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'Paraíso': propaganda rusa disfrazada de denuncia del Holocausto

En su último filme, Andrey Konchalovsky parece esforzarse por exhibir una identidad propia en el tratamiento del exterminio nazi, pero lo hace de forma muy despistada

Foto: Imagen de 'Paraíso'.
Imagen de 'Paraíso'.

Si hacemos caso al archivo del Museo de la Historia del Holocausto, sobre la solución final de los nazis existen un millar de películas, cifra que incluye docudramas, melodramas, 'cinema verité', cortometrajes, biografías y autobiografías, obras experimentales, comedias 'slapstick' y hasta relatos de terror. La lista de títulos aumentaría en varias decenas si le añadiéramos todos esos productos de cine 'sexploitaition' ambientados en la Segunda Guerra Mundial que proliferaron en los años setenta tras el enorme éxito de 'La loba de las SS' (1975) —"una rubia frondosa con el cerebro del Dr. Mengele", rezaba su 'tagline'—. Sin duda por una cuestión de sentido del decoro, la citada institución israelí los omite.

Dicho de otro modo, películas sobre el Holocausto hay muchas. Eso es razón de más para sostener que nadie debería tocar el tema a menos que tenga algo nuevo que decir al respecto, y quien diga que a estas alturas eso ya no es posible no tiene más que echarle un vistazo a 'El hijo de Saúl' (2015). Quizás así se explica la desesperación con la que el nuevo trabajo del ruso Andrey Konchalovsky, 'Paraíso', parece esforzarse por exhibir una identidad propia, de forma mayormente despistada.

La película retrata a tres personas muy distintas cuyos destinos se cruzan en medio del horror de la guerra. Por un lado, una aristócrata rusa que ha sido arrestada por tratar de dar refugio a dos niños judíos; por otro, un policía francés que a pesar de su apariencia campechana se dedica a mandar gente a los campos de concentración y que accede a salvar a la mujer a cambio de sexo —el soborno no llega a materializarse—, y por otro, un oficial de las SS devoto de Hitler que trabaja en el campo al que es enviada finalmente la prisionera, con la que en el pasado mantuvo un 'affaire'.

Fotograma de 'Paraíso'.
Fotograma de 'Paraíso'.

La más chillona estrategia de Konchalovsky para otorgar distinción al filme es interrumpir la linealidad de la narración periódicamente con viñetas en las que de forma alternada, desde una estancia completamente diáfana, los tres personajes hablan mientras miran directamente a la cámara, detrás de la que parece esconderse un interrogador. ¿Por qué visten los personajes esos uniformes que parecen pijamas? ¿Es que son prisioneros de otro campo de concentración? En cuanto vemos al policía morir a manos de la Resistencia y, a pesar de ello, algunas escenas después vuelve a estar hablando para la cámara, comprendemos que ese espacio y ese interrogador pertenecen al Más Allá.

La más chillona estrategia de Konchalovsky para otorgar distinción al filme es interrumpir la linealidad de la narración periódicamente

La filigrana no solo no aporta nada —es decir, nada que no sean ínfulas de trascendencia— sino que además es un estorbo: aparte de distanciarnos del trío protagonista y de sus tribulaciones, entorpece el avance de la narración —aunque, si se mira de otro modo, podría decirse que en realidad sirve para maquillar de complejidad un relato definitivamente leve— y, peor aún, siembra dudas sobre el manejo que Konchalovsky hace de un asunto tan delicado como el Holocausto.

Una imagen de la película de Konchalovsky.
Una imagen de la película de Konchalovsky.

Otros aspectos de la película no hacen sino alimentar esas sospechas. Aunque en ningún caso tan irresponsable como la ofrecida por Roberto Benigni en 'La vida es bella' (1997), la versión que 'Paraíso' ofrece de los campos de exterminio en ningún momento resulta convincente; varios de los prisioneros, sin ir más lejos, lucen inapropiadamente lozanos. Y asimismo Konchalovsky se permite una serie de virguerías estilísticas —por algún motivo, las declaraciones de los personajes en el limbo están adornadas con efectos visuales que simulan defectos del celuloide— que en el mejor de los casos se perciben como gratuitas, y en el peor son otra evidencia más del problema de fondo: construida sobre una elegante fotografía en blanco y negro y una sucesión de cuidadas composiciones, 'Paraíso' se esfuerza por ser bella y elegante y visualmente exquisita a pesar de que 'bella', 'elegante' y 'visualmente exquisita' nunca deberían ser los primeros calificativos que le vienen a uno a la cabeza para describir una película que habla de lo que esta habla.

Cartel de 'Paraíso'.
Cartel de 'Paraíso'.

El colofón a tanto desatino moral llega al final, justo antes de los créditos, a través de un intertítulo en el que la película se revela como un homenaje a la Madre Rusia. En última instancia, pues, la memoria del Holocausto demuestra ser para Konchalovsky —un director de trayectoria definitivamente errática, que ha trabajado tanto con Andrei Tarkovsky como con Sylvester Stallone— un mero instrumento a través del que entonar un canto nacionalista que olvida algunas vergüenzas de la historia soviética —más de 1.600.000 personas murieron entre 1930 y 1956 en el gulag—. 'Paraíso', por supuesto, ha sido producida por la televisión estatal rusa.

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