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'Z, la ciudad perdida': entre caníbales, bestias letales y antiguas civilizaciones

Charlie Hunnam protagoniza este filme de aventuras sobre la vida del explorador británico Percy Fawcett, obsesionado con encontrar El Dorado en la Amazonia brasileña

Foto: Charlie Hunnam protagoniza 'Z, la ciudad perdida'.
Charlie Hunnam protagoniza 'Z, la ciudad perdida'.

"Creí que era una aventura y en realidad era la vida". Las palabras de Joseph Conrad podrían servir como el epítome perfecto de la vida de Percy Fawcett, el teniente coronel británico de principios del siglo XX que dedicó hasta su último aliento a la búsqueda de Z, una ciudad perdida que creía El Dorado y que situaba en la región del río Xirgú, en la Amazonia brasileña. Basándose en la novela 'Z, la ciudad perdida', del periodista de 'The New Yorker' David Grann, que reconstruye las diferentes expediciones de Fawcett, James Gray ('Two Lovers', 'El sueño de Ellis') escribe y dirige este filme de aventuras en el que revive el espíritu colonialista y trotamundos de la Inglaterra del nuevo imperialismo. Sin embargo, a la apuesta de Gray le sobra clasicismo y le faltan sudor, humedad y barro, en una narración en la que incide más en la psique de los exploradores que en su relación con el entorno.

"Percy Harrison Fawcett fue considerado el último de los exploradores individualistas", explica Grann en su libro, "aquellos que se aventuraban a internarse en zonas sin cartografiar con poco más que un machete, una brújula y una determinación casi divina". Una determinación que le llevó a encabezar siete expediciones entre 1906 y 1924 en su obsesión por encontrar una ciudad ancestral, llena de tesoros y riquezas, en un rincón inexplorado de la jungla brasileña. Fawcett, paradigma del explorador victoriano, romántico y testarudo, atraído por la gloria y el exotismo de los viajes, ansiaba también hacer uno de los más grandes descubrimientos de la humanidad y demostrar la civilización de las culturas indígenas frente a la creencia general de que eran simples "salvajes de la más bárbara condición".

Gray presenta a un coronel Fawcett (Charlie Hunnam) mortificado por los continuos desaires de sus altos mandos, que extienden hasta él un castigo impuesto a su padre por una afrenta pasada. Fawcett, empeñado en limpiar su nombre, acepta una misión como cartógrafo para dibujar el mapa de la región fronteriza entre Brasil y Bolivia, que se prevé que entre en un conflicto del que Reino Unido podría beneficiarse. Casi a regañadientes, el coronel se embarca en un viaje acompañado de un pequeño grupo de científicos y aventureros, entre los que están Henry Costin (un irreconocible y muy efectivo Robert Pattinson) y Arthur Manley (Edward Ashley). Una vez allí, lo que en principio iba a ser un trabajo rutinario —dentro de lo rutinaria que puede ser la topografía selvática—, se convierte en el 'leitmotiv' vital de Fawcett y, en menor parte, de Costin y Manley.

El director retrata de manera muy efectiva el encorsetamiento que caracterizaba a las clases altas de la Inglaterra de principios del siglo XX

El director retrata de manera muy efectiva el encorsetamiento que caracterizaba a las clases altas de la Inglaterra de principios del siglo XX, donde todavía el peso del apellido era definitorio en la prospección social, y el conservadurismo de las instituciones más tradicionales, incluso en el campo de la intelectualidad y el conocimiento, como la Royal Geographical Society, absolutamente masculina y marcada por la tertulia, la copa y el puro. También la situación de preeminencia del hombre blanco sajón de alta alcurnia, desdeñoso de todo cuanto se saliese de su norma. Un conservadurismo del que tampoco se puede desprender totalmente Fawcett, que a pesar de compartir su vida con Nina (Sienna Miller), una mujer inteligente, dinámica y moderadamente ambiciosa, la relega exclusivamente al papel de madre y esposa, negándole la posibilidad de acompañarlo en alguno de sus viajes a la jungla. "¡No es lugar para una mujer!", acaba gritándole.

Charlie Hunnam protagoniza 'Z, la ciudad perdida'.
Charlie Hunnam protagoniza 'Z, la ciudad perdida'.

Pero la película también muestra el carácter progresista de Fawcett en el trato con los indígenas, a quienes intenta comprender a través de sus costumbres y sus rituales, con una mirada más curiosa que enjuiciadora. Fawcett se llega a enfrentar a sus compañeros de la Royal Geographical Society en su defensa de la sofisticación y el desarrollo de las tribus indígenas de la Amazonia, a pesar de las chanzas y el cuestionamiento de su salud mental que provoca.

La película también muestra el carácter progresista de Fawcett en el trato con los indígenas, a quienes intenta comprender

Precisamente, uno de los mayores aciertos de Gray es que, alejado de la simple hagiografía, construye en su protagonista un personaje con claroscuros, alguien que en su búsqueda de la verdad —y de la gloria— desatiende las responsabilidades familiares, que vuelca enteramente sobre su mujer. Y también es innegable, a pesar de que él mismo intente convencerse —y convencer a su familia— de lo contrario, que Fawcett se siente más útil —y por qué no decirlo, disfruta más— entre tábanos y caníbales que en la comodidad de su casa en la campiña. Aun así, la película tampoco duda en reconocer la dureza y el gran sacrificio que supone el erigirse en pionero, además de tener que jugar el papel de hombre en un contexto histórico —la Primera Guerra Mundial— en el que Europa se desmoronaba y la sangre de los padres y los hijos de familia bañaban las trincheras a lo largo y a lo ancho del continente.

Un fotograma de la película, rodada en la selva colombiana.
Un fotograma de la película, rodada en la selva colombiana.

Sin embargo y a pesar de toda la aventura selvática, de la emoción de enfrentarse a bestias acuáticas, tribus antropófagas, enfermedades y al exceso de almidón de la pompa y circunstancia 'british', 'Z, la ciudad perdida' acaba resultando lenta, pesada y excesivamente pulcra. A la hora de relatar las misiones, el director no consigue transmitir la sensación temporal adecuada y esquematiza demasiado la narración, por lo que el espectador siente que en vez de meses o años, Fawcett ha dedicado apenas unas pocas semanas a su épica empresa. Además, se centra excesivamente en otras situaciones más accesorias que acaban contribuyendo a desdibujar el relato.

Sienna Miller y Tom Mulheron, en un fotograma de la película.
Sienna Miller y Tom Mulheron, en un fotograma de la película.

Además, el clasicismo con el que el director trata la puesta en escena hace que la película no consiga transmitir las sensaciones sinestésicas que provoca filmar —en este caso, en 35 milímetros— en un paraje como la jungla colombiana. Lejos de los 'Aguirre' y 'Fitzcarraldo' de Herzog, Gray opta por una apuesta más pictórica y menos salvaje y no aprovecha todas las posibilidades del formato y el lugar. Como curiosidad, también llama la atención la elección de Hunnam como protagonista de 'Z, la ciudad perdida', no por su capacidad interpretativa —que la tiene y la demuestra— sino por la exagerada impostura de su acento 'posh' —pijo, en cristiano—, en contraste con una Miller con un pasado de interna en Ascot.

Cartel de 'Z, la ciudad perdida'.
Cartel de 'Z, la ciudad perdida'.

A 'Z, la ciudad perdida' le sobra almidón y le falta sangre en las venas. Y aunque tanto la historia como el planteamiento y la reflexión que hace resultan interesantes, falta la energía del cine puro de aventuras, al menos en los momentos en los que la película, en teoría, debería prestarse: primero encuentros con las tribus nativas, enfrentamientos a la fauna y la flora, a los propios demonios interiores propios y de los compañeros de misión. Una versión descafeinada de una historia real repleta de calamidades a la que Gray no consigue explotar en su máximo potencial.

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