Juan Antonio Samaranch cambió y modernizó el deporte español. Desde su presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) logró que Barcelona se convirtiera en ciudad olímpica, que cambiara su rol y pasara a ser la referencia española de cara al exterior. El deporte patrio se volvió competitivo y todo gracias a ese legendario "a la ville de Barcelona", que se escuchó ya hace 27 años y que salió de la boca de un hombre que convivió con el deporte hasta el 21 de abril de 2010.

Su influencia en la decisión y en otras posteriores fue total y absoluta, algo que los analistas olímpicos señalan como uno de los factores que más ha pesado para que Madrid fracasara en sus dos recientes intentos de hacer suyos los anillos olímpicos. Los miembros del Ejecutivo del COI se rendían ante la presencia de Samaranch. Casi sin querer, manejaba los momentos previos a la elección de cualquier sede olímpica con su simple presencia.

Todo cambió cuando Madrid se metió de lleno en la carrera olímpica. El fantasma de Barcelona 92 y la influencia que tuvo el que era el presidente en el momento de designación pesaban lo suyo. No se había olvidado. Ya no estaba en el sillón presidencial, pero los que saben del particular mundo del Comité Olímpico afirman que, más allá del sentimentalismo, su presencia jugaba en contra de la candidatura de la capital de España. No podían permitir unos segundos Juegos bajo la influencia del mismo dirigente, y la consecuencia llegó en forma de dos derrotas bajo unos criterios que sólo los miembros del Ejecutivo del COI pueden explicar.

Samarach manejaba el movimiento olímpico como pocos dirigentes han sido capaces de hacer, tal y como demuestran los 21 años que estuvo al frente del COI y los otros 10 en los que fue presidente de honor. Bajo su mando, el olimpismo dio un paso adelante, creció y amplió fronteras. Derribó muros y logró que los Juegos se alejaran de la política y de sus decisiones arbitrarias.

Bajo su gestión se revitalizó la importancia de una competición venida a menos. Entre sus logros quedan el eliminar la separación entre deporte amateur y profesional y el cambio de la gestión de los derechos televisivos. Además, consiguió dar la vuelta a una situación económica, cuando menos, preocupante.

Su hijo, Juan Antonio Samaranch Salisachs, fue la otra herencia que dejó al movimiento olímpico. Forma parte del Ejecutivo desde el mes de julio de 2012, aunque ya pertenecía al COI desde once años atrás. "Todo se decidirá en el último momento. La elección no está ganada, ni mucho menos". No hay que dejarse llevar por el entusiasmo, no exagerar, no cometer imprudencias y, sobre todo, no ofender nunca a los rivales", ha señalado desde Buenos Aires a dos días de una elección en la que no tendrá derecho a voto.