimnasio o Fernando Alonso y su 'locura' de la Indy. “¿Te imaginas si Alonso y Verstappen estuvieran en la batalla?”, se preguntaban algunos en Montmeló. Pero quizá ni haga falta para estar ante una de las pugnas que pueden convertir 2017 en una temporada para el eterno recuerdo en la Fórmula 1.

Lo único que une a Hamilton y Vettel es su sed de victoria, por mucho que haga falta escatimar en agua para conseguirlo. En el resto, son dos personajes antagónicos. Lewis Hamilton, tricampeón, rey de la excentricidad, las joyas brillantes y dueño de una agresividad innata con tintes de niño travieso.

Al otro lado, Sebastian Vettel, tetracampeón, el alemán cuadriculado y discreto, bajo una vida alejada de los focos y una dedicación casi enfermiza a su equipo. Han pasado 10 años para que ambos tengan una batalla cuerpo a cuerpo en tensión máxima, pero la espera ha merecido la pena.

La batalla psicológica

Si van camino de jugarse este título es por cómo sacan petróleo a cualquier situación. Alonso se conoce bien esta historia. Una de las claves es mantener la calma. Vettel lo aprendió en Australia, donde ganó manteniéndose en pista durante varias vueltas, sin el temor de que Hamilton le batiera con mejores neumáticos. Ayer en España, Hamilton le devolvió la partida con una jugada similar: en vez de parar, se mantuvo estoico confiando en su talento innato al volante. Con dos habilidades tan difíciles de comparar, la batalla es casi más psicológica por ver quién aguanta más los envites del otro. Y ambos lo disfrutan como dos niños pequeños.

“Me está encantando esta batalla”, decía Hamilton en España, donde hizo hincapié en todo lo que le motiva luchar contra un tetracampeón después de tantos años enfrascado con Rosberg, de perfil más bajo. Ahora ha vuelto a sacar lo mejor de su talento, al igual que Vettel, a quien no se le recordaba tan encendido desde su época en Red Bull. En Barcelona, hizo un adelantamiento al límite a Bottas que casi le lleva al muro. Recordó a las típicas maniobras agresivas de Nigel Mansell, pero fue un esfuerzo en balde. "No me gusta ser segundo", dijo con un inconformismo casi cortante.

En este frente también juega el trabajo en equipo. Ayer Bottas le hizo un gran favor a Hamilton frenando varias vueltas a Vettel, y la guinda llegó con un coche de seguridad que le vino como anillo al dedo. Para echarle un cable a Vettel faltaba ahí Kimi Raikkonen, retirado por un accidente. Cualquier mínimo detalle es decisivo, hasta cómo se adaptan al coche en los libres. Y en su primer ‘encontronazo’ en pista, Hamilton y Vettel dejaron ayer imágenes para el recuerdo. Se pegaron rueda a rueda, con un respeto absoluto digno de leyendas. El inglés se llevó el ‘gato al agua’, aunque nadie quiso conceder un ganador claro a este pulso. Por encima de todo quedaba la alegría por ver un nivel de pilotaje sobresaliente en ambos bandos.

Crecerse ante la adversidad, su gran arma

Pero para ganar las carreras, hace falta estar arriba incluso cuando la estrategia no va de cara. En Baréin, Hamilton estaba a diez segundos de Vettel y acabó metiéndole en apuros a base de talento con un coche que no le daba buenas sensaciones. Lo repitió ayer en Barcelona a modo de ‘boa constrictor’: no dejó que Vettel se escapara al principio, y con nervios de acero y una buena estrategia, le acorraló hasta devorarlo al final. Y Vettel tampoco se quedó corto: cuando ya iba segundo, le obligó a estar casi 10 vueltas en tensión constante pese a rodar con peores neumáticos. Son detalles de una batalla que implica una exigencia mental al alcance de pocos.

“Le he notado enfadado”, decía ayer Hamilton sobre Vettel. “Pero es normal: nunca estás contento acabando segundo”. Lewis lo sabe bien: si en Rusia parecía estar perdido, el nuevo coche de Mercedes le permite volver a tener consistencia al volante. Y en el otro bando, Vettel lo compensa con unas vueltas al límite en clasificación que le dejan muy pegado a Hamilton para no perder comba en la salida. En España, sin ir más lejos, al alemán casi se le para el motor en la Q1 y sólo un error le impidió conseguir la pole 45 minutos después. Y en carrera, sin agua, Hamilton tuvo que sacarse unas vueltas abrumadoras al final que le dejaron físicamente destrozado. El esfuerzo de cada uno es suficiente para eclipsar a Räikkönen y Bottas.

¿Durará el 'buen rollo' hasta el final?

La batalla es frenética, pero de momento hay ‘buen rollo’ entre ambos. Se abrazan y hasta bromean con su lucha. Lo que dure es ya una incógnita. “Si la batalla fuera en otra dirección, la cosa sería distinta”, decía Hamilton. Este domingo, sin ir más lejos, estuvieron a punto de tocarse. Y si ocurre, lo que Lewis describe como “una de mis batallas más duras” puede convertirse en un pulso extremo, quizá al nivel de la tensión con Alonso en 2007. Ahí tendrían la ventaja de jugar en bandos distintos. Entre Ferrari y Mercedes puede fraguarse una guerra civil en todos los frentes: técnica, deportiva y psicológica. Dado el caso, sus ‘guerreros’ estarían listos para abandonar esta complicidad, algo exacerbada por tratarse sólo de la quinta carrera. En Abu Dabi, los abrazos pueden convertirse en miradas cortantes.

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A favor de Hamilton juega un nuevo W08 hecho a medida de su estilo. De Vettel, un coche constante y rápido en todos los frentes. Y el patrón entre ellos es un brillo inigualable. A la pregunta del inicio, cabría esta respuesta de Hamilton. “Este domingo, sentí que tuve una batalla como la de Djokovic y Nadal". Si entre los dos tenistas han construido una rivalidad épica para el deporte mundial, Hamilton y Vettel van camino de igualarlo. España ha sido el feudo donde Nadal y Hamilton han ganado el último pulso, uno en Madrid y otro en Barcelona. A Vettel le bastará con no ser el Djokovic 'decadente' para que esta batalla también pase a la historia.

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