un premio ondas sin ofertas

Javier Gallego, el periodista más insólito de España

El presentador de 'Carne Cruda' publica un libro de poesía contra la indiferencia humana y la desigualdad

Foto: Javier Gallego. Foto: Arrebato Libros
Javier Gallego. Foto: Arrebato Libros

Javier Gallego (Madrid, 1975) es el periodista más insólito de nuestro panorama radiofónico. ¿O acaso conocen a otra personalidad mediática a quién hayan concedido el premio Ondas, pero que no tenga ofertas de programa propio de ningún gran grupo mediático? Apartado primero de Radio Nacional (Radio 3) y luego de la cadena SER, mantiene una feroz independencia, gracias a las aportaciones económicas de los oyentes de 'Carne Cruda'.

'El grito en el cielo'
'El grito en el cielo'

También podemos decir que es el director radiofónico más interesado en la cultura, como demuestra su pertenencia al grupo musical Forastero y su segundo poemario, ‘El grito en el cielo’ (Arrebato Libros, 2016). Las presentaciones en Madrid contaron con su voz, arropada por la guitarra de Nacho Vegas y los arrolladores visuales de Los Voluble, que ganaron prestigio por su trabajo para El Niño de Elche. Hablamos con Gallego de política, catarsis y contracultura.

PREGUNTA. ¿Cuál es su motivación para escribir poesía?

RESPUESTA. Hay una necesidad casi física de expulsar los demonios por la boca, colectivos y privados, pero también de celebrar la vida a pesar de todo, con palabras que nos enciendan y nos cautericen las heridas, porque el libro es político pero también íntimo y erótico. La poesía te obliga a afinar las preguntas más aún que el periodismo y a decir con más precisión y potencia que la prosa. En mi anterior poemario, ‘Abolición de la pena de muerte’ (2013), hablaba sólo de lo privado, en éste sentía la necesidad de contar también cómo nos estamos mutilando como sociedad, cómo el capitalismo nos ha transformado en la células de un cáncer que crecen sin parar hasta aniquilarnos a nosotros y al planeta.

El capitalismo nos ha transformado en la células de un cáncer que crecen sin parar hasta aniquilajavascript:void(0)rnos a nosotros y al planeta

P. Durante los años noventa, lo que suelo llamar el periodo indie/hipster, en ambientes contraculturales la ironía se impuso a la denuncia social como modo de desafiar al sistema. ¿Cree que fue un error? ¿Es este libro, lleno de poesía comprometida, una forma de reaccionar contra eso?

R. No es una reacción contra el pasado sino contra el presente, aunque tendríamos que haber reaccionado entonces para que el hundimiento de hoy no nos pillara tan desprevenidos. Es fácil decirlo ahora, lo difícil es estar alerta cuando las cosas van bien. Pero más que hablar de error, me interesa aprender la lección de no dejarnos llevar como si fuéramos niños en un carrito, porque eso conviene a las élites y nos perjudica al resto. Tengo un poema que habla de eso, que dice “nosotros que no tuvimos hambre ni sed de justicia hasta que tuvimos que saciar el hígado de un inversor”. También creo que la inquietud de la contracultura de los noventa nos dio un inconformismo que se ha transformado ahora en compromiso político. No sólo la denuncia social, también puede haber subversión en la heterodoxia. El libro sí es una reacción contra quien mantiene hoy esa distancia irónica con el presente sin mojarse ni los dedos de los pies.

P. El recital audiovisual que presentó en el Teatro del Barrio, ¿es una manera de decir que la poesía ha de adaptarse a los nuevos tiempos? ¿En qué sentido?

R. Conste que también me puede emocionar una lectura poética a pelo porque la voz y la palabra dicen por sí solas, pero estoy a favor de sacar a la poesía de los cenáculos en los que a ratos dormita cómodamente y creo que podemos acercarla al público a través de los teatros o salas de conciertos, con lenguajes propios de nuestro tiempo en los que se mezclan el vídeo, la música en directo o la interpretación. Soy músico, estoy influido por la cultura del rock y me interesa insuflarle ese espíritu a la poesía, si el poema se presta a ello y si prevalece la palabra. Muchos ya lo hacen, aunque siempre hay guardianes de las esencias a los que les parece rebajarse y bajar de sus lánguidas torres de marfil. No creo que sea incompatible entrar en la poesía a través de un espectáculo que te sacuda y después tener una experiencia también perturbadora, leyendo en soledad y silencio.

No es incompatible entrar en la poesía con un espectáculo que te sacuda y después tener una experiencia también perturbadora, leyendo en soledad

P. Supongo que empezó a meterse en poesía con cosas tipo los beats y Bukowski para acabar más interesado en el discurso de autores como Celaya, Zurita, Auden e Isaac Rosa. ¿Cómo fue el proceso?

R. Qué va, ni los beats ni Bukowski han sido ni son una influencia principal, excepto el larguísimo poema que abre y da título al libro que es un homenaje explícito al “Aullido” de Allen Ginsberg, de quien me interesa sobre todo la alucinación y el automatismo. Me enganché con poetas más metafísicos como Valente, Celan o T. S. Eliot, y con las vanguardias, los surrealistas, los simbolistas, Apollinaire, e.e. cummings, Huidobro, Westphalen, el Lorca de ‘Poeta en Nueva York’ o ‘El Público’, Octavio Paz, Ted Hughes, Auden, hasta llegar a César Vallejo y Zurita en los que lo experimental se une a lo político y social, o Idea Vilariño y Silvia Plath que tienen esa crudeza de lo esencial. De Celaya, Miguel Hernández o Gloria Fuertes me interesa cómo cultivaron su compromiso ético sin perder el estético.

Javier Gallego, el periodista más insólito de España

P. ¿Qué fue lo más complicado de hacer este poemario?

R. Lo más difícil fue encontrar el lenguaje para escribir un aullido político que fuera poesía y no un panfleto, que fuera actual pero no anecdótico, que hablara del presente pero lo trascendiera. Entonces me vino a ver la poesía de Raúl Zurita, el gigantesco poeta chileno que ha poetizado el horror de la dictadura en Chile y a quien le dedico mis versos porque me dio las palabras y el tono que necesitaba. El mayor regalo de escribir este libro es que él lo haya leído y me haya enviado una efusiva felicitación.

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