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'Bigas x Bigas', retrato íntimo de un hedonista

Casi cuatro años después de la desaparición de Bigas Luna, Santiago Garrido Rua dirige un documental que retrata la faceta más personal del cineasta catalán

Foto: Un fotograma del documental 'Bigas por Bigas'.
Un fotograma del documental 'Bigas por Bigas'.

Sexo. Comida. Vino. El jugo de una fruta. La leche de un pecho. Rotundidad. Carnalidad. Leonor Watling comiendo una naranja en 'Son de mar'. El carmín de unos tomates maduros cultivados en su propio huerto. Las pieles de Maribel Verdú y Maria de Medeiros fusionándose en 'Huevos de oro'. Un diente de ajo crudo. Elsa Pataky desnuda y envuelta en 'film' transparente en 'Di Di Hollywood', su último largometraje como director. Y es que el mundo cinematográfico de Bigas Luna ha orbitado en torno a la buena mesa y la buena cama. Desde el principio de los principios, cuando en 1978 trasladó del papel a la pantalla al Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, que en 'Tatuaje', entre cadáver y cadáver, siempre guardaba un rato para disfrutar de la sensualidad de las sábanas y los manteles. Pero, ¿y cómo era la persona detrás de la cámara?

'Bigas x Bigas', retrato íntimo de un hedonista

El director Santiago Garrido Rua responde a la pregunta a través de 'Bigas x Bigas', un documental que condensa las más de 600 horas de vídeos personales que grabó el cineasta catalán a lo largo de su vida -en su mayoría desde el año 2000-, en el que el espectador entra a formar parte de celebraciones con la familia del cineasta, reuniones con amigos, preparaciones de proyectos cinematográficos y reflexiones y disquisiciones sobre el arte y el sentido de la belleza y del placer. El documental, que se estrenó en el pasado Festival de San Sebastián llega a la cartelera para homenajear, casi cuatro años después de su muerte, a un realizador y guionista singular, insolente y con pocas cortapisas, que cultivó un estilo propio y al que no se le puede negar una fuerte personalidad fílmica.

Santiago Garrido Rua dirige 'Bigas x Bigas', un documental que condensa las más de 600 horas de vídeos personales que grabó el cineasta catalán

Una sombra con sombrero, en el pavimento. Reflejos en las ventanas, en los espejos. Los inconvenientes de que el protagonista sea a la vez el cámara. Pero muchas veces se puede conocer mejor a una persona a través de los ojos con los que le miran aquellos que la conocen y eso es, en parte, lo que se adivina en 'Bigas x Bigas'. El documental muestra que la sombra de Bigas Luna es alargada y que a lo largo de su carrera impactó de forma intensa en la vida de muchos de los -entonces- nuevos talentos con los que trabajó.

Leonor Watling en un ensayo en 'Bigas x Bigas'
Leonor Watling en un ensayo en 'Bigas x Bigas'

Hasta el punto de que Javier Bardem y Jordi Mollá se referían a él como 'Papá Bigas'. Hasta el punto de que Aitana Sánchez-Gijón se deja retratar en la bañera, desnuda, dando de mamar a su bebé, mientras la voz del director confiesa su eterna fijación con la lactancia y los pechos de mujer. "Una de las grandes decepciones de mi vida fue cuando me enteré que los pechos de las mujeres no tienen leche dentro". Al menos siempre, se lamenta el cineasta en otro momento del documental. Escenas elocuentes que demuestran que la relación del director con los actores trascendió más allá de lo laboral y que consiguió formar a su alrededor una gran familia alternativa en la que él era el patriarca.

Bigas Luna también se retrató dentro del costumbrismo familiar junto a su mujer, Cecilia Orós, sus hijos, sus mascotas, sus proyectos pictóricos y sus amados huertos

Frente a su cámara desfilan una casi desconocida Leonor Watling de 25 años, que ensaya su papel de la lúbrica Martina en 'Son de Mar' (2001), a la vez tímida y traviesa. O una cercana Penélope Cruz, con la que comparte una cena entre amigos. O a una entusiasmada Verónica Echegui consciente de que su carrera acabaría despegando de la mano del catalán gracias a 'Yo soy la Juani' (2006). Pero más allá de las estrellas del celuloide, Bigas Luna también se retrató dentro del costumbrismo familiar junto a su mujer, Cecilia Orós -una de las impulsoras del proyecto-, sus hijos, sus mascotas, sus proyectos pictóricos -también exponía artes plásticas- y sus amados huertos. Un registro sin pretensiones, cámara en mano, sepia, blanco y negro, ruido de vídeo casero.

Bigas Luna en 'Bigas x Bigas'
Bigas Luna en 'Bigas x Bigas'

Sin embargo, más allá del ambiente que rodeó a Bigas Luna en sus últimos años, son interesantes aquellos destellos de preocupación por la mortalidad y la huella que dejará su obra. En muchos momentos transpira un conflicto interno entre las ansias de elevación y, a la vez, de mantenerse con los pies en el suelo. De ser al tiempo ligero y profundo. De que la historia sea comprensiva y consciente de que su trabajo intentó ir más allá de unos pechos con sabor a "jamón, a tortilla de patatas, a cebolla, a ajo". Bigas Luna se presenta también como un poeta, como un artista, como un existencialista. Una faceta que contrasta con la de quien quiere hipnotizar a sus tres perros para que actúen o quien le pidió a Javier Bardem que le metiese un dedo por el recto a un cerdo durante el rodaje de 'Jamón, jamón' (1992).

Cartel de 'Bigas x Bigas'
Cartel de 'Bigas x Bigas'

El gran lastre de 'Bigas x Bigas' es, quizás, la ausencia de una línea narrativa más allá del anecdotario y de una selección de metraje que mostrase a un Bigas Luna con más aristas, y que se alejase del simple homenaje. Aunque la relación con su perro humaniza y aligera al director -aparte de concentrar los momentos más cómicos de la película-, al igual que los momentos de grabaciones torpes, casi naífs, se echa en falta una mirada a dos distancias, un retrato más poliédrico, más complejo, menos laudatorio, más natural.

En definitiva, un Bigas más Bigas.

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