UN FILM QUE PRETENDE SER INSPIRADOR

"El único que no lloró grabando 'Son of the Congo' fue Ibaka"'

Esta es la historia de superación de Ibaka, un niño que se crió sin madre y por las calles de Brazzaville. "El baloncesto es un juego, cuando vengo a casa es la vida... ¡Es la vida!"

La expedición era de más de una docena de personas entre el propio Serge Ibaka, los encargados de realizar el film, algún empleado de la NBA y gente de confianza del jugador (hispano) congoleño. Conforme iban pasando estancias de aquel orfanato para 800 niños en Kinshasa, el número de la expedición se iba reduciendo poco a poco, a cuentagotas. El hombre occidental, sin estar preparado para ver aquello, no aguantaba la escena. Y se salía buscando que ninguno de esos niños -sin padres, enfermos, disminuidos psíquicos o con problemas físicos- viera cómo sus lágrimas recorrían su cara al poco tiempo de haber llegado. “Creo que el único que no lloró fue el propio Serge”, relata a El Confidencial Pere Gallego, de la agencia You First Sports, representante de Ibaka Ngobila Serge Jonas y un testigo directo del rodaje de ‘Son of the Congo’, el documental sobre el jugador de los Oklahoma City Thunder e internacional por España. Serge no lloró porque es uno de los suyos, un hijo del Congo.

Quizás la escena mencionada anteriormente no aparezca en la película, ya que Gallego asegura que prefiere ver el resultado final en el estreno del 14 de marzo en Austin, en el festival South by Southwest. Lo mismo ocurre con Ibaka, quiere emocionarse junto al público. Esta producción de la ESPN se podrá ver en abril a través de capítulos en la cadena norteamericana y en junio llegará a España.

Fichado con una venda en los ojos

El de Ibaka es un milagro provocado por un sueño. Se quedó sin madre cuando era pequeño y con un padre cuya mentalidad no cabe en un país occidental. Sin familia, Serge vivió una guerra civil y utilizó el baloncesto como medio de transporte hacia la esperanza. Durmió en la calle, comió lo que pudo -cuando pudo- y no desaprovechó la oportunidad que le brindaron la agencia de representación You First y el CB L’Hospitalet, quienes le ficharon del Interclub Brazzville sin saber si era blanco, negro, alto, bajo… le contrataron a ciegas por una recomendación. “Hay un chico muy bueno aquí, llévatelo”, comentó el exjugador ACB Anicet Lavodrama al representante Pere Gallego. Y You First, con diferentes acciones solidarias por África, aceptó la propuesta sin pensar que ese joven de 17 años llegaría a ser un importante jugador de la NBA.

Elegido por los Seattle Supersonics en primera ronda del draft de 2008, la primera vez que Serge pisó Estados Unidos fue en Las Vegas casi un par de años antes. Abrió la puerta de su dormitorio en un hotel normal -no lujoso- y comenzó a dar botes sobre su cama sin parar de reír. Parecía haber pisado Marte. Su incredulidad y sentimientos eran inversamente proporcionales a los de los miembros de la expedición occidental cuando el pasado verano rodaron la película en su país de procedencia y se encontraron una realidad impactante tras el cartel de “bienvenidos a África”.

Desde 2007, Ibaka realiza actividades junto a UNICEF tanto en la República del Congo (su país) como en la República Democrática del Congo. La organización, más que dinero para reconstruir y alimentar, le quiere a él. El baloncestista de 25 años representa la motivación, el sacrificio y el espíritu de superación. “No es lo mismo que a esos centenares de niños les diga una persona normal que debe trabajar y esforzarse para realizar su sueño a que se lo diga Ibaka. Debe aprovechar su efímera carrera profesional para concienciar al mayor volumen posible y exportar sus valores de superación a cualquier niño del mundo”, comenta Gallego. “En el documental Ibaka no siente pena ni lástima de los niños porque a todos ellos les comenta que él (Serge) estaba peor. Así que imagina una conversación con un niño occidental… Ibaka, en esta película, intenta que se valore la capacidad de superación, desterrar cualquier tipo de lamento y que se dé a conocer este país africano”.

“Hay que hacerlo porque esto sí es ser un All Star”

Y Serge es consciente de su cometido hasta tal punto que tiene la creencia de que su misión como jugador no es lograr el mayor número de rebotes, tapones o puntos, sino la de aportar la mayor esperanza posible para que los niños de su país salgan adelante y no permanezcan atrapados en un pozo. “Hay que hacerlo porque esto sí es ser un All Star”, repite a sus personas cercanas.

Además de un liderazgo moral, capaz de mover la conciencia de masas, el ala-pívot colabora económicamente para desarrollar grandes proyectos en temas de educación y una mejora del sistema sanitario, en el que se incluye la construcción de un hospital materno infantil (“hay que hacerlo porque esto sí que es ser un All Star”…). La película no sólo tiene un fin inspirador, también es una llamada de atención para que empresas occidentales se unan a la causa y se sientan también como un All Star. Por ejemplo, “en el caso del orfanato de 800 niños -Pediatrie di Kimbondo- que lleva un Padre uruguayo, Hugo, un Santo, el mantenimiento es de 1.600.000 dólares al año, de los cuales 500.000 se van en material médico”.

“100 niños a los que Serge habla: 100 motivados”

Por supuesto, también aporta su grano de arena en su deporte, y recientemente donó 300.000 euros para la reconstrucción de una cancha de baloncesto en Kinshasa. Pero, como ocurre en gran parte de África, el concepto de 'mantenimiento' es algo abstracto, de ahí que UNICEF apueste más por la persona, Serge, que por una cuenta bancaria made in NBA. “Si hay 100 niños a los que Serge habla, tenemos a 100 niños motivados”, indican desde la organización benéfica. Como apuntó Ibaka a la prensa cuando le preguntaron por qué realizó 'Son of the Congo', "en la vida todo es posible".

Serge tiene tres hermanos ("hermanos, hermanos"), Igor -también juega al baloncesto: se formó en el Bàsquet Manresa y jugará la próxima temporada en la universidad de Oklahoma State-, Rachina -vive con Serge en su casa- y Jenny -en Francia-. En 2010 tuvo una hija, aunque se enteró hace un año, ya que el padre de la madre le obligó a no comentar nada para que no afectase a su carrera. Otra de esas historias muy africanas presentes en este documental.

Desde el punto de vista del director, Adam Hootnick, el film no pretende crear un melodrama de lágrima fácil, sino reflejar una historia fuerte, difícil y de esperanza para las personas de aquí (Occidente) y de allá (África). A esta sensible cita acudirán las lágrimas y las sonrisas. Seguro.

Creyente hasta la médula, Ibaka no piensa que Dios le diera un don para jugar al baloncesto y hacer feliz a la gente de L’Hospitalet, Manresa, Oklahoma o España, sino que dicho don debe utilizarse para esta labor inspiradora (Serge Ibaka Foundation). “Creo que Dios me ha hecho jugador de baloncesto para hacer esto”. Ibaka, un ‘Son of the Congo’.

"El baloncesto es un juego, cuando vengo a casa es la vida... ¡Es la vida!".
Ibaka Ngobila Serge Jona.

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