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'La Bella y la Bestia': una repetición innecesaria, lenta y deprimente

Bill Condon rescata el clásico Disney de 1991 y lo traslada al formato de acción real de la mano de Emma Watson, Dan Stevens y Luke Evans

Foto: Emma Watson y Dan Stevens protagonizan 'La Bella y la Bestia'. (The Walt Disney Company)
Emma Watson y Dan Stevens protagonizan 'La Bella y la Bestia'. (The Walt Disney Company)

En los últimos años, los estudios Disney se están dedicando a rehacer en formato acción real sus grandes éxitos de animación, de forma tan puntual y mecánica como los cobros del banco a principios de mes y con una mentalidad esencialmente conservadora. 'Cenicienta' (2015), por ejemplo, era tan convencional —ni anacronismos ni referencias a la cultura pop, ni humor políticamente incorrecto— que casi resultaba transgresora, y los avances de 'El libro de la selva' (2016) —película por otra parte estupenda— estuvieron casi exclusivamente vinculados al asombro que sus efectos fotorrealistas provocaban. Ahora, el estreno de 'La bella y la bestia' parece ser la culminación de esta regresiva progresión.

[Curiosidades de 'La Bella y la Bestia']

Tanto es así que 'remake' quizá no sea la palabra más adecuada para describir la relación entre la nueva película y su aclamada predecesora de 1991; más exacto sería hablar de repetición. Por internet circula un vídeo (en el que escenas de ambas versiones son comparadas) que así lo demuestra. La historia es la misma ahora que entonces. Los personajes son los mismos. Los vestidos de Bella son los mismos. Incluso buena parte de los diálogos son idénticos. El guion lo firman dos individuos, probablemente porque uno de ellos controlaba el mando a distancia del Blu-ray mientras el otro transcribía las escenas.

La historia es la misma ahora que entonces. Incluso buena parte de los diálogos son idénticos

Entre las dos películas, es cierto, hay algunas diferencias. La primera, obviamente, es que la nueva es de acción real, y eso entre otras cosas significa que para hacerla se han diseñado decorados costosos y vistosos. Y, sin embargo, ninguno de los números musicales rescatados del original de dibujos animados es tan asombroso e imaginativo aquí como lo era entonces, y ninguno de los nuevos es particularmente memorable.

Emma Watson y Dan Stevens son Bella y Bestia en la película. (The Walt Disney Company)
Emma Watson y Dan Stevens son Bella y Bestia en la película. (The Walt Disney Company)

La otra diferencia sustancial es que, si la primera película duraba apenas 85 minutos, la nueva se prolonga a lo largo de nada menos que dos horas y 10 minutos. El director, Bill Condon, usa ese metraje extra para ofrecer tediosas explicaciones de la historia y la psicología de los personajes que solo sirven para hacer que la historia sea más lenta y deprimente.

En concreto, la contextualización perjudica notablemente a Bestia, en particular a través de un prólogo que deja claro lo horrible que solía ser, y lo injusto que era con los pobres, y lo decadentes que eran las fiestas que celebraba. Resulta difícil considerar como una figura trágica a alguien que nos es descrito explícitamente como un cretino. En ese sentido, las numerosas capas de maquillaje digital bajo las que, en su piel, permanece enterrado el actor Dan Stevens no ayudan. Emborronan el arco emocional del personaje, y contribuyen a que entre él y Bella la química brille por su ausencia.

Watson y Luke Evans, en una escena de la película. (The Walt Disney Company)
Watson y Luke Evans, en una escena de la película. (The Walt Disney Company)

Respecto a esta última, Disney ha tratado de publicitarla como un icono feminista, simplemente porque le gusta leer y por una escena en la que idea una versión rudimentaria de una lavadora, a pesar de que en realidad sigue siendo una mujer que se enamora del tipo que la ha secuestrado y cuya idea de buscar aventuras por el mundo es, después de todo, casarse. A la falta de convicción del personaje contribuye la presencia blandengue de Emma Watson, que a lo largo de la película despliega una colección de poses lánguidas y ceños fruncidos, pero que ni tiene carisma ni sabe cantar.

Cartel de 'La Bella y la Bestia'.
Cartel de 'La Bella y la Bestia'.

Aunque en última instancia 'La Bella y la Bestia' no es una película terrible, resulta difícil entender cuál es su razón de ser, considerando el agresivo rechazo de Condon a reformular los postulados de la versión de 1991 de forma mínimamente significativa —mucho se ha hablado acerca de que la nueva película incluye al primer personaje abiertamente gay del universo Disney, aunque lo cierto es que la orientación sexual de LeFou (Josh Gad) es usada como poco más que un chiste—. Suele decirse que si algo no está roto, no hay motivo para repararlo, pero entonces, ¿por qué rehacerlo? Por supuesto, la taquilla demostrará qué idiota es la pregunta.

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