hasta el 24 de septiembre

La bella Venecia, la gran campaña de publicidad del siglo XVI

La Sereníssima se traslada este verano al Museo Thyssen de Madrid con una exposición que reúne lo mejor del renacimiento veneciano con Tiziano, Tintoretto o Veronés a la cabeza

Foto: Una mujer observa 'Dos ninfas en un paisaje', de Palma el Viejo (Efe)
Una mujer observa 'Dos ninfas en un paisaje', de Palma el Viejo (Efe)

Fue la gran campaña de publicidad del siglo XVI. La que creó la imagen de la bella Sereníssima y su reclamo turístico. El arte hizo de anuncio y se encargó de construir la indeleble marca Venecia. Había que decirle al mundo que era la ciudad más bonita, la más hedonista y la más clásica especialmente tras ver su hegemonía sociopolítica desplazada. Ganar la mano por lo cultural y venderse por la belleza.

A finales del siglo XV, Venecia era la ciudad europea más importante a nivel político, económico y urbanístico, pero el descubrimiento de América y la apertura de nuevas rutas de comercio, la caída de Constantinopla a manos de los turcos con el cierre de la de Oriente y la derrota en la batalla de Agnadello truncaron su poder. "La ciudad en vez de entrar en decadencia, entró en una autoreflexión. ¿Cómo podían venderse?", explica Fernando Checa Cremades, comisario y antiguo director del Museo del Prado. La respuesta fue clara: "Vamos a decir que Venecia es la ciudad más bonita del mundo y que la calle más bella es el Gran Canal". Así se creó el mito veneciano y fue el arte quien lo construyó. La exposición "El renacimiento de Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura" recorre esa 'campaña' en el Museo Thyssen de Madrid (del 20 de junio al 24 de septiembre) en una exposición que cuenta con 89 obras de grandes maestros como Tiziano, Tintoretto, Veronés o Lotto.

'Retrato de un joven en su estudio', Lorenzo Lotto (1528-1530) (Galería de la Academia de Venecia)
'Retrato de un joven en su estudio', Lorenzo Lotto (1528-1530) (Galería de la Academia de Venecia)

Barbari abrió la veda a esta nueva composición artística con una gran imagen de Venecia a vista de pájaro. Fue la primera vez que una ciudad se representaba de este modo y, además, fundamentó una ruptura con el canon florentino y romano predominante en lo artístico. Frente a la tradición del dibujo toscano-romana, los artistas venecianos se vuelcan en el color y la emoción. Idealizan la belleza. Empiezan por la ciudad, a través del clasicismo imperante, y lo exportan a todo. No hace falta resaltar los idílicos canales de la ciudad de la Laguna, que en esta exposición apenas se dejan ver. Al contrario, los renacentistas venecianos optaron por crear la imagen de belleza en su pulso vital y cotidiano y romper, de este modo, con el oscurantismo religioso medieval.

"La ciudad del Adriático, antes de constituirse en uno de los centros capitales de creación sensual e intelectual de belleza artística, arquitectónica, literaria y musical de Occidente a partir de finales del siglo XV, había participado con pasión e intensidad en el sistema medieval de imágenes, religiosas y profanas, en el que, como sabemos, los valores culturales y religiosos, a menudo casi mágicos, predominaban sobre todos los demás", subraya Checa Cremades en el catálogo. De ahí, la importancia para la Historia del Arte del renacimiento veneciano porque "se trataba de sacar a la pintura de sus funciones esencialmente religiosas y culturales para llevarla a terrenos más puramente estéticos y específicamente artísticos".

De este modo, surge el icono de esa juventud soñadora y melancólica, amante de la música, que representa 'Retrato de un joven en su estudio', de Lorenzo Lotto. Para Checa Cremades, la obra más complicada de conseguir y representativa de la exposición. También se destaca el brillo y la imagen de poder tanto militar, representado en obras como el 'Retrato de Francesco María della Rovere', de Tiziano, o el 'Joven caballero en un paisaje', de Carpaccio, como en el aspecto nobiliario.

'El rapto de Europa', Veronés (1574) (Palacio Ducal Venecia)
'El rapto de Europa', Veronés (1574) (Palacio Ducal Venecia)

Pero, sobre todo, la imagen de belleza idealizada se centró en la mujer como demuestran los retratos de Palma el Viejo y Tiziano o, especialmente, los lienzos que las convierten en ninfas y venus reflejo de la perfección clásica. 'El rapto de Europa', de Veronés, es una de las joyas de esta muestra. Procedente del Palacio Ducal de Venecia, es la primera vez que se puede ver fuera de Italia y prácticamente de Venecia, como confirma el comisario de la exposición. Junto a ella, descansan tres de las magdalenas de Tiziano en ese camino entre la belleza y la pintura de devoción. Procedentes de una colección privada y de los museos de Nápoles y San Petesburgo, sobre esta última descansa una particular leyenda que cuenta que el artista tenía esta 'María Magdalena penitente' en su estudio y murió abrazado a ella.

El origen de la modernidad

El ideal veneciano alcanzó también a la naturaleza a través de unas bucólicas pastorales de contenido mitológico y sagrado como 'Dos ninfas en un paisaje' y 'La Virgen y el Niño con santos y un donante', de Palma el Viejo, o la 'Escena pastoral', de Bassano. El 'Ladón y Siringa' y 'Pan y Siringa', de Giovanni Agostino da Lodi, muestran la cara más realista y anticipan ese viaje que se produce en el ocaso del Renacimiento veneciano desde la pintura colorista al claroscuro y la pintura de manchas, o los "crueles borrones" que destruyeron definitivamente el dibujo. Esta parte de la exposición se centra en las obras tardías de Tintoretto, Bassano o Veronés en las que el tenebrismo y la oscuridad campan a sus anchas como se puede ver en 'La flagelación de Cristo', 'La deposición de Cristo' o 'Judit y Holofernes', respectivamente. Aunque entre estas pinturas tardías destacan sobremanera inmenso 'El paraíso', de Tintoretto, y el 'Cristo crucificado', de Tiziano con el que cierra como símbolo la muestra.

'Cristo crucificado', Tiziano (1565) (Patrimonio Nacional)
'Cristo crucificado', Tiziano (1565) (Patrimonio Nacional)

"Esta exposición muestra cómo la dinámica material de la pintura veneciana y su tendencia improvisatoria desmantelan la supremacía del diseño, que encorsetaba la pintura, y que es el germen de lo que vendrá después", destaca Guillermo Solana, director artístico del Thyssen. Lo más sobresaliente del fin del renacimiento italiano es su influencia en la pintura moderna y contemporánea. Como subraya Checa Cremades, Rembrandt, Caravaggio, Rubens o Velázquez beben de él, pero también el impresionismo, el expresionismo abstracto de Rothko o la pintura figurativa de Bacon. "De Venecia salió todo lo más importante de la pintura, como Caravaggio, Rubens y Velázquez. Es el origen de lo que vendría después, de toda la pintura que importa hoy. Los pintores más importantes del Barroco nacieron en Venecia más que de la tradición florentina o romana", agrega Solana.

Por eso, la Sereníssima deshecha su tradición medieval y no necesita alardear de canales sino que presume de mujer, de belleza y de ser determinantes para la Historia del Arte. Y Madrid ahora de Venecia. "Es una oportunidad única para ver lo mejor de la pintura veneciana a nivel mundial tanto en esta exposición como en la colección permanente del Museo del Prado", zanja Checa Cremades.

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