Una foto en ocasiones vale más que mil palabras. La escena en cuestión tuvo lugar en Gniewino en la tarde libre que Del Bosque concedió a sus jugadores después del partido ante Croacia. Bolera cercana al campo de entrenamiento y anexa a la sala de prensa desierta de periodistas. Hasta allí se acercaron hasta nueve futbolistas de 'La Roja'. Todo normal cuando la convivencia ya va para tres semanas. Lo que se sale de los esperado es la variedad de jugadores que acudieron a la cita con los boliches y que menos aún colgaran la foto en cuestión en las redes sociales. Allí estaban Valdés, Cesc, Iniesta, Sergio Ramos, Busquets, Jordi Alba, Silva, Juanfran y Navas, abrazados, mezclando equipos, escudos y entrenadores. Nada que ocultar. Normalidad total y absoluta.
Los internacionales españoles han querido tranquilidad desde el día que se concentraron en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, vestir de normalidad lo que meses atrás se tornaba en algo imposible. Xavi lo dijo nada más llegar a Polonia: "La llamada de Iker salvó algo que parecía perdido". A partir de esa llamada se consiguió rebajar la tensión que había entre jugadores de Real Madrid y Barcelona. Cierto es que en el día a día cada uno tira hacia sus compañeros de equipo, algo que es hasta normal, pero dar el paso de compartir horas de asueto lejos del hotel de concentración era algo que no se veía desde el Mundial de Sudáfrica donde tras cada partido que jugaban visitaban el restaurante Primi Piatti de Potchefstroom. Todos acudían a la cita y compartían mesa. Jugadores del Barcelona, del Real Madrid, Atlethic, Valencia... Era un ritual y el asunto funcionó a la perfección.
"Los jugadores están teniendo un comportamiento positivo. Había influencias externas que envenenaban la situación y había que recapacitar. Es un grupo maduro", ha acertado a decir el seleccionador desde Polonia cuando se ha hablado sobre la relación que existe entre los jugadores de los equipos que son los grandes rivales durante la temporada. Y es que los jugadores de Real Madrid y Barcelona han dado puerta a la crisis de identidad que llevó a que la tensión se cortara con un cuchillo un año atrás. La convivencia se ha tornado en perfecta o por lo menos como era con anterioridad a las escenas vividas en los clásicos de la campaña 2010-2011. Y el mejor ejemplo de ello es la foto que Sergio Ramos decidió publicar en su Twitter y en la que abraza a Busquets e Iniesta. Incluso alguno bromeaba sobre la foto: "Cómo vea la foto Mourinho...". Bromas que denotan que entre los campeones del mundo el buen rollo ha reaparecido, ha vuelto para no marcharse al menos hasta que termine la Eurocopa.

Del Bosque alzó la voz horas antes, reclamando un poco de alegría en la victoria. El seleccionador echó de menos que no se celebrara el pase como habían hecho los otros cinco equipos clasificados, es decir, abrazados y mostrando algo de júbilo por un éxito conseguido. Los propios jugadores lo consideraban como algo que entraba en el decálogo de obligaciones que firmaron antes de partir hacia Polonia y Ucrania. Para ellos, el pase a cuartos formaba parte de la normalidad que los jugadores quieren dar a todas las escenas de esta Eurocopa. No hay lugar para el debate. La Selección, el grupo ha alcanzado un grado de madurez que no tenía en torneos anteriores. Saben lo que quieren y la mejor manera para lograrlo: unidos, aislados del exterior y conviviendo de la mejor manera posible, partida de bolos incluida.