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'El fundador', el vampiro que creó el mayor imperio de comida rápida del mundo

Michael Keaton se pone en la piel del hombre que se lucró con la creación de McDonald's

Foto: Fotograma del filme.
Fotograma del filme.

La gran baza de 'El fundador' es su voluntad de desafiar esa tradicional y a menudo molesta lógica dramática según la cual los protagonistas de las películas —especialmente de las basadas en vidas reales— deben ser figuras amables y heroicas. Aquí, el héroe es esencialmente un vampiro, un tipo dotado de una habilidad única para detectar, amplificar y apropiarse de las contribuciones de otras personas con más talento y más principios.

Hablamos de Ray Kroc, que transformó una hamburguesería de barrio en el mayor imperio de comida rápida del mundo, y en el proceso aplastó a dos honrados hombres de negocios llamados Dick y Mac McDonald. En su camino hacia el triunfo planetario y la fortuna monstruosa, Kroc no solo les robó la idea —usar los principios de la producción en serie en la preparación de hamburguesas— y el apellido; en última instancia, los echó del negocio. El título de la película, en efecto, es pura ironía.


Mientras recrea los hechos, el director John Lee Hancock opta por una narración estrictamente convencional. No hay rastro de filigranas visuales o estructurales. De forma algo tosca y repetitiva, escenifica la batalla entre un par de hermanos que representan el trabajo duro, la integridad y el valor de la comunidad, por un lado, y un hombre obsesionado por lograr el mayor éxito posible, caiga quien caiga, por otro.

Contemplando las evoluciones de Kroc, un hazmerreír reconvertido en magnate que se sirve de la palabrería patriotera y de la mentira para construir un mito alrededor de sí mismo, resulta inevitable pensar en Donald Trump, aunque, por otra parte, 'El fundador' en ningún momento se erija en el tipo de sátira feroz del capitalismo que su premisa fácilmente podría propiciar. No pone a Kroc en un pedestal, pero su objetivo tampoco es destruir su figura. Y está bien que así sea. De hecho, es en ese control tonal, en la habilidad para poner nuestras simpatías en cuestión, que Hancock —secundado por una estupenda interpretación de Michael Keaton— se muestra particularmente diestro. Escena a escena, honra la decencia y la humildad de los McDonald, pero al mismo tiempo nos invita a apreciar la visión y el olfato de quien se asoció con ellos para expandir su negocio.

Contemplando las evoluciones de Kroc, un hazmerreír reconvertido en magnate que se sirve de la palabrería patriotera para construir un mito alrededor de sí mismo, resulta inevitable pensar en Trump

Después de todo, Kroc no se veía a sí mismo como un mal tipo; ningún villano es consciente de serlo. Y durante la primera parte de 'El fundador', se nos incita a empatizar con él y desear que se supere, que triunfe. Y a medida que, mientras sigue sonriendo a quienes le rodean, entre los labios empiezan a asomarle los colmillos, lo mismo le va sucediendo a la película. 'El fundador' pasa de retratar a un soñador a retratar a un déspota, pero en el proceso en ningún momento cambia de pincel. Y cuando la música jovial y los planos llenos de luz y color son puestos al servicio de un personaje tan maquiavélico, el resultado es deliciosamente desconcertante. Es como si Hancock no nos permitiera ver a Kroc como un malnacido, y eso hace que sus actos resulten más tóxicos. Dicho de otro modo, el protagonista de 'El fundador' es como un Big Mac: primero te dejas seducir por él y luego te sientes culpable por ello.

En todo caso, la película no tiene nada que ver con el tipo de ataque frontal a McDonald’s que por ejemplo llevó a cabo el documental 'Super Size Me'. Aunque se muestre melancólica por lo que la compañía pudo haber sido y no fue, por otro lado deja claro que lo único que la hace interesante es aquello en lo que sí se convirtió. 'El fundador' en ningún momento reflexiona sobre las consecuencias que tuvo la fundación de McDonald’s. No examina los efectos que la progresiva ubicuidad de la comida rápida ha tenido sobre la salud de la gente, sobre la economía mundial y sobre el medio ambiente, no parece tener opinión alguna respecto al modo en que la compañía de los arcos dorados contribuyó a instaurar una cultura en que la rapidez y la eficiencia han sustituido a la calidad. Puede que las manos de Kroc estuvieran muy sucias, pero la película no escatima planos de gente que exulta felicidad mientras engulle hamburguesas ni de neones magníficamente refulgentes para asegurarse de que la imagen de la marca permanece impoluta.

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