El eterno debate sobre si la Fórmula 1 es un deporte o un negocio saltó de nuevo a la palestra tras la primera carrera en Australia. Fue una prueba aburrida, en la que apenas se escuchaba el ruido de los motores, y donde las nuevas reglas técnicas han adquirido una desmesurada importancia. Entonces, surge la cuestión: ¿serán las próximas como la que vimos en Albert Park?

Cuando le preguntas a Bernie Ecclestone por las razones que han llevado al nuevo reglamento, te contesta con su pragmatismo habitual: “Atraer a nuevos fabricantes”. Confirma lo que muchos ya sabíamos: que la Fórmula 1 son carreras de coches donde la tecnología no es más que el reclamo para nuevas marcas. Vale, pero vayamos a cómo podría afectar al negocio que en el futuro tuviéramos más carreras como la de Australia.

Corrientes de opinión distintas

Hablando de ruido, el sonido de los monoplazas es el que más ha hecho, y no por las mejores razones. Los miles de aficionados que van a los circuitos pagan su entrada por ver un espectáculo, y parte de este es el estruendo especial de los motores. En muchos circuitos te daban tapones para los oídos con la entrada, y también el paquete de bienvenida al Paddock Club los incluye. Ahora, los nuevos motores han traído el silencio, lo que ha generado corrientes de opinión distintas. 

Por un lado están aquellos que piensan que la Fórmula 1 se tiene que adaptar a los nuevos tiempos y tener un paralelismo con la evolución de los coches de calle. En esta corriente están Toto Wolff, de Mercedes F1 Team, o Claire Williams, ambos motorizados por Mercedes, que ha aumentado su inversión en Fórmula 1 en vez de abandonarla precisamente con el argumento de “volverse verde”.

Ecclestone, sin embargo, está horrorizado con el nuevo sonido de los monoplazas. Pero sin duda el más crítico ha sido el promotor de la carrera en Melbourne, Ron Walker, alarmado por las consecuencias que a la larga pueden derivarse de esta caída de decibelios. Y cuando alguien como Walker avisa de las repercusiones que puede tener este cambio en el espectáculo, enciende las alarmas para otros promotores sobre la venta de entradas.

Algunos circuitos están asustados

No puedo estar más de acuerdo. Me consta que algunos circuitos están ahora asustados, no ya con la venta de entradas este año, sino también en los siguientes. Recordemos que la venta de localidades es la fundamental fuente de ingresos de los promotores. Cuando he tenido que enseñar a nuevos patrocinadores internacionales en qué consiste la Fórmula 1, el sonido de los monoplazas forma parte de cualquier presentación, es parte de su imagen de marca. Más de uno puede sentirse engañado y estafado. Esto no es una broma.

Cuando el Financial Times o The Wall Street Journal hablan de “farsa” o de deporte “roto” al referirse a la Fórmula 1, cabe plantearse cómo se están haciendo las cosas. El tema no es baladí y puede tener consecuencias graves. Si el producto se resiente, todo se resiente. Los grandes actores que intervienen en el mundo del entretenimiento y el deporte son conscientes de que la Fórmula 1 es cara, pero estas últimas decisiones pueden llevar a devaluarlo si no se corrigen. Y, en consecuencia, su precio cae.

Las televisiones, las grandes damnificadas

Por el lado de los circuitos, si la venta de entradas disminuye, habrá caída de ingresos para las arcas públicas, ya que son las que soportan financieramente las carreras en la mayoría de los circuitos. ¿Cómo le dices al Gobierno de Melbourne que en vez de los casi 50 millones de dólares anuales va a tener que poner otros quince? ¿Qué pasaría si el Circuito de Catalunya en vez de necesitar cinco millones de dólares de dinero público necesitara veinte?

Pero hay más. Los grandes damnificados pueden ser las televisiones. La pasada temporada confirmó que la Fórmula 1 no puede dormirse en los laureles, ya que las audiencias no están ni mucho menos aseguradas. Y carreras como la de Australia no ayudan a mejorarlas. Sin adelantamientos, sin luchas en carrera, sin espectáculo, así no se ganan mejores audiencias.

Pero el tema puede ser incluso peor para las televisiones de pago que están haciéndose con los derechos de Fórmula 1 en todo el mundo. Movistar, Fox, Sky y demás pueden ver cómo esos derechos firmados multianualmente caen en picado ante la pérdida de interés. Luego, se produce el efecto dominó con los patrocinadores y, a la postre, para los equipos.

'Sportainment', la regla de oro de Ecclestone

A mi juicio, todo lo que vaya en contra del espectáculo es perjudicial para el negocio y la Fórmula 1 en sí misma. La antigua discusión entre deporte y entretenimiento es un debate trasnochado y carente de sentido hoy en día. Hablamos de ‘Sportainment’, donde ambos van de la mano, son lo mismo. Porque hay competencia a nivel global entre los diferentes deportes, que tratan de atraer aficionados a sus estadios y hacer crecer las audiencias de televisión a base de espectáculo, y muchas veces en detrimento de otros. En este sentido, la Fórmula 1 ha sido un enorme éxito en las últimas décadas. Pero todo lo que contribuya a menguar su concepción como espectáculo irá en su perjuicio.

Mr. Ecclestone tiene clara la regla de oro de la Formula 1: “Estamos en el negocio del entretenimiento –explica–; la gente quiere ver una carrera, no logros técnicos”. Y tiene otra más: “No puedes hacer que una mala carrera parezca buena, así que hagamos lo que podamos para atraer el interés de la gente por las carreras”. Parece que esta nueva Fórmula 1 tendrá que ponerse manos a la obra para no matar a la gallina de los huevos de oro.