GANÓ CON CORVETTE LAS 12 HORAS DE SEBRING

Antonio García o cuando un piloto entra en trance: "Sigo incrédulo por lo que pudo pasar"

Antonio García ha conseguido este domingo una victoria tan especial como inesperada en las 12 Horas de Sebring con su Corvette. En una charla con El Confidencial intenta explicar por qué

Foto: Antonio García celebrando la victoria de Corvette en Sebring. (Foto: Twitter de Michelin Alley)
Antonio García celebrando la victoria de Corvette en Sebring. (Foto: Twitter de Michelin Alley)

“Yo mismo me he sorprendido de lo que he lleguado a hacer. Son esas tres horas por las que sigo incrédulo por lo que pudo pasar... Ahora recuerdo cada una de las vueltas, pero en ese instante estás metido en ese mundo y no sales de ahí”. Hay momentos en la vida de un piloto que resultan inexplicables, incomprensibles y que coquetean con lo irracional. A veces, la extrema concentración que experimenta en determinadas circunstancias un piloto le lleva a una “inesperada victoria”, como reconoce a El Confidencial el propio Antonio García, quien voló con su Corvette este fin de semana en las legendarias 12 Horas de Sebring. Alcanzó un estado físico y mental que han superado los límites que él conocía.

Su compañero de equipo Jan Magnussen le ha calificado de Superman”. Su jefe, Doug Fehan, señaló que había sido “una de sus mejores carreras y, desde luego, la mejor en Corvette”. ¿Opina lo mismo Antonio? “Puede ser. Es una de esas carreras… (para y piensa por un momento cómo explicar este episodio en el trazado de Florida). Los pilotos sabemos cuando rozamos los límites. Hice tres turnos y el último fue perfecto, en cuanto a ritmo y efectividad. Sí lo consideraría si no la mejor, una de los mejores. Tengo grabada alguna carrera ganada en el karting, mis primeras 24 Horas de Le Mans… Tengo momentos en mi carrera y de este me voy a acordar para siempre”.

Tres horas en el coche siempre al límite

Son “momentos” que se tildan de mágicos porque ni la telemetría o los datos pueden argumentar por qué el coche y piloto respondieron de esa manera durante tanto tiempo en pista. Tampoco contesta a la cuestión de, al contrario que en otras ocasiones, cómo se pudo exprimir tanto a su Corvette en ese último turno. “Para abrir al máximo las posibilidades de carrera el equipo trazó una estrategia para que yo corriese las últimas tres horas y pico… Y pensé que ni de suerte iba a poder hacerlo. Afortunadamente, Jan pudo alargar un poco su parada por una bandera amarilla y me subí al coche con 2:56 horas por delante, que sigue siendo una barbaridad para ser Sebring. Pero si queríamos intentar ganar era lo que teníamos que hacer”. Como pudo comprobar El Confidencial en directo, en la prueba anterior, la de Daytona, en Corvette tienen a Antonio García como su líder indiscutible y de entre sus tres pilotos a él le reservan los momentos que resultan más clave.

“Me subí en el coche y en ese momento estábamos en el grupo: tres Ford, un Porsche y un Ferrari. Yo era sexto. Salí, dimos unas diez vueltas de bandera verde y mi ingeniero de pista me dijo que estaba haciendo un segundo más rápido que otros rivales. A falta de 2:20h paramos en boxes y, a partir de ahí, lo di todo. No di tregua ni a Ferrari ni a los Ford. Si queríamos tener opciones a final de carrera teníamos que pasarles sabiendo que en Sebring es difícil adelantar”, narra García, quien adelantó en pista y también se aprovechó pinchazos y errores en boxes de los rivales.

“Fui yo el que agotó al resto”

“Fuimos batidos por un coche que sólo era más rápido de noche”, señaló Joey Hand, de Ford. Efectivamente, como continúa Antonio, “tres cuartas partes de la carrera la gané ahí. En la última hora el Ford y Porsche me lo pusieron muy difícil y no sé, estás tan concentrado que no sé cómo pasó. Fue la carrera perfecta. No les di ninguna opción. Venían apretando al máximo, pero conseguí aguantar… fui yo el que agotó al resto”. En un tono pausado, pensativo y todavía con esa sensación de no saber qué le había ocurrido, el madrileño cuenta su brutal experiencia a este periódico desde algún punto entre Sebring y Miami, ciudad donde cogerá un avión para regresar a casa.

Antes de comenzar “no sabía el potencial que teníamos” y, basándose en una correcta estrategia, surgió la chispa para lograr “una victoria inesperada para todo el mundo. No pensábamos tener ni de lejos el ritmo que teníamos para ganar”.

“La emoción vivida es bastante intensa”, concluye una conversación con García cuyas palabras recordaron a las famosas de Ayrton Senna en Mónaco 1988, cuando entró en trance y en “otra dimensión. Me di cuenta que estaba rodando demasiado rápido, no había el menor margen en absoluto. Cuando tuve esa sensación, levanté inmediatamente el pie. Me sentí en un nivel diferente. El circuito dejó de ser un circuito, sino un túnel de Armco (las barreras de protección) Y me dije: no vuelvas a salir, eres vulnerable…”. Como Senna, las tres horas de Antonio también tuvieron un punto de inconsciencia y de mística, aunque a diferencia del brasileño, el español sí logró entrar a meta en primera posición.

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