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'El bebé jefazo': el capo de la patronal es un psicópata en pañales

Tom McGrath, uno de los directores de 'Madagascar', es el responsable de esta comedia protagonizada por un recién nacido enredado en una trama de espionaje empresarial

Foto: Fotograma de 'El bebé jefazo'.
Fotograma de 'El bebé jefazo'.

Los recién nacidos, todo el mundo lo sabe, se limitan a comer, llorar, gemir, dormir y manchar baberos y pañales, y no les hace falta más para monopolizar la atención de sus respectivas familias. A tenor de su explícito título, sería lógico pensar que ese es el tema que da al humor y la acción de 'El bebé jefazo' su peso metafórico. Pero no. Dirigida por Tom McGrath, evita cualquier reflexión mínimamente trascendente en pos de una aturullada intriga de espionaje que apila niños que dirigen empresas, mascotas fabricadas en serie, imitadores de Elvis, pócimas que mantienen a los criajos eternamente criajos, complots para dominar el mundo y constantes carreras a contrarreloj.

Intentar explicar el argumento de la película puede hacerle a uno sonar como un padre prolongadamente privado de horas de sueño. Transcurre en un mundo en el que los niños son fabricados en algo así como una planta celestial de producción en serie. La mayoría de ellos son lanzados a la Tierra, donde presumiblemente pasarán a formar parte de felices familias y a ver 'Peppa Pig' sin parar. Pero aquellos que no se ríen cuando se les hace cosquillas pasan a ser empleados en una compañía llamada BabyCorp y, gracias a un brebaje especial, permanecen perpetuamente infantilizados.

Fotograma de 'El bebé jefazo'.
Fotograma de 'El bebé jefazo'.

Es el caso del enano del título, que no responde a más nombre que Bebé. Adicto al trabajo e increíblemente ambicioso, Bebé decide que la mejor forma de convertirse en CEO de BabyCorp es detener una epidemia por culpa de la que cada vez más gente prefiere comprar mascotas que tener hijos. O algo así. Para ello se hace pasar por un bebé normal y se infiltra en el hogar de Papá y Mamá —a ella la vemos con el bombo, pero luego el nene llega a casa en taxi—; ambos trabajan en una empresa llamada PuppyCorp, que al parecer está trabajando en una nueva raza de chuchos tan adorable que condenará a los bebés a la obsolescencia.

Bebé quiere detener una epidemia por culpa de la cual la gente prefiere comprar mascotas a tener hijos

La llegada del crío, cuya costumbre de vestir de traje y corbata no despierta sospecha alguna entre los adultos, sí provoca el enfado de Tim, el hasta entonces hijo único. Tim trata de exponer a Bebé como un fraude, algo que Mamá y Papá atribuyen a los celos fraternos. De hecho, la película misma inicialmente coquetea con la idea de que el recién llegado es una fantasía producida por los miedos y ansiedades infantiles de Tim. Pero nada de lo que sucede después apoya esa interpretación.

Alec Baldwin pone la voz original a Bebé. En España, lo hace José Coronado.
Alec Baldwin pone la voz original a Bebé. En España, lo hace José Coronado.

'El bebé jefazo' mantiene cierta personalidad distintiva mientras el hermano mayor odia al pequeño; las batallas entre los dos, evocadoras de las que solían tener Tom y Jerry, encarnan un tipo de relación que el cine familiar no suele abordar. Es una lástima que esa dinámica no tenga recorrido. Por el contrario, ambos se verán obligados a trabajar en equipo para enfrentarse a una frenética sucesión de secuencias de acción y escenarios propios de películas de Indiana Jones y James Bond, que inevitablemente culminarán en un giro final hacia el sentimentalismo y los más socorridos mensajes sobre la importancia de la familia por encima de la vida laboral.

Cartel de 'El bebé jefazo'.
Cartel de 'El bebé jefazo'.

En cualquier caso, dejando al margen la inevitable moraleja, toda la película parece ser un pretexto para ofrecer variaciones de un mismo chiste —un bebé agita leche en una coctelera, un bebé lee el 'Wall Street Journal'— separadas por rachas de movimiento y coloridos que probablemente no tengan otro objetivo que distraer exclusivamente al público de menor edad. Y posiblemente lo logren, al menos durante un rato.

Al fin y al cabo, a veces los críos se entretienen hasta con una pelota de papel arrugado.

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