¿Cuál es la cualidad principal que un equipo de Fórmula 1 busca en un piloto? A bocajarro, muchos contestaríamos que una especial habilidad al volante. Lógico, ¿no? Sin embargo, parece que en el presente, aún siendo una condición imprescindible, nuestra respuesta no encabezaría el listado que perfila al piloto ideal.
Carolynn Hoy, responsable del programa británico de jóvenes talentos Formula Kart Stars, le hizo la pregunta a Christian Horner como partícipe de un programa que ha analizado decenas de potenciales talentos en la última década. ¿Y cuál fue la respuesta? "Los equipos buscan cada vez más pilotos con un alto nivel de educación -idealmente, en física, química y matemáticas-, porque tienen que escuchar a los ingenieros, y entender lo que escuchan para luego rendir conforme a ello".
Mejor el ingeniero para el 'cohete'
Educación e inteligencia, en primer lugar, para digerir y procesar un enorme caudal de información técnica. Bien, sigamos, porque Horner añadía un segundo rasgo. "Tienen que entender cómo un monoplaza está construido, cómo funciona, y por qué". Es decir, comprensión y experiencia técnica con el coche… ¿Y dónde queda, entonces, el talento al volante? "El karting es importante como experiencia, pero un piloto entre los cinco primeros está bien, no tienen que ser ganadores de campeonatos…".
Para Horner, es evidente que la clave reside en contar con un Adrian Newey que diseñe el 'cohete' para que, luego, el astronauta sepa activar el protocolo de despegue. Es una simplificación, obviamente, porque Horner y compañía siempre se pelearán por los Vettel, Alonso y Hamilton. Pero el 'team manager' británico delataba con su respuesta la mayor relevancia del factor técnico sobre el humano, y cómo el talento al volante parece subordinarse a determinadas cualidades intelectuales que permitan afrontar la complejidad de la Fórmula 1 actual.
Cuando fallar en un solo cambio rompía el motor
"Cambiar de marcha adecuadamente era parte del hecho ser un piloto de carreras", explicaba antes de fallecer en accidente el italiano Michele Alboreto. "Podías presionar a alguien para que fallara un cambio, y quizás reventara con ello el motor. Los buenos pilotos de verdad no lo hacían. Pero ahora nadie falla un cambio, porque imposible". Palabras que hoy se antojan caducas, pero que alimentaban no hace mucho tiempo el debate sobre la evolución de la Fórmula 1. Hoy, nos parece normal que un piloto utilice la electrónica al cambiar. Con Fangio, Clark, Stewart o Fittipaldi era tan impensable como jugar al fútbol sin botas.
En estos últimos años, y especialmente en 2011, se ha ido incluso más lejos. Hoy Alboreto y Senna se revolverían en sus tumbas ante la presencia del DSR (el alerón móvil) y el Kers como sistemas de adelantamiento. Senna, quien mandó en su día una carta a Max Mosley pidiéndole que la electrónica no asfixiara la Fórmula 1. Y un 'clásico' como Jacques Villeneuve se llevaba recientemente las manos a la cabeza: "Todo lo que vimos en Sepang es el DSR activado y el coche de detrás pasando fácilmente, como si fuera una autopista. ¿Qué se supone que debemos decir?", declaraba el campeón del mundo de 1997. "¡Ooohh, mira!, ha accionado un botón y ha adelantado a alguien… Esto no es adelantamiento, y tampoco un gran espectáculo".
Es inútil reincidir en el enorme condicionamiento técnico de la Fórmula 1. Pero cabe plantearse hasta qué punto el talento natural ha cedido terreno ante el dominio de la técnica en la evolución de la disciplina. Como el hombre del Neandertal, al que la selección natural y la lucha por la supervivencia le exigían condiciones físicas y psicológicas muy diferentes a las del neoyorkino que hoy trabaja en Wall Street. Como un piloto de Fórmula 1 del pasado y otro del presente.
Algo más que inteligencia, algo más que 'manos'
Hoy, con la completísima pirámide automovilística internacional disponible, los jóvenes cachorros por los que se preocupaba Carolyn Hoy tienen la oportunidad de formarse como no lo hacían los Clark, Stewart, Lauda, Hunt, aquellos pilotos que no podían fallar un solo cambio "porque rompían el motor". Lo que nos lleva a otro debate sobre si los pilotos del presente nacen o 'se hacen', que podemos dejar abierto a la aportación de nuestros lectores.
Sin embargo, al financiero neoyorkino también se le exige un arco muy amplio de cualidades. A las añadidas por Christian Horner, se podrían añadir otras varias. Por ejemplo, una excepcional condición física. Un piloto en carrera actualmente trabaja a un nivel de entre 13 y 15 METs, (unidad de medición metabólica), un grado similar al del maratoniano de élite en los Juegos Olímpicos. Lograr dicha condición física puede estar al alcance de muchos, lo que no significa que resulte sencillo. Y algunas figuras muy conocidas no han estado dispuestas a ello.
Un piloto de élite también requerirá un brutal afán competitivo y ganador, casi de naturaleza patológica, de la que nazca la motivación para afrontar la presión y las cargas de trabajo actuales. Igualmente, la Fórmula 1 requiere una personalidad enormemente asertiva, con una formidable capacidad de liderazgo -aquí, radica una de las principales diferencias entre Massa y Alonso, por ejemplo, volante aparte-, y con habilidades emocionales suficientes para defenderse en el 'Club de la Piraña' que nada en las 'aguas políticas' de la Fórmula 1. Sin olvidar la enorme presión mediática y la vertiente de relaciones públicas que un piloto actual ha de asumir.
En definitiva, lejos quedan aquellos tiempos en los que el inefable James Hunt daba dos vueltas -literalmente- con su monoplaza en unos entrenamientos privados, y se bajaba de su coche para 'echar' un cigarrillo. Ya saben, como aquel hombre del Neandertal…