Jon Savage, a la sombra del punk

El periodista musical británico, autor del reverenciado libro sobre los Sex Pistols ‘England’s dreaming’, sospecha que, 40 años después, la influencia del punk en su país esta “en todas partes y en ninguna”

Foto: Imagen de The Sex Pistols a los que Jon Savage dedicó su libro 'England's Dreaming'. (EFE)
Imagen de The Sex Pistols a los que Jon Savage dedicó su libro 'England's Dreaming'. (EFE)

A Jon Savage le perseguirá eternamente la sombra del punk. Se le nota algo incómodo y alejado de las batallitas de los Sex Pistols y los Clash en 1997 cuando tiene que hablar de esa época en alguna entrevista, pero llega la hora de versar sobre ello en conferencias como la que el pasado fin de semana dio en el festival Primera Persona y asume profesionalmente su condición de voz autorizada de ese movimiento. Savage publicó ‘England’s dreaming’ en 1991. “De aquello hace ya 25 años”, insistirá una y otra vez, marcando toda la distancia posible.

Savage tampoco es hoy aquel joven periodista musical que escribía para la revista ‘Sounds’ e iba a tres conciertos cada día. Tras ‘England’s dreaming’ publicó ‘Teenage’, un estudio sobre la cultura juvenil desde 1870 hasta 1945, y ‘1966’, en el que analiza doce hitos sociales, políticos y culturales de aquel año. Savage distribuyó equitativamente el tiempo de su conferencia en estas tres obras. Si en el bloque sobre el punk habló más de la forma de vestir de la gente y los grupos que del contexto político, en el bloque sobre cultura juvenil explicó que el concepto de juventud nace en el siglo XIX, pues hasta entonces el paso de infancia a la edad adulta era este: cumplías los 14 y empezabas a trabajar.

'England's dreaming'
'England's dreaming'

“La música que escuchas cuando tienes 13 años es la que te golpea de verdad. Da igual que sea buena o mala: te va a gustar”, aseguró, para justificar que su último libro, ‘1966’, retroceda precisamente al momento en que él tenía 13 años. Sí, Savage se ha especializado en el pasado. Tal vez por ello, lo más poderoso de su presencia, más allá de su chillona combinación de pantalones amarillos y chaqueta a rayas, fue el contraste entre sus comentarios sobre las imágenes que proyectó de los primeros conciertos de los Pistols y los Clash y el que esa misma noche se celebraba de Barcelona: Ràbia Positiva, grupo nacido bajo la influencia de The Clash, actuaba en la fiesta del 20 aniversario de Can Vies, uno de los centros okupados más activos y combativos de la ciudad.

La siguiente conversación con Jon Savage fue un intento de conectar el pasado y el presente del punk; el que él vivió y retrató como periodista y ese legado que pervive más allá del sonido estridente y trepidante de las guitarras.

PREGUNTA. Usted vivió una época en la que cualquiera podía ser músico. ¿Por qué no fue músico?

RESPUESTA. En 1976 y 1977, ser músico significaba tocar punk-rock ruidoso e ir arriba y abajo del país en una furgoneta y para mí eso no era una opción. Si hubiese sido periodista musical doce años después, como mi amigo Bob Stanley, igual hubiese hecho algo relacionado con la tecnología. Por otro lado, yo nunca tuve la ambición de ser músico. Mi ambición siempre fue ser escritor.

P. Pero, ¿de verdad me dice que nunca agarró una guitarra eléctrica?

R. No, pero tuve un grupo conceptual con mi amigo Steven Lavers. Se llamaba Para. Yo iba a ser Paranoia y él, Paranormal. El batería se llamaría Parapléjico y el bajista, Paracaídas.

Jon Savage
Jon Savage

P. En el prólogo a la edición española de 'England’s dreaming' afirma sobre el punk: “No era solo las bandas: la fuerza que tenían provenía del público”. ¿Ha desaparecido hoy esa fuerza, esa presión que ejercía el público sobre el artista para que no se acomodase ahí arriba?

R. No soy la mejor persona para responder. Ya no voy a conciertos. Tengo 63 años y he ido a miles de ellos. Hace 20 años que no soy un periodista musical de esos que va a ver a nuevos grupos, así que mi mejor respuesta es: no lo sé.

P. ¿Cuál es el último concierto que fue a ver?

R. El año pasado fui a ver a Johnny Marr. Ah, y hace dos meses fui a ver a los Pet Shop Boys, pero con tapones para los oídos.

P. Aunque ya no vaya a tantos conciertos, ¿percibe que el escenario ha dejado de ser un lugar peligroso como lo fue en la época punk?

R. El punk fue un momento particular en el que todo se basaba en el antagonismo. Muchos intérpretes quieren ser admirados, pero los Sex Pistols querían disgustar. Pero de eso hace mucho y en 40 años todo ha cambiado: la industria musical, la tecnología, internet… No te puede sorprender que esto tampoco sea igual que entonces. Ni siquiera creo que la música sea algo central en la cultura juvenil. Hoy el acceso a la música es gratuito, lo cual es un desastre porque si no pagas por la música no la valoras y esta se convierte en un accesorio más de tu vida. Cuando yo era joven, la música era algo distinto a la vida cotidiana. Hoy es parte de la misma mierda que hay ahí fuera. Es su banda sonora.

Cuando yo era joven, la música era algo distinto a la vida cotidiana. Hoy es parte de la misma mierda que hay ahí fuera

He estado colaborando con el Victorian Albert Museum en la exposición sobre Pink Floyd y uno de los objetos expuestos es la camiseta de Johnny Rotten con la frase ‘I hate Pink Floyd’. Yo quiero que alguien salga ya con una camiseta que diga: ‘I hate Ed Sheeran’. En serio, ¿cuál es la gracia de este tipo?

P. Uno de los valores que dijo propugnar el punk era el anticonsumismo, pero pronto se le volvió en contra. No ya por los 50 discos que se han publicado de los Sex Pistols, cuando ellos solo grabaron 25 canciones, sino porque su heredera natural, la industria indie, al final es solo otro nicho de consumidores obsesivos. El fan de New Order o de Bonnie ‘Prince’ Billy puede ser tan o más consumista que el de Justin Bieber.

R. Nunca pensé que la industria que generó el punk fuera anticonsumista, pero sí, que el objetivo de esa industria punk era introducir música con más contenido que la que había entonces. Joy Division no iban a cambiar el mundo, pero eran fascinantes y estar expuesto a ellos en televisión fue cautivador. Yo nunca he hablado del carácter revolucionario de la industria independiente. De hecho, recuerdo una discusión con Geoff Travis (dueño de sello indie Rough Trade) a principios de 1979. Aquel día yo estaba especialmente de mal humor y le dije: “Eres igual que Richard Branson” (dueño del imperio Virgin). Se enfadó.

El punk arrastró muchas paradojas y algunas funcionaban realmente bien. Un disco de Poly Styrene, que sí era anticonsumista, llegaba a las listas de éxitos y se convertía en parte de la industria. Siempre es así, pero hay un breve lapso de tiempo en el que una música rompe un molde y avanza descontrolada hasta que rápidamente queda bajo control. Ese lapso de tiempo durante el cual nadie sabe qué ocurrirá y en el que puedes nutrir esa música con todo tipo de mensajes es fascinante. Fíjate en lo que pasó con Nirvana.

P. Cada grupo puede ser más o menos ingenioso a la hora de justificar las razones por las que decide reunirse, pero, ¿una reunión de los Sex Pistols no era un fracaso como concepto?

R. Para ser sincero, no me importa. Los Sex Pistols son músicos y a los músicos siempre se les roba. Ellos no hicieron mucho dinero con su trabajo y buena parte de su obra quedó atrapada en juicios, así que si quieren juntarse e ir de gira, que les vaya bien. Todos los amigos músicos que conozco, sin excepción, han sido timados. Si quieren salir de gira a recuperar algo de dinero, me parece bien. Yo siempre soy comprensivo con estas reuniones. Echar en cara un grupo las opiniones que expresaron hace 25 años es ridículo. La vida cambia.

Por otro lado, fui a la primera reunión de los Pistols y tuvo un sentido emocional porque finalmente podían hacer lo que nunca se les permitió en 1977: tener éxitos, salir escena y ser una banda de rock con fans que te adoran. Su primera reunión fue emocionante. Luego se convirtió en negocio, como es normal. Pero debo decir que yo ya no fui a las siguientes reuniones. Con una tuve suficiente.

Si tuviera que decir dónde está hoy la influencia del punk en Inglaterra, diría que en todas partes y en ninguna

P. Cuando se habla del legado del punk se suele pensar sobre todo en lo musical, pero del punk se derivaron también prácticas la autogestión, la okupación, la creación de medios de información alternativos o el uso de la desobediencia como arma política. En España hay políticos hoy en activo que reconocen que el punk fue su escuela. ¿Percibe en Inglaterra la herencia punk en algunas dinámicas extramusicales?

R. Que el punk fuera un fenómeno de ámbito nacional hace que su legado haya quedado anclado en una época. Creativamente, su legado es el hazlo tu mismo y eso sí se puede ver en lo que ha ocurrido en las músicas urbanas de las dos últimas décadas. No tengo muchísima información sobre ello, pero los amigos que están metidos en el grime me dicen que es el movimiento más interesante que hay en Inglaterra. Tal vez en países como España, al no ser un fenómeno de ámbito nacional, su legado haya sido más difuso pero al mismo tiempo se haya mantenido vivo durante más tiempo. Si tuviera que decir dónde está hoy la influencia del punk en Inglaterra, diría que en todas partes y en ninguna.

Habría que comprobar si esta última afirmación tiene base o si, simplemente, el señor Savage ya no vive en 2017. Sea como sea, en el tiempo de descuento de su conferencia en el festival barcelonés, soltó la frase más sustanciosa: “Todos mis libros hablan de libertad. Pero, no libertad para consumir, sino de libertad para ser lo que quieras. Ser gay en los años 60 era muy complicado y libertad es también poder de juntarte con otra gente como tú y luchar para cambiar las cosas no solo en tu beneficio particular sino en el de mucha más gente”.

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