"España sufre un clasismo invisible"

Juan Magán, el músico español más internacional (y desconocido)

El superventas internacional, nacido en Badalona, pasa por uno de sus mejores momentos. Es el cabeza de cartel, junto a Dorian o Brian Cross, en el décimo aniversario del festival Ron Barceló Desalia

Foto: Juan Magán. (EFE)
Juan Magán. (EFE)

Madison Square Garden. Estadio Azteca. American Airlines Arena de Miami. Estadio Nacional de Lima. Cancha de los San Antonio Spurs. Son solo algunos de los grandes recintos donde ha actuado Juan Magán. "Me ha invitado varias veces a hacer el saque de honor en el estadio de los Miami Heat y en la Liga Nacional de Beisbol, pero no me encajaba en la agenda. Es algo que me encantaría hacer algún día", explica. Hablamos, claro, con el artista más internacional de la historia de la electrónica española. El éxito le ayuda a sobrellevar con una sonrisa el ninguneo de la prensa de su país. Es el artista más infravalorado de la música española. ¿Justificación? Vende millones, colabora con estrellas internacionales y , sobre todo, es el único español de la historia que ha inventado un género de impacto global: el electrolatino. Su pecado es haber nacido en Badalona en vez de en Berlín. Los medios le odian y pasan de sacarle.

Nadie duda de que Magán ha sido un factor clave en la actual pujanza de la música latina. Por eso resulta obligatorio preguntarle si ve un cambio de hegemonía, un momento el que no se descarta superar a los productos anglosajones. "Es complicado tumbar al imperio. Ahora por lo menos estamos a la par. Hay más y mejores profesionales en España y en América Latina, aunque algunos artistas gringos se hayan quedado con la imagen anterior. Se ha invertido mucho en educación. Ya no se desprecia la formación profesional. Cada vez hay más trabajadores capacitados en el mundo de la música, desde técnicos de luces y sonido hasta promotores. Ahora estamos en el mismo nivel", responde. Magán es el cabeza de cartel, junto a Dorian, Brian Cross o Kiido DJ, en el décimo aniversario del festival que Ron Barceló Desalia celebra en un crucero por el Mediterráneo.

Pregunta. Antes de encender la grabadora, me decías que los latinos, entre ellos muchos que vivían dispersos por los pueblitos de España, están sacando su orgullo cultural. ¿Buena noticia, no?

Respuesta. Sí, además nos están contagiando, aunque los españoles no dejamos de ser latinos. Tenemos nuestra forma de vida, nuestras expresiones al saludar. La cultura latina se está globalizando de manera cariñosa y sin prejuicios. Eso hace falta en este país.

P. ¿Hemos sufrido un complejo de inferioridad frente a lo anglosajón? ¿Nos sentíamos música de segunda división?

R. Siempre ha sido así. He tenido que lidiar con esa carga, ponerme una armadura. Primero está la música anglosajona, luego el indie cantado en español y luego ya todo lo demás, donde estoy yo. Sobrevive esa categoría a la que llaman "pachanga", que para mí remite al juego, algo gracioso, que no tiene valor cultural. Por eso no creo que la música latina sea pachanga. Es de una ignorancia grande. Y el que sabe de lo que habla y usa "pachanga" está faltando al respeto a los latinos.

No creo que la música latina sea pachanga. Es de una ignorancia grande

P. ¿Qué términos propones?

R. Música latina. Música urbana. Cualquiera de los géneros existentes: reguetón, salsa, dancehall, bachata…. Meter todo en "pachanga" es ocultar nuestra riqueza y diversidad sonora. "Pachanga" es una palabra antigua. Tengo que tratar con esos prejuicios a diario. Me consideran peor que a cualquier artista pop. En España somos de letras y no valen mis cifras de ventas. Los números no sirven para nada. Es igual que el desprecio a 'Gran hermano', que está respaldado por enormes audiencias. Luego todo el mundo dice que ve los documentales de La 2. A mí no me enganchan los 'realities' ni las tertulias del corazón, no les pillo el rollo, pero los respeto porque entretienen a millones de personas. No voy a juzgar a nadie por verlos. Hay gente que ve incompatible la palabra "arte" con hacer música latina. Si bajaran el IVA cultural, seguramente a mí me seguirían cobrando el 21 por ciento. (risas)

P. En Cataluña, donde suelen ensalzar tanto a sus artistas, a ti no te dan ninguna bola. Llenas el Palau Olímpic de Badalona y TV3 no se da por enterada, ni tampoco la mayoría de periódicos, llenos de redactores hípsters anglófilos. ¿Por qué esta excepción?

R. No me duele porque me siento ciudadano del mundo. Es fortuito que naciera en Badalona. Dicho esto, amo mis orígenes y como me educaron. Pero soy catalán como podría ser extremeño o chino. Me siento de mis padres y de mi entorno. Vengo de un barrio obrero. Me molesta que me den Grammys y nadie se haga eco. En fin, son Grammys, no cualquier premio. Me alegro de que traten tan bien a Miguel Poveda, con quien se vuelcan. Le dan medallas y a Mireia Belmonte la hacen hija predilecta de la ciudad, que está perfecto porque nada de puta madre, pero a mí no me tratan igual. Insisto en que no me molesta, estoy en otro nivel, aunque a veces te zumbe el ego.

Si bajaran el IVA cultural, seguramente a mí me seguirían cobrando el 21 por ciento

P. Mencionas tus orígenes de barrio obrero. ¿Estamos hablando de clasismo?

R. Sí. El clasismo es algo obvio en América, pero aquí funciona de manera invisible. Nos las damos de tener una gran clase media, pero no es verdad. Veo muchos conflictos en ese sentido. Me parece evidente.

P. No solo eres artista, sino productor y hombre de negocios, con tu propio sello discográfico. ¿Cómo decides dar ese paso?

R. No lo decido. Empieza de manera natural, ya que me encanta compartir. Si no compartiera no sería feliz. Eso me llevó a conocer a mucha gente y a intentar ayudarles. Siempre trato de ayudar a los nuevos talentos que se me acercan. Desde COU me ha costado mucho decidir qué quiero hacer. No me presenté a Selectividad porque no fui capaz de decidir qué carrera me interesaba de verdad. Preferí no ir a la universidad. Tampoco decidí ser discjockey. Simplemente me aburría la Playstation y jugaba a hacer música. De hecho, nunca tuve Playstation. La situación familiar me obligaba a llevar dinero a casa y preferí probar de discjockey que cargar maletas en un hotel o cajas en un supermercado.

P. ¿Inventaste el elecrolatino?

R. Inventar algo es muy difícil. Suelo poner el ejemplo de la formula de la Coca-Cola. ¿Crearon algo o mezclaron jarabe de glucosa con agua y cafeína? Esas tres cosas ya estaban allí. Yo hice algo parecido. Lo que aporté fue las proporción de ingredientes que se habían inventado ya. Conseguí la receta para llevarlo a más gente. Cuajé una mezcla suave para que pudiera entrar igual a los aficionados a la electrónica y a la música latina. Mi preocupación era dar con un sonido que no fuera pesado o cargante para nadie.

P. ¿Qué precedentes recuerdas?

R. Pienso en C&C Music Factory, Masters At Work y alguna etapa de Erick Morillo. Lo que no hicieron ellos fue contar historias, solo meter samples en castellano con palabras que gustan a los gringos, como "fiesta", "verano" y "señorita". Nunca dieron importancia al vocalista ni a la historia.

Como referentes pienso en C&C Music Factory, Masters At Work y alguna etapa de Erick Morillo

P. ¿Y artistas de aquí como Azúcar Moreno y Raúl Orellana?

R. También. Nunca fui muy fan, porque en esa época estaba más con la música electrónica pura. Dicho esto, los escucho ahora y tengo claro que ellos guardan relación con lo que yo hago, a pesar de que la tecnología es mucho mejor ahora.

P. ¿Te tienes que enfrentar a acusaciones de machismo?

R. Sí, pero no soy machista. Amo a mi madre, a mi hija y mi mujer. Sería idiota ser machista. Intento no hacer letras que no me gustaría que escuchara mi hija. Ahora es tiempo de quitarse tapujos, mira la escena trap, donde cualquier barbaridad vale. Hay canciones mías como 'Soy un Don' que no dejo escuchar a mis hijos. Sí pueden oír 'Te voy a esperar', 'Si no te quisiera' y 'Mal de amores'. Lo que no es aceptable es censurar a quienes dicen palabras explícitas pero no a quienes usan metáforas para decir lo mismo. Hay cierta desventaja de la música latina: las canciones en inglés no escandalizan porque no las entendemos, así que suenan todo el rato en la radio nacional, por muchas salvajadas que contengan.

No soy machista. Amo a mi madre, a mi hija y mi mujer. Sería idiota ser machista

P. El ejemplo clásico es 'Every Breath You Take', de The Police, que parece una apología del acoso sexual. En cambio, la mayoría de la música latina es un antídoto contra el puritanismo.

R. Sin duda. En Santo Domingo se dice que "rezamos tanto por lo que hicimos la noche anterior". Mi nuevo single, 'Rápido, brusco, violento' no habla de sexo, sino de tener pesadillas recurrentes. Puede inducir a confusión porque hablo de enamorarme para que pegue más con la pista de baile.

P. Eso nos lleva a otros debate, que es el desprestigio que conlleva escribir canciones de amor. Desde Céline Dion a Camela, pasando por OBK. Y tú estás en esa categoría.

R. ¿Quién no se ha enamorado? Yo me enamoro todos los días. De mi vida, de mi familia y de mis amigos. Albert Espinosa, que es un escritor que me apasiona y me vuelve loco, dice que no existe la felicidad, pero sí ser feliz todos los días.

P. Llevas tres temporadas en Ibiza, ¿Crees que allí los sonidos latinos pueden acabar imponiéndose?

R. Estoy seguro. He hecho dos temporadas solo y otra en Pachá con Bob Sinclair, que es muy abierto de mente. La música latina suena en parkings, piscinas y playas de la isla. La explicación es muy sencilla: nadie puede escuchar techno veinticuatro horas seguidas. Lo que estamos haciendo ahora es entrar en los clubes. Nos hemos cansado de sonar en el aparcamiento. Yo vi una oportunidad y propuse la iniciativa a Matutes en el Hard Rock Café. Escogieron muy bien el horario y tienen un equipazo tremendo, que nos ayudó mucho. Este año ya hay tres o cuatro fiestas latinas, que no acabaron de funcionar, pero seguro que el año que vienen mejoran. No me gustaría nada ser el único latino allí. La cosa está cambiando mucho. Mi fiesta gusta porque viene gente normal, poco problematica, además con mayoría de chicas. Saben que me gusta la juerga, pero no los desfases. Hay gente que en Ibiza pierde el respeto y la dignidad, pero nunca ha sido mi caso.

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