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'Life-Vida': terror espacial tan eficaz como olvidable

El filme recrea el argumento de 'Alien' paso a paso, a ratos escena a escena; pero esto no tiene nada de malo, de hecho funciona gracias a ello

Foto: 'Life-Vida'.
'Life-Vida'.

“Esto me recuerda a 'Re-Animator”, comenta alguien al principio de 'Life-Vida', a pesar de que, en realidad, es poco probable que los protagonistas de esta historia hayan visto suficiente cine de terror; de haberlo hecho, habrían sabido cómo reaccionar en cuanto las cosas se ponen feas en el interior de su nave. Al principio de la película, este grupo de astronautas de la NASA recoge muestras de suelo de Marte que resultan contener la primera prueba incontrovertible de la existencia de vida alienígena. Lo que al principio es una sola célula inactiva empieza a crecer rápidamente, y pronto adquiere forma similar a la de una flor. El nuevo pasajero tiene encantados a los miembros de la tripulación. Y luego empieza a matarlos, uno a uno.

En otras palabras, quien sí ha visto suficientes películas de terror es el director Daniel Espinosa. O al menos sí ha visto una de las mejores. Después de todo, no es casual que 'Life' recree el argumento de 'Alien' (1979) paso a paso, a ratos escena a escena; incluso incluye una —como mínimo— en la que el monstruo mata desde dentro del cuerpo de su víctima. Y eso, conste, de entrada no tiene nada de malo. Ponerle pegas a este 'thriller' tan eficaz como olvidable por copiar el clásico de Ridley Scott es sobrevalorar la originalidad innecesariamente. Está claro que sale perdiendo en la comparación, pero su condición derivativa es en buena medida lo que hace que funcione a su modesta manera.

La bestia, que por cierto responde al nombre de Calvin —es una larga historia—, rápidamente se transforma en algo parecido al híbrido imposible de un calamar gigante y una cobra a medida que avanza en su empeño de devorar a más y más actores sobrecualificados. En el proceso, uno de sus grandes atractivos es que no es especialmente malvado; simplemente trata de sobrevivir, a toda costa. Carece tanto de personalidad como de estrategia. Los astronautas no pueden racionalizar sus acciones, y eso contribuye a que ninguno de sus intentos de acabar con él funcione. Intentan contenerlo cerrando escotillas sin parar, pero eso no impide que la criatura se deslice a su antojo por los sistemas de ventilación de la estación. Tratan de aislarlo en el espacio exterior, pero el mal bicho aparentemente es inmune a las inclemencias del vacío.

La criatura es el híbrido imposible de un calamar gigante y una cobra que devora a más y más actores sobrecualificados

Espinosa se centra en la creación de tensión y claustrofobia, hasta tal punto que apenas se molesta en proveer a sus personajes de circunstancias personales —uno de ellos tiene una esposa en casa que acaba de dar a luz, otro es parapléjico, otro es ruso, poco más— para que no olvidemos que ninguno de ellos existe para nada más que matar al molusco espacial.

Cualquier 'rip-off' de 'Alien' que se precie de serlo debe incluir al menos media docena de escenas en las que hombres y mujeres académicamente preparados y concienzudamente adiestrados toman decisiones del todo ilógicas. En el mejor de los casos, cada decisión equivocada funciona como eslabón de una cadena. Aun así, es notorio que, en cuanto estalla la crisis, nadie a bordo hace nada a derechas. Nada. Pese a ello, no hay un solo momento en 'Life' en el que alguien haga algo realmente inesperado. La mayoría de los personajes anuncian sus muertes, a menudo presentándose voluntarios para llevar a cabo actos suicidas.

'Life-Vida'.
'Life-Vida'.

En todo caso, a medida que la cámara de Espinosa avanza en largos planos secuencia que recuerdan un poco a 'Gravity' (2013), pero no mucho, flotando constantemente alrededor de los personajes y a través de pasillos y haciendo volteretas y capturando de refilón majestuosas vistas del cosmos, 'Life' se reivindica como un efectivo ejercicio sostenido de creación de paranoia y suspense, puntuado por momentos en que las uñas se te clavan literalmente a los brazos de la butaca.

Es cierto que no llega a ofrecernos nada que no hayamos visto antes en una pantalla ni ninguna reflexión particularmente intrépida sobre lo peligrosos que los científicos pueden ser cuando juegan a ser Dios. Está claro que en tres meses nadie se acordará de ella. Pero mientras la tienes delante, resulta difícil resistirse a los modestos placeres que ofrece.

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