152 años de historia

Plumas, lentejuelas y 'brilli'. Vuelve la revista

Casi un cuarto de siglo después de su desaparición, un soñador empleado de banca hace renacer el género. La comedia musical vuelve al Teatro La Latina con 'Un chico de revista'

Foto: Lina Morgan en una actuación en el Teatro La Latina
Lina Morgan en una actuación en el Teatro La Latina

"El espectáculo musical dramático / sentimental / heroico / cómico, etc, lo hubiera firmado Shakespeare de haber sido suya la oportunidad. Pero lo ha firmado Lina Morgan". Como lo leen. "Cuando quiso caer el telón fue inútil: los académicos Antonio Buero Vallejo y Joaquín Calvo Sotelo se congelaron de pie aplaudiendo. Carmen Sevilla, además, lo hacía en silencio, como si rezara. Paloma San Basilio hacía otro tanto; Norma Duval, punto y aparte. Y Lina, llora que te llora, rodeada de su compañía". Feliciano Fidalgo escribía esto en noviembre de 1991 en El País. Era la crítica de la última revista musical que se ha visto en España: 'Celeste no es un color'. Se estrenó entonces en el Teatro La Latina y estuvo hasta diciembre de 1993 en cartel. Días antes, en concreto en Navidad, se emitió en TVE y congregó a nada menos que 9,5 millones de espectadores.

Estamos a principios de los noventa. Lina Morgan es toda una estrella y la revista, a pesar de estar en decadencia especialmente desde los ochenta, sigue arrastrando al público. Quién no ha cantado ese "agradecida y emocionada", ha visto una y otra vez con su abuelo 'Las Leandras' o tiene la imagen de una Norma Duval (antes de su colección de amantes) enseñando muslamen envuelta en plumas. La revista forma parte no solo de nuestro imaginario colectivo, sino del ADN patrio, y no digamos de ya del de nuestros padres y abuelos. Sin embargo, desde hace poco menos de un cuarto de siglo se borró del mapa. Fue ese frío diciembre de 1993 y ahora, 23 años después, vuelve al escenario que la despidió con 'Un chico de revista'.

El culpable es un soñador que trabaja en un banco. Suena extrañísimo, pero su oficio se unió con su pasión de niño. Empezó a estudiar música con ocho años, se convirtió en saxofonista y en el 85 se topó con el programa de televisión 'La comedia musical española'. Así se enamoró del género. "Soñé con ese mundo", reconoce. Tanto que Juan Andrés Araque Pérez hizo, durante ocho años, la primera tesis sobre el teatro musical en España y ha puesto el dinero —"mucho capital, mucho", solo se anima a decir— y escrito el libreto de 'Un chico de revista'. "Hay gente que sueña con hacerse una mansión, mi sueño es este", añade.

José Luis Iborra la dirige y la protagoniza una histórica del género como Rosa Valenty, junto Cayetano Fernández, Pepa Rus o Edu Morlans, 10 bailarines y cuatro músicos en directo. En total, 22 personas sobre el escenario, un telón de lentejuelas, plumas verdes, rojas y blancas, mucho brillo y una gran escalera sobre el escenario de La Latina para devolver todo el vigor a un género que hoy suena rancio y a pasado franquista, pero que fue más transgresor de lo que parece.

'Un chico de revista' se estrena en el Teatro La Latina (Javier Naval)
'Un chico de revista' se estrena en el Teatro La Latina (Javier Naval)

“Era más adelantado que nosotros hoy en día, pero cuando nos quisimos creer que éramos modernos fue cuando dejamos de serlo. A partir de la Transición, la revista cayó en la vulgaridad. A la revista le favoreció la censura en realidad. Jugaba con la sensualidad pero buscando la elegancia, o más bien la clase, y después se volvió más chusca. Ese fue el fallo. También la calidad de los espectáculos fue bajando y se convirtieron en sinónimo de ir ligera de ropa”, explica.

152 años de historia

El pasado 2015 la revista musical española cumplió 150 años. La primera de la que se tiene constancia es '1864-1865', de José María Gutiérrez Alba el libreto y Cristóbal Oudrid la música. Se estrenó el 30 de enero de 1865, pero no fue hasta 'La Gran Vía' cuando el género explotó. Estrenada en 1886, más conocida como zarzuela de Chueca y Valverde, era en realidad una “revista madrileña cómica-lírica-fantástica-callejera”, como apuntaron sus creadores. Su peculiaridad, lo que le dio la seña de identidad al género, era la unión de los números musicales a una estructura dramática episódica que criticaba la actualidad. De ahí su nombre: se pasaba revista a la actualidad. En este caso, al plan para construir la centenaria arteria madrileña.

El género vivió su eclosión a principio del siglo XX y fue con Celia Gámez cuando se dignificó y mutó. En los años treinta estrenó 'Las Leandras', con sus míticos 'Pichi' y 'Los Nardos'. Es en esa época cuando revoluciona la revista introduciendo a hombres en el cuerpo de baile. Hasta entonces las mujeres tenían vetada la entrada al patio de butacas, pero la argentina decidió poner 'boys' (hombres bailarines) para que las señoras también pudieran ir al teatro. No fue baladí. Fernando Fernán Gómez, Toni Leblanc, Pedro Osinaga o el mismísimo José Manuel Lara, fundador del grupo Planeta, trabajaron a su lado.

Cambió los desnudos por gasas y provocación, escogió a los mejores figurinistas, escenógrafos y modistos y en los cuarenta la revista se volvió más elegante, también por las imposiciones del régimen. Aunque la Gámez, a la que siempre le acompañará el subtítulo de poner a Franco tanto que su mujer estaba celosa de ella o de ser la amante de Millán-Astray e incluso de Alfonso XIII, era fascista, monárquica y republicana como la definió Haro Teclen en su obituario, la revista rompía ciertos moldes de la dictadura. No solo porque la mujer era protagonista (sí, las vicetiples enseñaban carne y hacían chistes picantes) sino porque ella era la dueña de su sexualidad y la que buscaba sus relaciones. Y, si pensamos en la época, no era moco de pavo.

Si antes fue un género progresista, ahora en su vuelta también lo es. Lo primero porque 'Un chico de revista' coloca por primera vez a un boy, a un vedette, como protagonista y no a una mujer. El espectáculo está ambientado en los años setenta y se centra en Rafael, un joven gitano del Sacromonte que quiere triunfar en Madrid pero se topa con Yolanda del Val, una famosa vedette venida a menos que no está dispuesta a ceder su cetro así como así. Esta historia original, creada por Araque Pérez, se sustenta a su vez en números míticos arreglados para la ocasión como 'Viva Madrid', 'Cómicas farsas amables', 'Mírame' o 'Los camareros'.

Gracia Imperio, Queta Claver, Concha Velasco o Esperanza Roy se sumaron a la revista en los sus años de esplendor. “Estuvo a la altura de los musicales de Broadway, pero no supimos reciclarnos”, afirma Araque Pérez. Así llegó la Transición y su progresiva extinción. La aparición del destape, la popularidad de la televisión, los nuevos aires políticos y de libertad y la bajada de la calidad fueron el caldo de cultivo para su adiós. “La revista desapareció por dos cosas: porque se identificaba con el pasado franquista, creo que equivocadamente porque lo que hacía era saltarse la censura, y porque las últimas se hicieron pobremente. Se quedaron en la lycra, la transparencia y la pierna. No se cuidaron. Eso ha hecho también que se vea como un género casposo y antiguo”, asegura Iborra. Y machista porque la mujer siempre enseñaba carne y se exhibía como objeto de deseo.

“No hay que olvidar que es un musical. La revista es nuestro musical”, matiza Valenty. Sin embargo, empezaron a llegar los de fuera mientras que los textos escritos aquí se convertían en “más burdos y zafios, sin historia y morcillenado”. Fue la puntilla. El desnudo servía para todo, pero ya no provocaba tanto. “Yo empecé en el 75/76, en plena Transición. Estaba allí y, de repente, los escritores empezaron a escribir lo que querían. Empezaron los desnudos, a sacar la teta por sacarla, pero todos. Yo soy una chica de la Transición y me siento orgullosísima y encantada porque eso ahora mal llamado destape fue consecuencia de una dictadura y una liberación”, agrega la vedette.

Aunque, prosigue Iborra, la clave de la desaparición fue realmente que se hicieron sucedáneos. “Si ya tenía ese olorcillo antiguo y lo que haces es barato... Lo que nosotros hemos hecho es actualizarlo como lo hubieran podido hacer entonces. Remarcar la pierna o el desnudo hoy es casposo. Está pero con la naturalidad de los tiempos. Lo que hay que remarcar hoy es lo que es la revista: la pluma, el brillo y la fantasía”.

¿Y por qué se ha tardado casi cuarto de siglo en recuperarla? “Porque nadie ha arriesgado: o reponían para un público más clásico y nicho o se hacían cosas facilonas. No ha habido atrevimiento”, responde Araque Pérez. Precisamente, 'Un chico de revista' lo que se planeta es qué hubiera pasado si no hubiera desaparecido el género. Si en esos setenta la calidad y el interés se hubieran mantenido: los hombres hubieran llegado a ser vedettes y la comedia que impregnaba los libretos se hubiera fundido con tramas más elaboradas. “En la revista entonces pellizquitos había pocos: eran de carne, pero de corazón pocos”, asegura Iborra.

“La revista es un canto a la vida y a la felicidad. Eso te lo da el colorín, mira 'La La Land', también lo es. Es un disfrute: luz, telón rojo, lentejuela, música en directo, sonreír”, añade. Y es lo que hoy necesitamos, añade la vedette. “En estos tiempos en los que pones el telediario y todo son problemas y una losa que no termina de arrancar, este tipo de espectáculos están para pasar un buen rato y dar un poco de alegría a una sociedad absolutamente gris”, zanja una pletórica Valenty que no ha parado durante toda la entrevista de ponerse de pie y cantar. 'Yo soy vedette de un teatro de revista, empecé siendo corista y como fui chica lista, aquí me ven de vedette de revista'. El tiempo dirá si las y los vedettes han vuelto para quedarse.

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