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'Órbita 9': amor, distopía y ciencia ficción a la española

Clara Lago y Álex González protagonizan la ópera prima del director salmantino Hatem Khraiche, un 'thriller' de ciencia ficción ambientado en un futuro distópico

Foto: 'Órbita 9'.
'Órbita 9'.

Una guerra nuclear. Un meteorito. Una hambruna provocada por la desertificación del planeta. Una hambruna provocada por la inundación del planeta a causa del deshielo de los casquetes polares. ¡Apueste ya! ¡Elija su propio futuro distópico! En un siglo en el que la población mundial se ha cuadruplicado, la producción industrial —y, por tanto, la explotación de recursos naturales y la generación de desechos contaminantes— ha aumentado exponencialmente, la ciencia ficción, siempre pionera, ha empezado a hacer cábalas sobre cuál será la manera en que el ser humano cavará su propia tumba en la Tierra.

En el género sobre distopías climáticas —'El mundo sumergido', de J.G. Ballard, o 'Señales de lluvia', de Kim Stanley Robinson—, la abulia antiecologista y la sobreexplotación de las materias primas por parte del ciudadano medio llevan a una hecatombe mundial tal que ponen a la humanidad contra las cuerdas. El momento ideal para el surgimiento de un nuevo arquetipo de héroe: el científico. Biólogos, químicos y astrofísicos, con poco bíceps y mucho seso, convertidos en el protagonista estrella, en la última esperanza.

En 'Órbita 9', en su primer largometraje como director, el hasta ahora guionista y cortometrajista Hatem Khraiche se atreve con un 'thriller' de ciencia ficción, una 'rara avis' en la cinematografía española, poco acostumbrada a prodigarse por el género, quizá por limitaciones presupuestarias, por cuestiones de complejidad técnica o por simple falta de costumbre. Por eso, cuando aparece una película como 'Eva', de Kike Maíllo, la Academia no puede sino celebrarlo como lluvia de maná.

Hatem Khraiche se atreve con un 'thriller' de ciencia ficción, una 'rara avis' en la cinematografía española

El cineasta salmantino, nominado al Goya en 2009 por su corto 'Machu Picchu', basa el punto de partida de su ópera prima en una premisa propia de las distopías climáticas. En 'Órbita 9', la humanidad se encuentra en el estadio previo a la catástrofe y, previendo que el planeta Tierra se encuentra al borde de la extenuación, la colonización de otros planetas se contempla ya no como una opción, sino como una necesidad para la supervivencia del ser humano.

Helena (Clara Lago) lleva desde que era un bebé encerrada dentro de una nave espacial como parte de un proyecto para comprobar la viabilidad de los viajes interplanetarios en busca de nuevos ecosistemas habitables. Los últimos tres años los ha pasado en soledad, aislada y acompañada exclusivamente por la inteligencia artificial de su transbordador. Un aparente fallo del sistema de ventilación de la nave provoca la visita de Álex (Álex González), el primer ser humano con el que Helena ha tenido contacto en mucho tiempo.

Clara Lago, en un fotograma de 'Órbita 9'.
Clara Lago, en un fotograma de 'Órbita 9'.

A pesar de un comienzo aséptico, en el que se limita a seguir la rutina de Helena dentro de la nave espacial —ciencia ficción al estilo de 'Moon' (2009), con la que tiene más de una similitud—, 'Órbita 9' se vuelve más emocional a medida que avanza la trama, hasta convertirse en un drama romántico en un contexto retrofuturista con reminiscencias de 'Blade Runner' (1982). Sin embargo, este cambio se siente algo forzado y abrupto, sin que la evolución provenga de mano de los personajes, sino de la voluntad de Khraiche. Además, a lo largo del guion, Khraiche va esparciendo una serie de revelaciones sobre la identidad de los personajes protagonistas que a causa de la acumulación acaban perdiendo fuerza.

La película trata desde las amenazas medioambientales hasta los límites de la bioética o el control de las nuevas tecnologías

Desde las amenazas medioambientales hasta los límites de la bioética —clonación, utilización de seres humanos como conejillos de Indias—, pasando por el control de las nuevas tecnologías hasta el poder omnímodo de las grandes corporaciones, la película abarca un gran abanico de temas sin profundizar demasiado en ninguno de ellos.

Una secuencia de 'Órbita 9'.
Una secuencia de 'Órbita 9'.

Sin embargo, Khraiche consigue culminar una película solvente y con un diseño de producción sorprendente para lo previsible en una aventura de ciencia ficción con un presupuesto de apenas cuatro millones de euros —hay que resaltar que es una coproducción con Colombia—, en la que destacan la buena factura del vestuario y los decorados y la elección de localizaciones, quizá los aspectos más frágiles a la hora de abordar la ciencia ficción. En el caso de la fotografía, Pau Esteve Birba —que ha demostrado su gran talento en 'Caníbal' y 'Hermosa juventud', entre otras— no acierta del todo con la propuesta estética, en la que acaba abusando del humo y provocando una sensación demasiado aterciopelada para la frialdad con que comienza la historia. Tampoco acaba de funcionar la voz en 'off' de la nave espacial, que tiende a la sobreexplicación.

Belén Rueda, en su papel de Silvia.
Belén Rueda, en su papel de Silvia.

Sí que funciona, por otro lado, el entorno en el que trabaja Silvia (Belén Rueda), una especie de psicóloga con la que Álex comparte sus miedos e incertidumbres y que hubiese soportado una mayor presencia en la historia.

'Órbita 9' ha demostrado que el término 'ciencia ficción española' no es un oxímoron y que se pueden encontrar los medios para explotar el género. Lejos de ser una ópera prima redonda, el guionista de 'Retornados' y 'La cara oculta' sí que consigue sacar adelante un 'thriller' pulcramente realizado, mezclando como ya han hecho recientemente filmes como 'Passengers' la ciencia ficción y el drama romántico. Una propuesta con la audacia necesaria que muchas veces falta en una industria del cine que no se caracteriza por apostar por el riesgo.

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