en el teatro de la comedia

La crónica de la decadencia española ya la escribió Quevedo

Juan Echanove protagoniza 'Sueños', un retrato de la corrupción, la ignorancia y las mordazas dirigido por Gerardo Vera

Foto: Juan Echanove se mete en la piel de Quevedo en 'Sueños' (Efe)
Juan Echanove se mete en la piel de Quevedo en 'Sueños' (Efe)
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"Es un Informe Semanal del siglo XVII. Cada palabra sonará como un mazazo, como si salieran de un Telediario de hoy", asegura Gerardo Vera. "Está todo Quevedo. Está representada la Inquisición y la censura. Está su reflexión sobre los ricos y los pobres, sobre la corrupción, sobre los reyes que en vez de mandar duermen o sobre esos validos que son las polillas de España", agrega sobre el "monumento filosófico, moral y literario" que son los 'Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados', de Francisco de Quevedo.

El director lleva a escena, en una versión libre de José Luis Collado y con Juan Echanove como protagonista, este retrato de esa España barroca en decadencia en la que se reconoce perfectamente la de hoy. 'Sueños', que se estrena en el Teatro de la Comedia (del 7 de abril al 7 de mayo y gira con parada en el Festival de Teatro Clásico de Almagro), es "un tratado sobre la corrupción, sobre la indignidad moral y sobre el alma humana", resume el director.

Quevedo escribió esta obra en el momento en que el Imperio español se desmoronaba. Es una de sus obras más personales y recordadas (la empezó a escribir con 25 años, pero no estuvo lista hasta 15 años después) y es una crítica y una sátira feroz a la España de los Austrias. "Es una crónica dolorosa y lúcida de una España presa de la corrupción de las monarquías absolutas de Felipe III y Felipe IV, víctima de la ignorancia y donde la filosofía era esclavizada por la teología", resume Vera. Ahora, con otro Felipe en el trono, adquiere la misma contundencia porque, analiza, "es un viaje a un futuro donde todavía se reconoce el momento barroco. Aún en nuestro ADN hay parte de ese barroco que describe Quevedo".

Juan Echanove, Lucía Quintana y Óscar de la Fuente en 'Sueños' (Efe)
Juan Echanove, Lucía Quintana y Óscar de la Fuente en 'Sueños' (Efe)

"Soy como todos los españoles, grande en el ímpetu, paralítico en lo racional y testicular", dice ese "animal acuchillado" llamado Quevedo en la obra. "Cómo puede ser feliz quien ha visto la codicia de los jueces, el odio de los poderosos, las lenguas de los maledicientes, las malas intenciones, las venganzas, el apetito de los lujuriosos, la insoportable vanidad de los príncipes... Y donde más cabe el infierno todo sin que se pierda gota es en la hipocresía de los predicadores de las virtudes", añade.

"Me duele España"

No es la primera vez que Juan Echanove se mete en la piel del escritor del Siglo de Oro. Hace casi 40 años le interpretó en 'Inmortal Quevedo' y, más tarde, en la película 'Alatriste'. Aquí se apodera de la piel, el alma y las venas de un viejo y moribundo Quevedo, vestido de blanco, peinando canas y con la redonda montura que hizo célebre, para enfrentarse a la podredumbre del hombre y de su país. "A mí me duele España, aunque no soy quien para decirlo, pero me duele el teatro y, a través del teatro, me duele España", asegura.

Para el actor, que vuelve a reunirse con Vera tras 'Los hermanos Karamazov', dar vida a este Quevedo no ha sido algo fácil. "Aquí no se viene a racanear. Al teatro se viene a temblar", dice. Por eso, "interpretar a Quevedo me ha enseñado un nuevo dolor físico y el amor desbocado. Duele hacer a Quevedo y cada vez que termino este papel me duele hasta el pelo. El amor doliente es el mayor impulso que puede tener el ser humano". Vera lo confirma al asegurar que este es el reto más grande de sus carreras. "Estamos doloridos. Nunca nos había pasado con un espectáculo. El cuerpo lo tengo envejecido, pero el alma me ha rejuvenecido y mi pasión por el teatro es más restallante. Físicamente Quevedo me ha roto las entrañas".

Juan Echanove se convierte en Quevedo en 'Sueños' (Javier Naval)
Juan Echanove se convierte en Quevedo en 'Sueños' (Javier Naval)

Confiensan, además, Vera y Collado que convertir los cinco inabarcables, caóticos y anárquicos 'Sueños' quevedianos, sumarle parte de su vida y de su poesía junto a otros personajes y elementos teatrales era una empresa que, a priori, se planteaba imposible. "Si hace un año me dicen que iba a hacer esto, igual no estaba aquí. Ha sido un trabajo extenuante y hemos estado al borde de tirar la toalla porque es muy difícil, pero el resultado ha valido la pena", asegura Collado. Ha escrito hasta 20 versiones del texto y es una dramaturgia, apunta Vera, hecha "a las 3 de la mañana, con fiebre y muchas lágrimas al entender que los grandes poetas de este país siempre han acabado en la cárcel y jamás han tenido ayuda".

Por eso, en estos 'Sueños', en Quevedo, se funden el espacio y el tiempo sobre un escenario blanquísimo donde suenan Bach, Monteverdi o Nino Rota y aparecen el diablo, la muerte, el dinero, el desengraño o la envidia. En sus voces, el escritor desgrana ese "rosario de catástrofes por sobra de soberbias estúpidas de reyes incapaces, de aristocracia de humos sin llama, de clero inquisitorial y ciego a la caridad y el amor, de pueblo hambreado y analfabeto". Aunque aquí no solo están la crítica a la censura que Quevedo sufrió con profusión —"la pluma es la lengua del alma", afirma sobre el escenario—, a la soberbia de los gobernantes de cualquier índole o a la estupidez, sino que también están su vida, su moral y sus miserias.

Esta será la primera vez que Quevedo entre a formar parte del repertorio de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (la obra es una coproducción junto a La Llave Maestra y Traspasos Kultur). Y lo hará en un viaje que enfrenta la vena lírica y amorosa al Quevedo tullido y angustiado, testigo lúcido y avezado de la descomposición de España y del ser humano. De ahí nace esta crónica pesimista, dolida y doliente de una realidad tal que "solo se podía vegetar o vivir en carne viva". Porque, como garantiza el director, "en este momento de indignación y de indignidad moral, estos grandes maestros son nuestras guías y los que tienen que alumbrarnos. El teatro tiene que alumbrar al futuro porque está todo tan removido como en la decadencia del siglo XVII".

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