vuelve el teatro de la ciudad a la abadía

Shakespeare da risa

Alfredo Sanzol, con 'La ternura', y Andrés Lima, con 'Sueño', parten del Bardo para explorar la comedia, sus límites, reglas y secretos

Foto: Alfredo Sanzol y Andrés Lima vuelven con el Teatro de la Ciudad
Alfredo Sanzol y Andrés Lima vuelven con el Teatro de la Ciudad

Dice Andrés Lima que un hecho trágico se transforma en cómico con el paso del tiempo. Y cita la fórmula acuñada por Groucho Marx y que después puso Woody Allen en boca de uno de sus personajes de 'Delitos y faltas': tragedia + tiempo = comedia. Son el tiempo y el espacio los que aportan el sentido del humor. "La comedia es una postura ante la vida", añade el director. Partiendo de esta premisa, el Teatro de la Ciudad vuelve en su segunda temporada para diseccionar ese signo de inteligencia puramente humano que es el arte de hacer reír.

Si en su primera reunión analizaron la tragedia con tres magníficos montajes basados en los clásicos griegos, ahora Lima y Alfredo Sanzol (Miguel del Arco no participa en esta edición centrado en su proyecto del Pavón Teatro Kamikaze) miran a la comedia y a Shakespeare, "el maestro de maestros" porque, aunque El Bardo reine en la conciencia colectiva por Lear, Hamlet o Macbeth, Shakespeare también da risa. "Tiene algo especial, no es vano es símbolo de teatro más que cualquiera, y esa ambigüedad que hace que cuanta más comedia hay también puedes llorar y, al mismo tiempo, es capaz de, en la comedia más loca y en la trama más superficial, tocar algún punto débil que te lleva a esa reflexión", asegura Lima.

Además, añade Sanzol, "representa un punto de inflexión: recoge toda la tradición grecolatina y la popular medieval, y da forma a la comedia moderna". Partiendo de sus obras y de meses de talleres de investigación escénica, el Teatro de la Ciudad vuelve al Teatro de la Abadía con dos textos creados por Sanzol y Lima: 'La Ternura' (27 abril a 4 de junio) y 'Sueño' (del 10 de mayo al 18 de junio), respectivamente. Entre medias también estará el MadBar, una propuesta creada por Dan Jemmett en la que Jesús Carrillo se convertirá en un Puck más loco y desquiciado todavía con un bar donde servirá desde bebidas a manifiestos contrasexuales o sonetos.

"Las comedias de Shakespeare levantan más sonrisa que risa, aunque tienen una parte muy cómica", reflexiona Sanzol, para quien además el inglés cuenta con un amplio catálogo de comedias que van desde la más bufonesca hasta las refinadas, románticas o de acción. "Al final la comedia es una manera de ver las cosas, te puedes reír o no pero hay un punto de vista donde el amor a la vida es notario. Sin embargo, en la tragedia hay cierto amor por el hecho destructivo del ser humano y, por eso, son el yin y el yang de nosotros mismos. No creo que se peleen, se aman", agrega Lima.

"Metería al Congreso en un taller de clown"

Esta reflexión lleva a pareja de directores a hablar de un género tratado como de segunda respecto a la tragedia y el drama. ¿Por qué? "Pasa, sobre todo dentro de la cultura oficial. No sabemos por qué", responde Sanzol. "Porque no tenemos sentido del humor en general. ¿Tú harías a Millán Salcedo, de Martes y 13, ministro de Educación y Cultura? ¿Y a Nuria Espert? No se puede prescindir de la comedia. ¡Qué tristeza de vida! En los países absolutistas y dictatoriales lo primero que se prohíbe es la comedia y la danza, los dos géneros por excelencia de libertad", continúa Lima.

La comedia siempre ha dado miedo al poder porque no tiene sentido del humor ni sentido del ridículo

"No tiene sentido en un país como España que tiene en la cúspide de la pirámide cultural a 'El Quijote', que es un obra humorística. O La Celestina, que es una tragicomedia. La cultura española tiene sus cimientos sobre obras humorísticas, algo que habla muy bien de nuestra cultura pero muy mal de los tiempos que vivimos", agrega Sanzol. De ahí, el debate instaurado en la actualidad sobre los límites del humor, la 'censura' y las condenas y juicios a tuiteros o humoristas. "La comedia es crítica con el poder. La tragedia también, pero al poder no le gustan que se rían de él. La comedia siempre ha dado miedo al poder porque no tiene sentido del humor ni sentido del ridículo. Hacer el ridículo le aterra porque piensa que va a perder el respeto cuando, creo, alguien con sentido del humor y capacidad de perder la dignidad va a ser respetado más allá de muerto. Tierno Galván es un buen ejemplo de eso", reflexiona Lima.

"Reírse del que ejerce el poder es un acto de libertad y una liberación espiritual. Es básico", prosigue Sanzol ejemplificando las burlas de su hijo de 6 años cuando le regaña. El problema, remacha Lima, es que "el poder está intentando defenderse con la excusa de que hay que defender al ciudadano. El ciudadano sabe perfectamente defenderse solito y siempre ha tenido sentido del humor. El sentido del humor, de hecho, ha sido siempre popular. Siempre. El satirizar al poder tirándose pedos es de toda la vida y nunca ha pasado nada. No creo que haya caído un Gobierno por una viñeta jamás. Lo que hay que tener es tragaderas, sentido del humor, manga ancha y menos conservadurismo. Metería a los del Congreso en un taller de clown, que les vendría muy bien".

Entre la ternura, la muerte y la risa

Partiendo de 'La Tempestad', 'Noche de Reyes', 'Sueño de una noche de verano', 'Cuento de invierno' o 'Mucho ruido y pocas nueces', Sanzol ha creado 'La Ternura', una obra que enfrenta los tópicos de género, la sobreprotección paterna y la importancia de la expresión del amor a través de la ternura. Lo hace a través de una comedia muy de género que reúne en una isla perdida a unos leñadores que han llegado hasta allí huyendo de las mujeres y a una reina que hunde la Armada Invencible para salvar a sus hijas de los matrimonios de conveniencia y escapar de los hombres en el mismo lugar.

'La ternura', de Alfredo Sanzol
'La ternura', de Alfredo Sanzol

"Me hacía gracia imaginar cómo iban a chocar esos dos mundos, cómo se iban a enamorar unos de otros y cómo los padres iban a luchar por evitar que los hijos estuvieran juntos. Ahí empezó a aparecer el tema esencial: cómo los padres intentan proteger a los hijos del dolor, en este caso del dolor que produce el amor. Es lo realmente conmovedor de la historia". Protagonizada por Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón, 'La Ternura' adquiere tintes de esperpento, de comedia romántica y de enredo, pero a la vez parodia los prejuicios de género con un montaje y un vestuario de corte clásico.

Andrés Lima, por su parte, ha reunido en 'Sueño' la experiencia de la muerte de su padre con el hilarante y crudo episodio de los enamorados de 'Sueño de una noche de verano'. Dos caras del terremoto, los daños colaterales y la forma de llegar a la risa a través de un choque tan duro como el abandono de un ser querido. El resultado es una "comedia muy trágica" que confronta ambos géneros pero también pasado y presente; locura, imaginación y realidad; gag y dolor o verso y prosa. "Por amor podemos hacer las mayores locuras. Eso me hizo cuestionarme si por amor se debe vivir o no cuando puede acabar con nosotros. Ese componente de locura en la vida es muy necesario. En ese sentido, mi padre era un buen representante de esa casta que persiguió la belleza y el placer toda su vida y pagó por ello. No digo ni que sea bueno ni malo, es así. Él vivió su propia tragedia con mucha distancia y sentido del humor y quería reflejarlo y aprender de ello. Por eso, la comedia me sirve para intentar afrontar el miedo a la muerte", explica Lima.

Andrés Lima dirige 'Sueño'
Andrés Lima dirige 'Sueño'

Nathalie Poza, Chema Adeva, Laura Galán, Ainhoa Santamaría y María Vázquez encabezan esta comedia transgénero, en el sentido más amplio de la palabra, que parte de un hombre acercándose a la muerte con un enorme deseo de vivir. Es en esos momentos finales donde aparecen sus recuerdos, sus alucinaciones o su imaginación, porque Lima juega con esa ambigüedad entre realidad y locura —"la locura es uno de los temas que no está resuelto ni en la vida ni en la ciencia ni en el teatro", dice— y con el sentido del humor, imprescindible para "afrontar la muerte de un ser querido desde el delirio más enorme. Es algo que no tendrá una respuesta inmediata, pero sí habla de la libertad de expresión y de ver la vida con sentido del humor". Porque, agrega, "hablar de la muerte con arte, humor, amabilidad y amor, eso es para mí la comedia". Asiente Sanzol y agrega: "La comedia se vuelve frívola si pasa por alto el dolor".

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