Si buscamos un referente dentro de la selección alemana en los últimos años, un jugador destaca por encima de todos: Michael Ballack. Líder indiscutible de una generación germana escasa de fútbol, el mediocentro se convirtió en la gran figura de Alemania, pero nunca llegó a convertirse en toda una leyenda al no poder consagrarse después de no lograr en toda su carrera un título internacional.
La historia de Ballack es, cuanto menos, curiosa. Jugador de gran clase, garra y pelea, siempre destacó por su gran olfato de gol sorprendiendo desde segunda línea -42 goles en 98 encuentros con su selección-. Sin embargo, y a pesar de ser un jugador básico con la selección alemana, el internacional nunca consiguió un título con Alemania, a pesar de haber disputado dos finales en sus once años en el equipo teutón.
Ballack se convirtió, junto a Oliver Kahn, en el líder indiscutible de una generación de futbolistas. Su reto era complicado, pues debía convertirse en el catalizador de un combinado que encontró en la figura del '13' a su verdadero referente. Igualar los logros de dos mitos como Franz Beckenbauer o Lothar Matthäus era su verdadero objetivo.
Sin embargo, aunque Ballack sí haya sumado numerosos títulos a nivel local nunca consiguió uno internacional que le permitiera alcanzar el nivel de sus dos predecesores. El último 'kaiser' de la selección alemana no ha podido levantar un título internacional, ni con el combinado nacional ni a nivel de clubes, un hecho poco común en un jugador de su clase, que no tuvo la fortuna de poder brillar en los partidos decisivos.
Este jueves Joachim Löw anunciaba que Ballack no volvería a jugar un partido con Alemania: "Después de sopesarlo mucho y hablar con él, creemos que es el momento de su adiós. Con él, el desarrollo del equipo nacional ha crecido de forma muy positiva. Creemos que a llegado el momento antes de la nueva temporada para dejar las posiciones claras", indicó el seleccionador nacional.
2002, el año en que lo perdió todo
Ballack debutó el 28 de abril de 1999 ante Escocia, un partido en el que Alemania perdería por 1 a 0. En aquellas fechas era una pieza clave del Kaiserslauten, y tras ganar la Bundesliga, pudo dar el salto al Bayer Leverkusen. Su primer contacto con la Eurocopa no sería nada fructífero, pues en el campeonato disputado en el 2000 en Holanda y Bélgica Alemania caería a las primeras de cambio.
Sin duda alguna, 2002 sería su peor año. El Leverkusen alcanzó la final de la Liga de Campeones y de la Copa de Alemania, títulos que perdió a manos del Real Madtid -con el famoso gol de Zinedine Zidane- y del Schalke 04, respectivamente. Por si fuera poco, no logró la Bundesliga después de perder en el último partido con un gol en propia meta del propio Ballack.
Sólo unos meses después de la gran catástrofe de la temporada, Ballack clasificaba a Alemania a la final del Mundial de 2002 gracias a un gran gol suyo. Pero una falta cometida minutos antes de su tanto le iba a costar la amarilla que iba a suponer una sanción que le impediría jugar el gran partido del campeonato. En la final Ronaldo iba a aplastar a Alemania para dar un nuevo título a Brasil.
Una lesión acabaría con su carrera en la selección
Tras un año nefasto, Ballack daba el salto al Bayern de Munich, donde conseguiría siete títulos -3 Bundesligas, 3 Copas de Alemania y 1 Copa de la Liga-. Sin embargo, a nivel internacional no iba a mejorar su suerte. Tras fracasar en la Eurocopa de 2004, en el Mundial de 2006, disputado en Alemania, la selección teutona caería ante Italia por 2 a 0, en un partido en el que Ballack se autoculparía por no poder cortar el pase del Pirlo a Grosso que supuso el primer gol de la a'zzurra'.
Al término de esa campaña Ballack ficharía por el Chelsea, donde engrosó su lista de títulos nacionales -1 Premier, 3 FA Cup, 1 Copa de la Liga y 1 Community Shield-. Y en 2008 volvería a vivir un trago amargo: perdería la final de la Champions ante el Manchester United con el famoso penalti de John Terry y la final de la Eurocopa ante España con el mágico gol de Fernando Torres.
Su suerte no iba a cambiar. Dos años después, Chelsea y Portsmouth disputaban la FA Cup, en la el ghanés Kevin-Prince Boateng -hermano de Jerome Boateng, internacional alemán- iba a realizar una dura entrada sobre Ballack que le iba a lesionar, impidiéndole disputar el Mundial de 2010. Seguro que no podía imaginar que Alemania iba a dar la talla y que ese iba a ser su fin con la selección alemana.