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'Amar', la tóxica intensidad de la primera vez

Esteban Crespo, nominado al Oscar a mejor cortometraje en 2014 por 'Aquel no era yo', debuta en el largometraje con una historia de amor adolescente

Foto: Fotograma de 'Amar', de Esteban Crespo.
Fotograma de 'Amar', de Esteban Crespo.

La primera vez que Esteban Crespo dirigió 'Amar' fue en 2005. Entonces nació como un proyecto pequeño, un cortometraje de apenas 11 minutos de duración protagonizado por una carnal y adolescente Aida Folch y un intimidado Alberto Ferreiro y que aborda el juego, la erótica y los roles del amor juvenil, cuando los 'te quieros' ilimitados son, a la vez, de una intensidad extrema y de una volatilidad innegable. Doce años después, Crespo retoma en su ópera prima esta historia, recuperando incluso para su secuencia inicial la escena que compone el cortometraje primigenio —con casi los mismos los diálogos— y ampliando la historia hasta el largometraje, con un reparto encabezado esta vez por María Pedraza y Pol Monen en los papeles de 'teenagers' visceralmente enamorados y con la internacional Natalia Tena en el papel de jovencísima madre de adolescente.

Quizá sea el fotograma de ambos enfundados en sendas máscaras antigás conectadas la una a la otra lo que mejor describa el amor entre la pareja protagonista: un amor que los aísla del mundo, que los ata y que se autoproclama imprescindible para la supervivencia. Laura y Carlos representan al adolescente contemporáneo tipo, aunque se siente la mirada disociada de un director y un guionista —Mario Fernández Alonso— que ya pasaron la cuarentena. Su relación está llena de inseguridades, de celos, de tremendismos y decisiones erráticas, de inverosímiles planes de futuro, pero también de unos sentimientos extremos y dolorosos; lo que es en la práctica ese primer amor al que cae uno sin manual de instrucciones, sin tener un referente previo con el que medir ni entender unas emociones extrañas, desconcertantes y absorbentes.

Pol Monen y María Pedraza, en un fotograma de 'Amar'.
Pol Monen y María Pedraza, en un fotograma de 'Amar'.

Y, aunque suene paradójico, en el retrato de ese amor adolescente es donde más cojea 'Amar', que se contagia de la irregularidad, la arritmia, la repetición y —a veces— el tedio de la relación, lo que llega a provocar una involuntaria falta de empatía y la displicencia del espectador hacia los personajes. La película se recrea en frases intensitas susurradas a media voz en el oído del amado ("Quiero dejar de ser yo para ser tú", "soñé que estaba dentro de ti, puedo sentirte por dentro") y en unos diálogos buscadamente ambiguos que acaban resultando triviales y falsamente despreocupados. Choca también, frente a la visceralidad con la que Laura y Carlos manejan su relación, la frivolidad con la que tratan cuestiones como el embarazo o el aborto, decisiones que aumentan la distancia del espectador con ellos o con la película, dependiendo de la interpretación que cada uno dé a la intención del director.

Además, 'Amar' explora también la cotidianidad de la pareja, no solo los momentos íntimos de experimentación sexual y emocional

Además, 'Amar' explora también la cotidianidad de la pareja, no solo los momentos íntimos de experimentación sexual y emocional, sino también las comidas con la familia, los paseos de casa al instituto y las charlas en el descansillo. Y lo hace con una fotografía trabajada y poco naturalista, como de sueño 'instagramero', una apuesta arriesgada pero coherente con la sensación de contemporaneidad que busca la película. Y por ello extraña que los guionistas introduzcan ciertos componentes rebuscados y anacrónicos —Carlos busca trabajo de aprendiz de relojero— que aportan romanticismo pero restan verdad a la propuesta.

Otro fotograma de 'Amar'.
Otro fotograma de 'Amar'.

Sin embargo, cuando más acierta Crespo es al retratar el entorno que rodea a la pareja, la relación con la familia, los amigos, el trabajo. El director —nominado al Oscar a mejor cortometraje en 2014 por 'Aquel no era yo'— recuerda que las relaciones inmaduras —y tóxicas— no son coto exclusivo del amor de instituto y que los adultos, por mucho que lo ignoren, lo nieguen y se avergüencen, también reproducen a veces sus mismos esquemas. También refleja una juventud aparentemente liberada —en las fiestas de pijamas de chicas no se comen 'cupcakes' vestidas con pijamas de unicornios, se habla de sexo anal—, pero que no solo reproduce sino que ni siquiera reconoce comportamientos reaccionarios y tóxicos respecto a cómo debe funcionar la pareja.

Refleja una juventud aparentemente liberada, pero que no reconoce comportamientos reaccionarios y tóxicos Desde el 'Amar' de 2005 al 'Amar' de 2017, Crespo ha depurado muy notablemente su forma de rodar, la composición de los planos y el lugar en el que situar la cámara —también siendo conscientes de que el tamaño y los medios de ambas propuestas son incomparables— y sigue manteniendo la frescura que consigue con su dirección de actores. Y entre todo un elenco notable, sobresale Greta Fernández en el papel de Lola, la amiga desenfadada y provocadora de la protagonista.

Cartel de 'Amar'.
Cartel de 'Amar'.

Con tantas virtudes como defectos, 'Amar' acaba siendo demasiado difusa como para demostrarse sólida y su intención de no juzgar a los personajes y sus relaciones y de intentar contar la historia desde su perspectiva provoca que finalmente no se llegue a estar seguro de si la película es una mirada sincera sobre la pasión y el dolor del primer amor, que resulta estar protagonizado en este caso por dos personajes frívolos, o si la película está tratada desde la frivolidad. Personalmente, si uno se aferra a la primera premisa, la película resulta más disfrutable.

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