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Mauro Camoranesi en el día de su presentación en Alemania.
Víctor García.- 06/09/2010 (06:00h)
Mauro Camoranesi ha protagonizado este verano un episodio de amor-odio con el club donde ha jugado los últimos nueve años. La Juventus de Turín no contaba con él para la presente temporada y, directa e indirectamente, se lo hacía saber repetidamente. Cartas a su domicilio, entrenamientos a las siete de la mañana… ¿’mobbing’ o presión legal? Su salida ha sido uno de los culebrones del verano en Italia por las numerosas ofertas rechazadas. Incluso habiendo pasado un reconocimiento médico en Birmingham, también descartó jugar allí debido a la negativa de su pareja a vivir en una ciudad donde llueve tanto. Al final, su sitio está en Stuttgart y allí asegura sentirse bien.
Con una ficha de 2,6 millones anuales, a lo largo de su carrera ha ingresado más de 20 millones de euros. Campeón del mundo con Italia en 2006 a pesar de ser de Tandil (Buenos Aires, Argentina). Hasta su llegada a Turín en 2001, estaba acostumbrado a cambiar de aires con mucha frecuencia pues había jugado desde 1995 en Mar de Plata, México DF, Montevideo y Verona en seis equipos diferentes.
Tras casi una década defendiendo los colores de la Vecchia Signora, en invierno del pasado año se habló la posibilidad de regresar a su país de origen para defender los colores del River Plate. Ese fue el primer club que ha estado interesado en hacerse con sus servicios; después han preguntado por él el Saint-Etienne, Brescia, Trabzonspor, Birmingham y hasta el Hércules. Enrique Ortiz, máximo accionista del club alicantino, esperó una respuesta del italo-argentino 24 horas antes de que finalizase el periodo de fichajes. Al final, el objetivo por el que peleaba el Stuttgart y sus instalaciones deportivas hicieron decantarse a Mauro.
‘No contamos contigo para el año que viene, márchate’
No ha sido una labor fácil para el futbolista. A sus 33 años, deseaba permanecer en la Juventus y, con contrato en vigor, no tenía pensado hacer las maletas. El club comunicó al jugador de manera oficial que tenía que dejar el equipo a través de carta. En el buzón de su domicilio empezó a encontrar cada poco tiempo cartas con el escudo de la Juventus que venía a decir siempre lo mismo: ‘No contamos contigo para el año que viene, márchate’.
La entidad bianconera contrató a un agente para que le buscase una salida. Las ofertas no tardaron en llegar al futbolista que en Sudáfrica todavía defendía la camiseta italiana. Económicamente, la que más le hubiera interesado llegó desde Turquía. El campeón liguero de aquél país, el Trabzonspor, le quiso. Pero rechazó la oferta. Llegaron proposiciones de múltiples agentes diciendo que el Saint-Ettiene también estaba interesado y el Birmingham.
La Premier League la atrae y la oferta económica para el futbolista era de su agrado. Pasó el reconocimiento médico y sólo faltaba escribir su nombre en un papel, una firma. Justo antes de ese paso, a su pareja –Karina- le dio por navegar en internet para conocer qué le esperaba en Inglaterra: ‘ciudad con una intensa vida cultural, reconocidos museos, numerosos locales de vida nocturna y precipitaciones durante todo el año’. Este último punto fue la clave de que se rechazase esta buena oferta de trabajo. Adiós a la Premier y vuelta a empezar.
Muy cerca de jugar al lado de Trezeguet
En las oficinas del conjunto turinés empezaron a perder la paciencia y comenzaron a ponerle entrenamientos a horas poco razonables, las siete de la mañana. Camoranesi comprendió que definitivamente no podía estar mucho más en Italia. El Hércules le tentó con la Primer División, fichajes ambiciosos (como el de su ex compañero David Trezeguet) y un proyecto serio aunque ensombrecido por los supuestos amaños en su ascenso. El clima le gustó a su mujer. El Stuttgart era la otra posibilidad y cuando vio sus instalaciones se quedó prendado. Además, el hecho de jugar una liga también de primer nivel y seguir disputando partidos por Europa (Liga Europa) terminó por convencer al centrocampista.
Su representante, Sergio Fortunato, respiró tranquilo al ver la firma de su ‘cliente’ plasmada en la hoja del equipo germano y con un salario que ronda los 2 millones de euros. Posiblemente, Karina hubiera preferido aprender español antes que alemán, pero que sonase el despertador a las 6 am le hacía menos gracia que ver la lluvia a través del cristal de su bundescasa.
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