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'Últimos días en el desierto': la última tentación de Cristo

Rodrigo García fabula en torno a un Jesús en plena crisis en su relación paterno-filial en una película que confunde contemplación espiritual con vacuidad

Foto: Ewan McGregor protagoniza 'Últimos días en el desierto'.
Ewan McGregor protagoniza 'Últimos días en el desierto'.

En 'La última tentación de Cristo', la película de Martin Scorsese a partir de la novela homónima de Nikos Kazantzakis, Jesús se imagina a sí mismo llevando a cabo una vida de hombre normal y corriente junto a esposa(s) e hijos antes de expirar en la cruz por mandato paterno. En ‘Jesucristo Superstar’, el musical de Andrew Lloyd Weber que llevó a la gran pantalla Norman Jewison, el hijo de Dios le ruega a su Padre que responda a los muchos interrogantes que le plantea su sacrificio.

La ficción ha especulado desde siempre en torno a la naturaleza humana de Jesús, a partir de las dudas, congojas, contradicciones y deseos que podía sentir Dios hijo. En 'Últimos días en el desierto', es el cineasta Rodrigo García quien perfila a un Jesucristo que, al final de su travesía de 40 días en aislamiento, confronta sus demonios y se replantea la relación con el Padre a partir del vínculo que establece con una familia allí establecida.

Ewan McGregor encarna a este Cristo que erra por el desierto con ninguna otra compañía que la de un diablo con su propio semblante. Hasta que encuentra a un picapedrero que vive allí junto a su esposa enferma y su hijo adolescente. Como mandan los códigos del desierto, la familia acoge a Yeshua, quien deviene una suerte de observador de la compleja relación paterno-filial entre los dos hombres. El chico anhela trasladarse a la ciudad para ganarse la vida allí, pero su progenitor espera que continúe con su oficio. Yeshua parece identificarse con este muchacho que ve su futuro determinado por la voluntad paterna. A él también le pesa la responsabilidad de cumplir con la misión que Dios le ha encomendado.

Una escena de la película.
Una escena de la película.

Con títulos como 'Cosas que diría con solo mirarla', 'Nueve vidas' o 'Madres e hijas', Rodrigo García se labró una reputación como cineasta de melodramas protagonizados por mujeres, algunos harto cuestionables. Con esta película, lleva a cabo un giro radical al adentrarse en el terreno de la fábula religiosa, que le permite explorar una relación específicamente masculina.

Resulta inevitable leer el subtexto del filme como una proyección del vínculo del cineasta con su progenitor todopoderoso

Hijo del escritor Gabriel García Márquez, Rodrigo García se distanció de la sombra de su padre al desarrollar su carrera en una disciplina artística completamente diferente y ganarse la vida en el ámbito del cine independiente norteamericano, así como firmando la dirección de muchos capítulos de series televisivas de prestigio como 'Los Soprano' o 'A dos metros bajo tierra'. Pero resulta inevitable leer el subtexto de un filme con un claro trasfondo psicoanalítico como ‘Últimos días del desierto’ como una proyección del vínculo del cineasta con su progenitor todopoderoso. Como si García también hubiera pasado su propia travesía del desierto para encontrar su camino en la vida lejos de la sombra del padre.

Más allá de las interpretaciones psicológicas un tanto extracinematográficas, 'Últimos días en el desierto' no consigue trascender una premisa superficial y raquítica. Si no fuera por ese demonio especular que encarna igualmente Ewan McGregor y se dedica a pincharle el lado oscuro, difícilmente veríamos a Yeshua como una figura atormentada en su doble condición de Dios e Hijo. El trío de personajes que le acompaña no escapa del mero arquetipo, el padre autoritario pero con buen corazón, el hijo rebelde y la madre sacrificada y moribunda.

Los tres arquetipos: el padre autoritario pero con buen corazón, el hijo rebelde y la madre sacrificada y moribunda

García maneja imágenes muy básicas ligadas a la proyección e identificación, desde la figura del doble en la que se encarna el demonio interior de Yeshua a la familia especular que también contiene una conflictiva relación paternofilial. Este dúo permite a García introducir la situación más dramática del filme, aquella en que se ponen a prueba los límites de padre e hijo a la hora de afrontar una empresa peligrosa. ¿Cumplirá el hijo la tarea encomendada por el padre a pesar de los riesgos? ¿O será el padre quien asuma esa dificultad para poner a salvo al chico?

Otra escena de la película.
Otra escena de la película.

La fotografía del maestro Emmanuel Lubezki, hombre de confianza también de Alejandro González Iñárritu o Alfonso Cuarón, resulta sin duda bella y abrumadora. Pero el desierto por el que vaga el protagonista se dibuja solo como un paisaje hermoso e inmenso que no consigue funcionar ni como caja de resonancia de los tormentos del protagonista y del silencio de Dios ni como vasto espacio claustrofóbico.

Cartel de 'Últimos días en el desierto'.
Cartel de 'Últimos días en el desierto'.

Que García opte por llevar a cabo una película depurada, con contados personajes y una acción mínima no presenta ningún inconveniente 'a priori'. Pero su puesta en escena resulta de una corrección soporífera para un filme con tan pocos elementos en los que sostenerse, y el drama planteado no aporta apenas nada a otras aproximaciones a la pasión del Jesús más humano.

'Últimos días en el desierto' se queda en la superficie a la hora de imaginar el conflicto de este Jesucristo que sufre por la relación con el Padre.

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