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'Fast and Furious 8': el rey del tuneo está deprimido

La octava entrega de 'A todo gas' pierde fuelle en su planteamiento dramático y desaprovecha de forma criminal a Charlize Theron como malvada

Foto: Imagen de 'Fast & Furious 8'.
Imagen de 'Fast & Furious 8'.

La inesperada muerte de Paul Walker supuso que 'Fast & Furious 7' concluyera con el final más emotivo de la serie. Dom, el personaje de Vin Diesel, lleva a cabo una reafirmación del grupo de amigos como familia y del colega de toda la vida como hermano en homenaje a Brian, al que daba vida el desaparecido Walker. Y precisamente es la cohesión del equipo la que entra en crisis en la nueva entrega de la franquicia de 'A todo gas'. En plena luna de miel en Cuba, Dom es interpelado por una misteriosa mujer. Se trata de Cipher (Charlize Theron), una ciberterrorista que bajo una amenaza cuyos detalles desconocemos, convence al protagonista de que se una a su equipo. Dom se pasa así al bando de los criminales y, a fin de cumplir con el encargo de Cipher, deberá luchar contra el resto de su antigua familia.

El protagonista que confronta su lado oscuro, lucha contra un álter ego malvado o, como en este caso, acepta un encargo que va contra sus principios más arraigados es un conflicto recurrente en las sagas superheroicas. Aquí el drama se tiñe de crisis familiar en más de un sentido, pero en ningún momento adopta el peso trágico que se podría deducir por el título original estadounidense, 'The Fate and the Furious', o por el propio tono de la película. Dominic Toretto sigue siendo el personaje de una pieza que conocemos desde 'A todo gas', y ningún pensamiento oscuro, ninguna acción de la que pueda arrepentirse, llega a resquebrajar su expresión monolítica. De acuerdo, nadie va a ver un 'blockbuster carporn' como este esperando encontrarse una tragedia existencial de alto calibre. Y precisamente por ello, a esta octava entrega de los rápidos y furiosos le pesa la poca entidad del punto de partida dramático que justifica toda la narrativa.

Nadie va a ver un 'blockbuster carporn' como este esperando encontrarse una tragedia existencial de alto calibre

En 'Fast & Furious 8', no solo la encrucijada en la que se ve metido Dom y la ausencia de Brian ponen de manifiesto el deterioro de la química interna del grupo. A Vin Diesel no le sienta bien la sobrecarga de gravedad trágica que se le otorga a su personaje en esta entrega. Para compensar, resultan un alivio las secuencias que protagonizan Dwayne Johnson, más acostumbrado al registro de acción cómica, y, sobre todo, el 'externo' Jason Statham, que acapara todas las simpatías de los espectadores en la secuencia que comparte con un bebé. Aunque el premio a robaescenas de la película se lo merece Helen Mirren, que le saca todo el brillo, el humor y el carisma a un rol de actriz invitada de apenas cinco minutos.

Charlize Theron es Cipher, la ciberterrorista villana.
Charlize Theron es Cipher, la ciberterrorista villana.

Su fugaz aparición resulta mucho más divertida que la cansina insistencia de Roman (Tyrese Gibson) en ejercer de gracioso oficial de la familia. Otro de los grandes lastres de 'Fast & Furious 8' es el papel de villana que interpreta Charlize Theron. La Imperator Furiosa de 'Mad Max: Furia en la carretera' queda aquí reducida a una mera caricatura de genio del mal, una ciberterrorista dibujada sin el más mínimo asomo de imaginación que no mueve el culo de detrás de su centro de control. ¿Fichas a una de las actrices que están revolucionando el papel de las mujeres en el cine de acción contemporáneo y la sientas a soltar frases tópicas e inanes de malvada? Muy mal, F. Gary Gray.

Al menos 'Fast & Furious 8' brilla en las secuencias automovilísticas que justifican toda la sagaAl menos 'Fast & Furious 8' brilla en las secuencias automovilísticas que justifican toda la saga y que aquí se reparten en tres tandas. De aperitivo, el prólogo en Cuba, en que Vin Diesel retorna a los orígenes del ciclo, antes de que 'A todo gas' se convirtiera en una especie de versión tuneada de 'Misión imposible', al involucrarse en una carrera callejera por el Malecón de La Habana en la que convierte un coche destartalado en un bólido supersónico. Como primer plato, una idea espléndida a la que incluso se le podría haber sacado más partido. Esa escena de acción en que el centro de Manhattan es tomado por un ejército de coches zombis a los que controla a distancia la malvada Cipher.

Vin Diesel reparte en 'Fast & Furious'.
Vin Diesel reparte en 'Fast & Furious'.

La tormenta de automóviles que caen sobre las calles de la Gran Manzana, como sonámbulos suicidas metálicos, desde los aparcamientos donde estaban alojados, permite soñar con un 'Fast & Furiou​s' apocalíptico en un planeta dominado por millares de coches que avanzan sin conductor...

Cartel de 'Fast & Furious'.
Cartel de 'Fast & Furious'.

Y el plato fuerte de la película presenta a la familia y sus coches enfrentados a un submarino soviético que emerge entre el hielo polar... Son esos momentos en que el 'blockbuster' de acción coincide con el sueño húmedo de las vanguardias futuristas: el cine entendido como celebración última, sin coartadas argumentales ni dramáticas, del movimiento y la velocidad, y sobre todo de la máquina como agente cinético por excelencia.

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