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'No sé decir adiós': cómo enfrentarse a la muerte del padre

Lino Escalera debuta en el largometraje con una historia intimista, efectiva sin efectismos, y una mirada muy personal

Foto: Juan Diego, Nathalie Poza y Lola Dueñas protagonizan 'No sé decir adiós'.
Juan Diego, Nathalie Poza y Lola Dueñas protagonizan 'No sé decir adiós'.

En la ópera prima de Lino Escalera, 'No sé decir adiós', uno tiene la sensación de que el cielo siempre está nublado y hace frío. Esa sensación de colores grises y ambiente desangelado, como de vida en suspensión y sentimientos en sordina, y a la vez de primeros planos y espacios cerrados, esos que sirven para encapsular una pequeña cotidianidad que acaba condensando las profundidades abisales del ser humano. 'No sé decir adiós' es una película de contradicciones tanto dentro como fuera de la pantalla, una historia sin aparentes pretensiones, despojada, que retrata la esencia pura del miedo más primordial: el miedo a la muerte. Propia y ajena. Sin excesivos dramas, con resignación. Un proyecto pequeño que acabó siendo una de las selecciones más destacadas del pasado Festival de Málaga, de donde se llevó cuatro estatuillas, entre ellas la del premio especial del jurado.

En un guion coescrito junto a Pablo Remón —nominado al Goya a mejor cortometraje en 2015—, Escalera se acerca al duelo previo a una muerte anunciada y a las diferentes formas de lidiar con él, de afrontar una realidad amarga e inevitable. Y lo hace desde la cercanía y la intimidad de unos personajes contenidos, casi secos, extrayendo la filosofía de la rutina más aparentemente anodina de un padre y sus dos hijas, un contexto que le sirve también para indagar en los mimbres que conforman la familia y que se vuelven más palpables en los momentos de crisis.

Escalera se acerca al duelo previo a una muerte anunciada y a las diferentes formas de lidiar con él

José Luis (Juan Diego) se gana la vida como profesor de autoescuela en un pueblo del sur de España. Su hija Blanca (Lola Dueñas) decidió quedarse en el pueblo y formar su propia familia. Su otra hija, Carla (Nathalie Poza), optó por marcharse a trabajar a Barcelona, donde se ha convertido en una mujer con éxito en los negocios pero alejada de la vida familiar, sin ejercer de hija, sin tener pareja y sin ser madre. Después de un tiempo distanciados, la frágil salud de su padre obliga a Carla a volver a su pueblo. Lo que en principio parecía una reunión por compromiso acaba trastocando la vida de todos ellos en el momento en el que a José Luis le diagnostican un cáncer terminal.

Juan Diego es José Luis en 'No sé decir adiós'.
Juan Diego es José Luis en 'No sé decir adiós'.

Mientras José Luis parece querer mantenerse al margen e ignorar su situación —la digestión de la noticia va por dentro—, las dos hermanas reaccionan de forma totalmente antagónica al inminente fallecimiento de su padre y a la decisión que deben tomar entre las dos: cuidados paliativos para mejorar la calidad del escaso tiempo de vida que le queda a su padre o seguir con un tratamiento de quimioterapia agresivo que será estéril y le hará sufrir. Carla se aferra a la negación y lucha ciega y vehementemente contra la certeza de que hay cosas que se escapan a su control, mientras que Blanca, mucho más pragmática, acepta el desenlace y se prepara para el día después.

Cada vez que la muerte se manifiesta en nuestro entorno trae consigo el recordatorio de que a todos nos aguarda el mismo final

Además, cada vez que la muerte se manifiesta en nuestro entorno trae consigo el recordatorio de que a todos nos aguarda el mismo final. Y en 'No sé decir adiós', la enfermedad del padre también obliga a las hermanas a hacer balance no solo de su relación con él, sino también sobre cómo han vivido sus propias vidas, sobre cuáles son sus deseos y sus frustraciones. Blanca se debate entre el conformismo y el idealismo de recuperar una ilusión que abandonó cuando apostó por quedarse en el pueblo y dejarse llevar por una vida cómoda. Ni siquiera sabe si quiere a su marido lo suficiente; bueno, sí lo sabe. Carla, quien además tiene un problema de adicciones, exorciza su dolor —tanto ante la pérdida como ante el desengaño— a través de la ira: cada vez que se ve superada se deja llevar por un comportamiento errático y violento.

Imagen de 'No sé decir adiós'.
Imagen de 'No sé decir adiós'.

Esa disección sin patetismo del instinto de supervivencia, desde la sobriedad, es el mejor valor de una película con una historia sencilla y efectiva y unas grandes interpretaciones, en particular la de una Nathalie Poza que consigue un equilibrio perfecto y difícil, sin dejarse arrastrar por el extremismo de su personaje. Al final, a pesar de su carácter hostil —"dice Nacho que lo que pasa es que eres mala y punto. A lo mejor tiene razón", le dice el personaje de Lola Dueñas—, es posible llegar a empatizar con una mujer sufriente, una vez que quedan al descubierto sus mecanismos de defensa ante el dolor.

Cartel de 'No sé decir adiós'.
Cartel de 'No sé decir adiós'.

El tándem Escalera y Remón se apoya además en unos diálogos que, a pesar del drama, también juegan a la extrañeza e incluso tienen un punto de humor finísimo entre la negritud y el absurdo. Como ejemplo, el momento en el que Blanca toma clases de interpretación, cuando Carla encuentra a su padre en un bingo o en la misma presentación de su personaje, enredada en una conversación con una pareja con la que pretende hacer un trío. Un tono que intenta hacer más liviana la aproximación a un tema tan incómodo como es el duelo y que hace mucho más especial la personal historia que plantea Escalera en su debut en el largometraje.

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