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Torres e Iniesta celebran uno de los goles de España (Efe).
José Félix Díaz 04/09/2010 (06:00h)
España, la campeona del mundo, cumplió anoche en Vaduz uno de los dos objetivos marcados para el doble compromiso ante Liechtenstein y Argentina. Uno de ellos era recuperar a Fernando Torres, jugador que terminó el Mundial bastante tocado en lo moral, con poca confianza y dañado físicamente. Capítulo cerrado. Y es que el delantero del Liverpool, titular ante el equipo centroeuropeo, volvió a demostrar que es un jugador importante en la Roja, que todavía tiene mucho que decir en esta selección. Diez minutos bastaron para que demostrara que se había vuelto a enchufar, que la crisis formaba parte de la historia. El otro gran objetivo no es otro que el de pasear la estrella de campeón del mundo en Buenos Aires en el Monumental y ante la albiceleste. Eso será el próximo martes.
Torres logró dos goles, el que derribó el muro de Liechtenstein y el de la tranquilidad definitiva y que suma el 26 con la selección, pero lo mejor que dejó el ex rojiblanco fueron las sensaciones que transmitió desde el primer minuto del partido. Participativo al máximo, se alejó de la imagen que ofreció en sus apariciones mundialistas. Las molestias que le impidieron estar a la altura en el Mundial, le llevó a comerse la cabeza más de la cuenta. La consecuencia, la escasa aportación al éxito español. Los dos goles del primer partido de la fase de clasificación para la Eurocopa, son la mejor terapia posible para su total recuperación.
Ganar a Liechtenstein era obligado y no hay que dar más mérito a la victoria, pero sí a la imagen, el hambre que demostró seguir teniendo la selección dirigida por Del Bosque. España cercó la portería de Jehle, un amigo por cierto, desde que el árbitro decidió iniciar el choque. Una, otra y así hasta el final. Poco importó que los goles fueran cayendo, que no bajaba la intensidad. Todos, del primero al último de los catorce jugadores que pisaron el Rheinpark, se entregaron a tope buscando los goles, gustarse y no defraudar a los millones de aficionados que estuvieron al lado de la Roja durante la Copa del Mundo.
La primera parte sirvió para confirmar que España tiene varios candidatos al Balón de Oro, tan de moda durante la semana. Ya sabemos que Mourinho apuesta por Snejider, pero el portugués está más que equivocado. Ante Liechtenstein y en cuarenta y cinco minutos, Xavi e Iniesta ofrecieron el repertorio que les llevó a ser considerado junto a Forlán de los mejores jugadores de la cita sudafricana. El mediocentro enseñó todo un repertorio de asistencias, quiebros, cambio de ritmo y engaños de todo tipo, vamos, lo que hizo en el Mundial. Además, tanto el uno como el otro corrieron como si enfrente estuviera la misma Holanda. Una vez más diez en actitud.
Al final fueron cuatro goles, pero lejos de ser el triste y aburrido partido de otras ocasiones cuando el rival es un don nadie en esto del fútbol, las ganas puestas por los jugadores, más la energía que llegó con la entrada de Cesc, Pedro y Silva, sirvieron para mantener la intensidad. En los minutos finales todos buscaron a Villa. Un segundo gol del azulgrana hubiera significado igualar a Raúl como máximo goleador de la selección con 44 tantos, pero el poste lo evitó en dos ocasiones, en la única pega al partido que España ofreció ante un grupo de amigos como es el que forman los internacionales del pequeño país centroeuropeo. La Roja sigue enchufada. Los campeones del mundo no se lo creen. Buena noticia.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
1 COMENTARIOS
1 .- Es evidente que la selección mejoraría notablemente si Raúl volviera a la selección y dejara en el banquillo a Villa.