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EL REGRESO A EUSKADI DE LA VUELTA, TODO UN ÉXITO

La afición vasca da una lección y emociona a Euskaltel: "La paz está por encima de todo"

La afición vasca da una lección y emociona a Euskaltel: "La paz está por encima de todo"

El ciclista Igor Antón (Euskastel Euskadi), durante la subida al Vivero (Efe)

Carlos Matallanas / Agencias.-  10/09/2011  (06:00h)

La Vuelta Ciclista a España regresó este viernes a las carreteras vascas 33 años después, en una jornada sin incidentes, con el respaldo popular de miles de aficionados que llenaron las cunetas, sobre todo en el bilbaíno alto de El Vivero, y con el triunfo de un ciclista de la tierra, Igor Antón.

El gran apoyo de la afición vasca, una de las más importantes del ciclismo mundial, y la gran acogida que brindó a la tercer gran vuelta del calendario (reacción que superó cualquier especulación previa), emocionó a los miembros del Euskaltel-Euskadi, equipo de Antón.

Miguel Madariaga, manager general de este equipo, cuya sede está a una docena de kilómetros de la Gran Vía de Bilbao, lugar donde terminó esta histórica etapa, se mostró muy emocionado por el triunfo de su equipo y por la gran reacción de la gente. "Muchos no esperaban este recibimiento, pero yo sí me lo esperaba", aseguró a los micrófonos de Teledeporte una de las personalidades determinantes para que la Vuelta pasase de nuevo por carreteras vascas.

"La paz está por encima de todo", afirmó Madariaga para expresar su orgullo de que ningún incidente hubiera enturbiado lo que él describió como una fiesta del deporte y nada más. Euskaltel-Euskadi, con más de 3.000 socios, consiguió con la de ayer ganar en 2011 etapas en Tour, Giro y Vuelta. Ver las cunetas de las carreteras plagadas de maillots naranjas llegó a emocionar hasta al segundo clasificado del día, el italiano del Movistar Marzio Bruseghin. "Es un recuerdo que me llevo para toda la vida", dijo el transalpino.

Igor Antón por su parte, aseguró que se trataba de la victoria más importante de su vida. El vizcaíno sintió el aliento de sus paisanos, que pintaron con su nombre la ascensión de El Vivero, lugar donde sentenció la victoria de etapa. El de Galdácano afirmó que había conseguido resarcirse de no haber podido pelear por la general de la Vuelta gracias a este triunfo "en la capital mundial del ciclismo". 

Alguna reivindicación abertzale

La carrera entró al País Vasco por el alto de las Muñecas, desde la vecina Cantabria. Allí, entre los aficionados, la esperaban unos cincuenta miembros de diversos colectivos abertzales, como la plataforma por la oficialidad de las selecciones vascas Esait, y el veterano dirigente de la izquierda abertzale Tasio Erkizia, con pancartas para protestar por el paso de la Vuelta y otras que pedían el acercamiento de presos etarras a Euskadi.

Con un fuerte despliegue policial, no hubo ningún incidente en la entrada a Euskadi, e incluso hubo unánimes aplausos para el corredor del Euskaltel Igor Anton, escapado ya allí junto a otros tres ciclistas.

La apoteosis popular llegó en el alto de El Vivero, un puerto de cuatro kilómetros situado cerca de Bilbao, por el que los corredores pasaron dos veces.

El estrecho pasillo que dejaban los miles de aficionados recordaba a las grandes etapas del Tour, con los corredores de uno en uno y la multitud abriéndose a su paso.

Igor Anton, cuya localidad de nacimiento está situada al pie del alto, subió el puerto en volandas, escapado en solitario. Tras los kilómetros de bajada a la ciudad, la llegada a la meta, en la Gran Vía de Bilbao, fue un nuevo rugido popular. La calle principal de Bilbao estaba también llena, con miles de personas que jalearon a Antón y al resto de corredores.

Los aplausos ahogaron las reivindicaciones políticas

Pocos metros antes de la meta, en plena Gran Vía y al lado de las cámaras de TVE, se colocó un grupo bastante numeroso bajo una gran pancarta con el lema "Euskadi no es España" y "Libertad para Euskal Herria".

Allí, discretamente vigilados por efectivos de la Ertzaintza, corearon gritos en favor de la amnistía para los presos de ETA y de la independencia que, al paso de los ciclistas, han quedado ahogados por los aplausos y voces de ánimo de los aficionados, que han abarrotado todo el centro de Bilbao.

Una vez terminada la carrera, los manifestantes se dispersaron sin que la Ertzaintza comunicase ningún tipo de incidente.

Este sábado seguirá la fiesta, en la penúltima etapa de la Vuelta, entre la capital vizcaína y Vitoria, de 185 kilómetros, que circulará por las carreteras de las tres provincias vascas e incluirá la ascensión al histórico Urkiola.

 

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