se dedica a hacer entrevistas a famosos

Dopaje, mentiras y podcast: Armstrong se reinventa delante de un micrófono

Pasó de asombrar al mundo por sus gestas a decepcionar y convertirse en el mayor icono del dopaje mundial. Ahora busca reinstalar su imagen con un programa de radio en el que hace entrevistas

Foto: Armstrong, en la grabación de su podcast en su bodega de Austin (Facebook)
Armstrong, en la grabación de su podcast en su bodega de Austin (Facebook)

Chris Evert se sienta en una esquina de la mesa, pero no es ni de lejos la deportista más conocida en esta conversación. Al otro lado agarra el micrófono Lance Armstrong, que a diferencia de la gran estrella del tenis, no tiene la mejor imagen posible. Le acompañan los recuerdos, su peripecia vital es bien sabida. Fue un joven campeón del mundo, tuvo un cáncer durísimo del que consiguió salir para el asombro de todos, se convirtió en el mejor ciclista del mundo, ganó siete Tours de Francia y terminó cayendo a mayor velocidad de la esperada por la lacra que acompaña a su deporte: el dopaje. De hecho, si hay un icono de la trampa ese no es otro que Armstrong. Ahora, a su prolija historia, le suma también una nueva versión, la última reinvención: la de entrevistador estrella. 

Armstrong, el exciclista, quiere empezar de nuevo. Ha empezado una línea de productos deportivos y, por consejo de su agente, un podcast que cada semana se encuentra en la lista de los más descargados en Estados Unidos. El éxito está íntimamente ligado con el entrevistador, que siempre es más importante que el protagonista. No es el audio más interesante del mundo, le falta ritmo y fuerza, no es el más incisivo o lúcido haciendo preguntas. Pero es Lance Armstrong, y la mezcla de idolatría y morbo le convierte en un reclamo casi irresistible. 

Hay carraspeos, silencios incómodos y más tacos de los que una productora de cine aceptaría en cualquiera de sus películas. Armstrong, que no tiene mala voz, se dedica a preguntar lo que le pase por la cabeza en cada momento. Antes de la entrevista sitúa un pequeño discurso en el que cuenta de qué conoce al presonaje y cómo concertó la entrevista, además del lugar en la que esta se desarrolla, que en no pocas ocasiones es su casa de Aspen, Colorado, o la de Austin, Texas, dos mansiones. Su sitio favorito para estas intimidades es su bodega, repleta de vinos de primerísimo nivel. 

Marihuana y crianza de hijos

'The Forward' se llama el podcast, y el nombre no está poco pensado. Viene a decir que no quiere hablar del presente, sino del futuro. Evita en lo posible nombrar el ciclismo y, en realidad, el programa bien podría renombrarse como 'Yo y el mundo' ya que no es más que Lance Armstrong hablando de cosas y preguntando lo que en ese momento considera importante. Eso le lleva a terminar hablando con Evert de la custodia de los niños y la importancia de los padres en la educación o de yoga y relajación con Ricky Williams, uno de los mejores corredores de la historia de la NFL que terminó apartado de la liga por su incapacidad de dejar la marihuana. 

Su norma de hablar lo menos posible de su pasado se va al traste en uno de los capítulos más memorables de la serie, si es que se puede considerar en esa categoría a las grabaciones que realiza el exciclista. Es con Ben Foster, un actor como otros muchos que tiene la particularidad de haber interpretado a Lance Armstrong en la película 'The Progress'. A pesar de los múltiples intentos del intérprete, no se llegaron a conocer antes del rodaje de la película. El texano se negaba rotundamente a dialogar con cualquiera que quisiese revivir su historia, más aún en una película basada en un libro del periodista que más hizo por terminar cazándole. 

Pero el tiempo ha pasado y Lance pensó que podría ser un buen protagonista para su programa. Así que quedaron en Santa Fe y se fueron de copas. Esto también se cuenta en el prólogo del podcast, sin muchos detalles, pero los suficientes para que el exciclista vea importante decir que aún le dura el catarro de esa noche. Armstrong, eso nadie se lo negará, tiene cierta naturalidad para contar estas cosas. Ahora, por lo que se ve, son amigos. Y a eso ayuda que el propio Foster no esté muy convencido del resultado final de la película de Stephen Frears.

 

La documentación de Lance

Armstrong, profesional, hizo por ver la película antes de ponerse delante del micrófono. En el rato en el que estuvieron juntos, así como en la introducción, repite en varias ocasiones que había hecho, hasta ese momento, todo lo posible por no ver ni leer nada sobre su tema. "Yo ya sabía la historia, no necesitaba que nadie me la contase", afirma con afán el texano. También repite hasta la saciedad que él no es crítico de cine. "No lo soy, y por eso no os diré que el 90% de la película es mentira, porque no soy un crítico. Bueno, igual sí que os lo termino diciendo", entona el ciclista. 

"Yo sabía que querías hablar conmigo, pero yo no quería hablar contigo", le espeta en el principio de la entrevista. "Lo entiendo", concede Foster, que aprovecha para contar como a él le obsesionaba la necesidad de hablar con el protagonista -actor de método- pero que Stephen Frears siempre le respondía "yo no conocí a la Reina para hacer 'The Queen'". 

La conversación deriva, incontrolable, hacia el ciclismo, el esfuerzo y los muchos kilos que se tuvo que quitar Foster para subirse a la bicicleta y parecerse a Armstrong. El texano agradece la documentación, haber visto la película y, sobre todo, haber leído las entrevistas promocionales del actor, en las que defendía la actitud del exciclista. "Este tipo es mi jodido publicista", exclama el siete veces no-campeón del Tour de Francia. Empiezan hablando de la filantropía del héroe caído, esos 500 millones de dólares que destinó a la lucha contra el cáncer a golpe de pulseras amarillas. "Mucho de eso se ha olvidado, se ha desvanecido, es difícil para mí, pero está muy lejos de mi control", dice el verdadero protagonista del evento, que es siempre el propio Armstrong.

Lance Armstrong, en una carrera reciente en Iowa.
Lance Armstrong, en una carrera reciente en Iowa.

Hubiese hecho lo mismo

Foster, de hecho, está rendido a su entrevistador. "Yo hubiese hecho lo mismo, tiene sentido, había una cultura de ese tema y tú lo hiciste como el mejor", explica el actor, que se lamenta de que en la película se pinte a Armstrong como el villano. "Decir que Landis era el héroe... eso es imposible", refunfuña Armstrong por su lado, enfadado por el buen papel que tiene su excompañero y examigo, el delator.

El intérprete, empeñado como estaba en meterse en la piel del ídolo de pies de barro, llegó a doparse. Para experimentar y saber lo que le pasa al cuerpo humano cuando uno toma "un coctail de sustancias" como el que solía utilizar Armstrong. El exciclista bromea: "Ya sabes que una confesión vale lo mismo que un positivo, así que en dos años no puedes competir". Él, por supuesto, nunca pitó en un control y solo le pudieron pillar por las acusaciones de sus excompañeros y, finalmente, cuando todo estaba decidido, por la propia asunción de responsabilidad del texano. 

"Para mí es complicado, y no creo que a la gente le interese necesariamente escucharme hablar de cómo era el procedimiento estándar del dopaje, que desgraciadamente era el que era ¿Te gustaría verte envuelto en eso? De ninguna manera, pero sabías que era lo que había", explica Armstrong en el curioso capítulo de 'The Forward'. Se justifica solo a medias. Cuando hablan del documental que habla de su vida 'Lance Armstrong, la mentira', no se quita culpa. "Me gusta el título, porque es verdad, yo mentía". 

Raperos, políticos, actores, entrenadores universitarios, militares retirados, organizadores de carreras ciclistas, periodistas, promotores de boxeo... el universo de conocidos de Lance Armstrong es enorme, como también lo es la curiosidad del ídolo caído. Algún día, quizá, vaya Landis a un cara a cara. 

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